La Tribuna
La brecha entre la Economía y la PolíticaPuede ser recomendable mantener cierto escepticismo inicial respecto a aquellas personas, economistas o no, que predican recetas económicas sin recurrir a sólidos postes de apoyo
Regala esta noticia Añádenos en GoogleJosé M. Domínguez Martínez
Catedrático de Hacienda Pública de la Universidad de Málaga
28/06/2026 a las 02:00h.Recientemente, el prestigioso economista estadounidense Alan S. Blinder nos plantea una interesante hipotética situación: la aprobación de una posible reducción fiscal daría lugar a ganancias ... de 1 millón de euros para cada una de las 10 personas que podrían acogerse; la medida tendría un coste total de 20 millones de euros, que sería soportado por 20 millones de personas, a razón de 1 euro cada una de ellas.
Sin embargo, desde la óptica política pueden abrirse otras posibilidades, teniendo en cuenta que, en el ejemplo, aunque altamente simplificado y con una buena dosis de exageración, se da una asimetría bastante frecuente en la realidad, que llega a tener una notable importancia respecto a algunas actuaciones públicas: la disparidad entre la concentración de los beneficios y la dispersión de los costes. Los beneficios de la medida están concentrados en muy pocas personas, que perciben un gran impacto, lo que les puede inducir a una apreciable movilización.
La eficiencia y la equidad son dos aspectos esenciales que deben tenerse presentes ante cualquier decisión económica
En cambio, el coste por persona está muy diluido, apenas se nota su incidencia, por lo que las personas afectadas, en caso de que tengan constancia, no tendrán un gran incentivo para manifestar su oposición. Se abre así una oportunidad en términos de comportamiento estratégico. Los agraciados con la disposición serán proclives a estar agradecidos a quienes la saquen adelante, que, por lo apuntado, no asumirían ningún desgaste. En palabras de Blinder, los políticos que se rigen por principios éticos se resistirían a ese tipo de transacciones.
Las diferencias entre los dos enfoques pueden surgir en numerosas áreas. No ayudaría mucho, en su opinión, que los políticos tuvieran una mejor comprensión del análisis económico, toda vez que ambos colectivos responden a lógicas diferentes que, a menudo, apuntan a direcciones opuestas. ¿Resulta posible al menos recortar el desfase entre los dos mundos? Blinder considera que es factible, siempre que unos y otros adopten algunos cambios.
Las discrepancias, en gran parte, provienen de los diferentes horizontes temporales. El del político suele estar marcado por la duración de los mandatos electorales, cuando no por la inmediatez de los sondeos de opinión. Esa limitación temporal puede originar que no se ponderen adecuadamente las consecuencias que se dan más allá de ese arco temporal. Por el contrario, los economistas muestran una tendencia a centrarse en situaciones de equilibrio que se retrasan mucho en el tiempo, lo que hace ignorar o relativizar los problemas que surgen en la fase de transición. Una mejora en la toma de decisiones pasaría por la búsqueda de una posición intermedia que permitiera calibrar mejor los pros y los contras de las acciones objeto de evaluación.
Por otro lado, otra recomendación de Blinder es que los economistas presten más atención a la vertiente de la equidad y algo menos a la de eficiencia, en tanto que los políticos deberían obrar en sentido inverso. No puede decirse que esa directriz constituya un planteamiento demasiado novedoso. La eficiencia y la equidad son dos aspectos esenciales que deben tenerse presentes ante cualquier decisión económica. Dado que, en numerosas ocasiones, se da una relación conflictiva entre ambas, es preciso encontrar un equilibrio razonable, después de sopesar si merece la pena sacrificar algo de eficiencia para lograr mayor equidad, o a la inversa. Es fundamental separar analíticamente ambos planos y buscar instrumentos diferenciados para abordar cada uno de ellos. Recurrir a un solo instrumento para alcanzar objetivos distintos puede llevar a no lograr ninguno.
Hace algunos años, el propio Blinder difundió la teoría de la farola de la política económica, según la cual «los políticos usan la economía del mismo modo que un borracho se apoya en una farola, para sostenerse, no para iluminarse». No obstante, cabría preguntarse qué podría mejorarse en las farolas económicas a fin de reforzar su utilidad para todos los transeúntes, economistas y políticos, con independencia de su estado anímico, y tanto de noche como de día. Lo primero, sin duda, sería garantizar que la farola fuese firme y no se tambaleara con el primer contacto. Asimismo, puede ser recomendable mantener cierto escepticismo inicial respecto a aquellas personas, economistas o no, que predican recetas económicas sin recurrir a sólidos postes de apoyo.
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