El demócrata californiano Eric Swalwell en una comisión del Congreso. REUTERS/Annabelle Gordon
EEUU La caída de Eric Swalwell, gran esperanza de los demócratas en EEUU: de azote de Trump a investigado por violaciónHasta cinco mujeres acusan al congresista, favorito a suceder a Gavin Newsom como gobernador de California, de abusos y agresiones sexuales.
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Itziar Nodal Corresponsal en EEUU Publicada 16 abril 2026 02:45h Las clavesLas claves Generado con IA
Eric Swalwell ha sido durante años una de las apuestas más visibles del Partido Demócrata para encarnar el relevo generacional en Washington. Joven, agresivo en el debate público y omnipresente en televisión, construyó una carrera política que dependía menos de su peso legislativo que de su capacidad para ocupar espacio mediático.
Su figura creció en paralelo al ascenso de Donald Trump, hasta convertirse en uno de sus críticos más constantes y reconocibles. Ese recorrido lo había situado a las puertas de su salto más importante: el Gobierno de California, primer paso hacia una carrera política de mayor alcance. Todo se ha detenido en cuestión de días.
Las acusaciones de agresión sexual, ya bajo investigación, han frenado en seco su campaña y han convertido lo que era un activo mediático en un problema para su propio partido. Su caída no ha sido solo personal. Ha puesto en cuestión el tipo de político que representaba.
Un ascenso acelerado
Swalwell no ha seguido el recorrido clásico dentro del Partido Demócrata. Nació en Iowa pero creció en Dublin, una ciudad del área de la bahía de San Francisco que durante años ha funcionado como punto intermedio entre el progresismo californiano y el votante moderado de clase media. Su padre era policía y su madre tenía un pequeño negocio.
Dentro de CPAC, la gran cumbre ultraconservadora que rompe con Trump: "La ideología 'Make America Great Again' se muere"Él convirtió ese origen en una pieza central de su relato: el del demócrata criado en una cultura conservadora, con un pie en la seguridad pública y otro en la movilidad social. Antes de entrar en política nacional trabajó como fiscal del condado de Alameda, donde llevó casos penales y dirigió la unidad de delitos de odio, una credencial poco habitual en parte de su partido.
Su salto político fue tan rápido como calculado. En 2010 entró en el ayuntamiento de Dublin y dos años después derrotó en primarias a Pete Stark, un histórico congresista demócrata del Este de la Bahía que llevaba décadas en Washington. Aquella victoria no fue solo una sorpresa generacional; fue también una señal de método.
Swalwell no esperó a heredar un espacio dentro del partido, sino que forzó el relevo. Con poco más de 30 años llegó al Congreso como uno de esos perfiles que Washington mira con mezcla de curiosidad y recelo: demasiado joven y ambicioso como para pasar desapercibido.
Su entrada en el Comité de Inteligencia —uno de los más sensibles de la Cámara— le permitió acceder a cuestiones de Seguridad Nacional y supervisión de la CIA en un momento en que ese ámbito empezaba a ocupar el centro del debate político.
Aquella posición no lo convirtió en un legislador de peso clásico, pero sí le dio algo más útil en la era mediática: credenciales para intervenir en los grandes temas —Rusia, espionaje, amenazas a la democracia— con apariencia de insider.
Cuando la presidencia de Trump colocó esos asuntos en primer plano, Swalwell ya estaba bien situado. A partir de ahí, su carrera empezó a depender tanto de lo que hacía dentro del Congreso como de su capacidad para proyectarlo fuera.
Efecto Trump, visibilidad y confrontación
La primera presidencia de Donald Trump transformó por completo su trayectoria. Hasta entonces era un congresista joven con proyección en seguridad nacional. A partir de 2017 encontró el contexto que convertía ese perfil en algo mucho más valioso.
Desde el Comité de Inteligencia participó en las investigaciones sobre la injerencia rusa en las elecciones presidenciales. No fue el principal responsable, pero sí uno de los más visibles en su defensa pública. Supo ocupar un espacio clave: traducir un conflicto complejo en mensajes claros y reconocibles en televisión.
Eric Swalwell interviene en la Convención del Partido Demócrata en EEUU. REUTERS/Manuel Orbegozo
Su presencia mediática creció en paralelo a la polarización del país. Se convirtió en un habitual en cadenas nacionales y reforzó una identidad política basada en la confrontación directa con Trump. Ese papel se consolidó durante los dos procesos de impeachment, especialmente en el segundo, tras el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021.
Fue designado entonces como uno de los ponentes del juicio político en el Senado. Aquella elección respondía menos a su peso interno que a su capacidad comunicativa y lo situó definitivamente en primera línea.
En paralelo, trató de construir una base más estructurada dentro del Congreso. Fundó el Future Forum, centrado en cuestiones generacionales, y participó en iniciativas legislativas en tecnología, seguridad o sanidad. Pero ese trabajo nunca compensó del todo su dependencia de la exposición pública.
A esa visibilidad se sumaron episodios que reforzaban su vulnerabilidad, como su contacto pasado con Christine Fang, identificada por los servicios de inteligencia como operativa vinculada a China. No hubo consecuencias legales, pero sí desgaste político.
Su intento de dar el salto nacional en 2019 confirmó sus límites. Lanzó su candidatura presidencial, pero no logró consolidar una base electoral y se retiró en pocos meses. El episodio no frenó su presencia pública, pero sí dejó claro que la notoriedad no se traducía automáticamente en poder político.
Acusaciones, investigación y colapso político
Su candidatura para California buscaba corregir esa trayectoria. Este año había dado el paso para intentar el salto a la política ejecutiva en uno de los estados más influyentes del país.
El contexto lo favorecía: el actual gobernador, Gavin Newsom, no puede volver a presentarse por límite de mandatos, lo que ha abierto una carrera sin heredero claro dentro del Partido Demócrata.
En ese escenario, su nombre se había situado entre los candidatos con mayor reconocimiento público. Pero también quedaba expuesta su principal limitación: un perfil demasiado ligado a la confrontación nacional en un proceso que exigía algo distinto.
El punto de inflexión ha llegado este mes. Una excolaboradora lo ha acusado de agresión sexual en hechos que, según su relato, ocurrieron mientras trabajaba en su oficina. A esa denuncia se han sumado otras cuatro acusaciones de comportamiento inapropiado.
La quinta mujer que lo acusa, Lonna Drewes, comparecía junto a sus abogados para acusar a Swalwell de violación. La mujer asegura que el político introdujo un narcótico en su copa de vino durante un evento en 2018, la condujo a su habitación de hotel y abusó sexualmente de ella.
Lonna Drewes acusa a Eric Swalwell de abusos. REUTERS/Jill Connelly
El caso ha escalado rápidamente. La fiscalía de Manhattan ha abierto una investigación penal, mientras que el Comité de Ética de la Cámara ha iniciado un expediente sobre su conducta.
La reacción política ha sido inmediata. Swalwell ha suspendido su campaña y ha reconocido errores de comportamiento, aunque ha negado las acusaciones más graves. La presión ha llegado desde ambos partidos y la posibilidad de una votación de expulsión ha dejado de ser remota.
En cuestión de días, su margen político ha desaparecido. Ha anunciado que dejará su escaño, cerrando de facto su etapa en Washington.
Gonzales, el hombre de Trump en Texas que todos repudian: su asistente se quemó viva después de recibir sus SMS obscenosLa secuencia ha sido tan rápida como elocuente: en cuestión de días ha pasado de aspirar a gobernar California a quedar fuera de la política institucional.
Su caída no se explica solo por las acusaciones. Tiene que ver con una trayectoria construida más sobre la exposición que sobre una base política sólida, con poco margen de resistencia cuando ese equilibrio se rompe.
El episodio llega, además, en un momento favorable para los demócratas, volcados en capitalizar el desgaste de Trump en pleno ciclo electoral. Y deja una incomodidad evidente: incluso en ese contexto, uno de sus perfiles más visibles puede convertirse en un problema en cuestión de minutos.