El negocio de la venta de entradas y ‘hospitality’ se multiplicará por seis en comparación con el del ciclo que culminó Qatar 2022
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“La demanda de entradas no ha tenido precedentes, y no por un poco, sino que se ha multiplicado por 10 o más”, aseguraba Gianni Infantino en la rueda de prensa previa al arranque del Mundial 2026. El presidente de la FIFA era muy consciente de que llevar el mayor evento deportivo del mundo a Estados Unidos era la mejor oportunidad para impulsar el negocio de ticketing y hospitality. Por eso el organismo presupuestó en 2023, al inicio del ciclo mundialista, que la venta de entradas superaría por primera vez a los patrocinios como segunda fuente de ingresos.
Por esta vía, la FIFA aspira a facturar 3.097 millones de dólares (2.676 millones de euros), cifra récord y seis veces mayor que en el ciclo anterior. O lo que es lo mismo, la venta de entradas y la oferta de productos prémium supondrá el 28% de los 11.000 millones de dólares de ingresos presupuestados por la FIFA para este ciclo mundialista, al que también hay que sumarle la existencia de un nuevo torneo, el Mundial de Clubes.
El salto responde no solo a la celebración del primer Mundial con 48 selecciones y 104 partidos, 40 más que en el anterior modelo, sino también a una estrategia mucho más agresiva en la política de precios y venta de entradas. Solo hasta enero, la FIFA ya había recibido 500 millones de solicitudes de entradas para un torneo que ha puesto a la venta hasta 7 millones de localidades. Ya se han vendido más de 6 millones de tíquets, superando ampliamente el anterior récord histórico de 3,5 millones registrado también en Estados Unidos en el Mundial de 1994.
De este modo, más de 6 millones de personas asistirán a los estadios de Estados Unidos, México y Canadá, el doble que en Qatar 2022, lo que garantiza un aforo medio de 68.000 espectadores por encuentro. La disponibilidad de una red de grandes recintos, la mayoría de la NFL, permite juntar grandes aforos en casi todas las sedes. La capacidad de los estadios oscila entre los 45.000 espectadores del BMO Field de Toronto (Canadá) y los 94.000 espectadores del AT&T Stadium de Dallas. El MetLife Stadium de Nueva Jersey, en el que se disputará la final, acoge a unas 82.500 personas.
De las entradas populares a un encarecimiento sin precedentes
Eso sí, obtener entradas para un Mundial nunca había sido tan complicado. Aunque el organismo sacó al mercado algunos paquetes populares de entradas desde 60 dólares, estos solo representaban el 1,9% de todas las entradas disponibles. Además, la evolución de la demanda y una oferta basada en precios dinámicos han disparado los importes hasta niveles inéditos. A ojos de FIFA, una adaptación de su modelo a las dinámicas y las políticas comerciales del ticketing en Estados Unidos.
Las entradas para los partidos de España presentan un precio medio de 1.184 euros en el mercado secundario, según datos de SeatPick, mientras que las localidades para la final ya superan hasta los 10.000 dólares. Algunos paquetes premium de dos entradas se han vendido por hasta 27.882 euros, una cifra que contrasta con los 1.604 dólares que costaba la entrada más cara para la final en Qatar 2022.
Entre las nueve selecciones más seguidas de la Copa del Mundo, la Roja es la tercera con un precio medio más bajo, lejos de los 3.545 euros de media que cuesta ver los partidos de la selección mexicana. Ahora bien, la entrada más cara de la fase de grupos se ha vendido por 17.199 euros para el partido de la jornada 3 que enfrentará a España con Uruguay.
El incremento de precios no ha estado exento de polémica. Las fiscalías de Nueva York, Nueva Jersey y Texas han abierto una investigación a la FIFA tras las quejas de aficionados que aseguran haber recibido entradas de categorías inferiores a las adquiridas inicialmente. También se ha cuestionado la estrategia de comercialización empleada durante los distintos periodos de venta, con la retirada temporal de determinados lotes para generar sensación de escasez y empujar a los aficionados hacia opciones más caras.
Al respecto, Infantino se defendió el pasado miércoles asegurando que “si las entradas hubiesen sido más baratas, había riesgo de que fuesen vendidas en el mercado negro… Si hemos hecho algo incorrecto, entonces probablemente todos los que venden entradas en Norteamérica lo hacen incorrectamente también”.
Por otro lado, tal y como sucedió en el Mundial de clubes, el encarecimiento del precio de las entradas está provocando distorsiones en la reventa, de tal manera que algunas se están revendiendo por menos de la mitad de su valor inicial. Para el torneo de clubes, la propia FIFA se vio obligada a rebajar hasta un 84% el precio de las entradas para el partido inaugural.
El hospitality, la gran mina de oro
Si los ingresos por taquilla se han multiplicado gracias a contar con estadios de mayor capacidad, el auténtico salto llega de la mano del negocio VIP. Por primera vez, la FIFA ha apostado por una gestión más directa de su oferta de hospitality junto a On Location, compañía especializada en experiencias premium y propiedad de TKO Group.
De nuevo, la elección de sedes juega a su favor, ya que la red de estadios en la que se está disputando el torneo concentra la mayor y más completa oferta de hospitality premium con experiencia más que contrastada en la NFL. De las 16 sedes del campeonato, 11 están en Estados Unidos, tres en México y dos en Canadá. Se trata de un inventario de activos que incluye algunos de los mejores recintos deportivos del mundo y de los más preparados con una oferta prémium. El diseño de estos grandes recintos permite ofrecer un inventario de suites, palcos y espacios VIP sin parangón en el fútbol.
De los cerca de siete millones de entradas disponibles, alrededor de un millón se destinaron al hospitality. On Location confirmó meses antes de que echase a andar la cita mundialista la venta de más de 500.000 accesos premium, más del doble que en cualquier otra edición. Para explotar todo el potencial de hospitalidad y experiencias disponible en los estadios, la FIFA ha ampliado el catálogo de experiencias respecto a Mundiales anteriores.
La red de estadios del Mundial concentra la mayor y más completa oferta de hospitality premium con experiencia más que contrastada en la NFL
Desde opciones más accesibles como el FIFA Pavilion, hasta experiencias de máxima exclusividad como el Pitchside Lounge o los Suite Essentials, la oferta combina asientos premium, restauración de alto nivel, acceso preferente, experiencias inmersivas y servicios personalizados.
Los aficionados pueden adquirir hospitalidad para un único partido, paquetes de dos, cuatro u ocho encuentros, seguir a una selección concreta durante la fase inicial del torneo (fase de grupos y dieciseisavos) o acceder a todos los encuentros disputados en una determinada sede (entre 4 y 9 partidos). Esta segmentación permite maximizar el rendimiento por asiento y elevar significativamente el gasto medio por cliente.
Los paquetes de experiencias han sido adquiridos por empresas y por particulares de más de 125 países. Además, a diferencia de otros Mundiales, más de la mitad de estos productos han sido adquiridos directamente por los aficionados, mientras que el resto corresponde a experiencias corporativas.
El nivel Platinum Access de On Location también permite a los invitados contar con excursiones locales y transporte privado. Junto a ello, como aerolínea oficial de la FIFA, Qatar Airways ha lanzado paquetes de viaje para el Mundial que garantizan vuelos domésticos, traslados entre ciudades, alojamiento en hoteles de cuatro y cinco estrellas, traslados entre aeropuertos y estadios, y entradas para los partidos.
Un impacto global de 41.000 millones
Con todo, la capacidad de monetización del Mundial 2026 tendrá un impacto más que reseñable en la economía global. Si bien la Copa del Mundo se disputará en Norteamérica, que concentrará la mayor parte del impacto económico, también generará negocio más allá de las fronteras de los países organizadores. Según las estimaciones de Bank of America, el Mundial 2026 generará un impacto económico global de 41.000 millones de dólares y contribuirá a crear más de 824.000 puestos de trabajo a tiempo completo en todo el mundo.
Evidentemente, Estados Unidos concentrará buena parte de esta actividad. El país, que albergará la mayoría de partidos, incluidas las rondas finales, percibirá una aportación de alrededor de 17.200 millones de dólares a su PIB y generará unos 185.000 empleos vinculados directa o indirectamente al campeonato.
Estados Unidos percibirá una aportación de alrededor de 17.200 millones de dólares a su PIB y generará unos 185.000 empleos
La dimensión geográfica del torneo también influirá sobremanera en el gasto de los aficionados. En hospedajes, solo entre los usuarios de Airbnb, se generará un gasto de 3.600 millones de dólares (3.102 millones de euros). Es una cifra que engloba el gasto en estancia, pero también en desplazamiento y derivados.
Si bien en algunas ciudades han empezado a saltar las señales de alarma por estar lejos de las expectativas iniciales. Según Reuters, muchos hoteles han reportado menos presencia de fans internacionales, frenados por los precios de las entradas y las dificultades para acceder al país para los ciudadanos de determinados países. Además, el interés de los viajeros nacionales, en un país en el que el fútbol es secundario, es insuficiente para compensar esta caída.
Para los aficionados que sí acuden a la cita mundialista, ciudades como Kansas City o Dallas aparecen entre los destinos más asequibles, mientras que Nueva York, Los Ángeles o Miami figuran entre las plazas más costosas, según Live Football Tickets. Por ponerlo en contexto, el precio medio por noche de un hotel en Kansas City es de 182 dólares, mientras que en Nueva York alcanza los 472 dólares.
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