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La caída de Graham Platner, el candidato al que los demócratas le perdonaron un tatuaje nazi y denuncias de malos tratos

La caída de Graham Platner, el candidato al que los demócratas le perdonaron un tatuaje nazi y denuncias de malos tratos
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Sólo una acusación de violación rompió el pacto, pero la reacción demócrata llega demasiado tarde: ya había ganado las primarias. Más información: La 'resurrección' de Hunter, el hijo de Joe Biden: de las drogas y los escándalos a convertirse en el nuevo ídolo político en redes

Graham Platner durante un acto de campaña celebrado en Portland, Maine. Brian Snyder Reuters

EEUU La caída de Graham Platner, el candidato al que los demócratas le perdonaron un tatuaje nazi y denuncias de malos tratos

Sólo una acusación de violación rompió el pacto, pero la reacción demócrata llega demasiado tarde: ya había ganado las primarias.

Más información:La 'resurrección' de Hunter, el hijo de Joe Biden: de las drogas y los escándalos a convertirse en el nuevo ídolo político en redes

Denver Publicada 14 julio 2026 02:15h Las claves

Las claves Generado con IA

A Graham Platner los demócratas le han perdonado casi todo. Los mensajes misóginos y homófobos, el tatuaje asociado a las SS, las infidelidades y las acusaciones de malos tratos que él niega reiteradamente.

Durante diez meses, cada escándalo ha formado parte de una misma historia de redención: la del veterano marcado por la guerra que se ha reconstruido para recuperar a los hombres que Donald Trump le ha arrebatado a la izquierda.

Sólo una acusación de violación —que rechaza tajantemente— ha roto el pacto. Pero la reacción llega demasiado tarde. Platner ya había ganado las primarias.

Su caída deja ahora al partido sin candidato y con una amenaza: entregar a los republicanos uno de los escaños decisivos para determinar cuánto poder conservará Trump durante los dos últimos años de su mandato.

La transformación de Graham Platner empieza con un vídeo. En agosto de 2025, un completo desconocido aparece entre barcos, herramientas y montones de leña para anunciar que quiere representar a Maine en el Senado.

No vende experiencia política ni una larga carrera institucional. Vende exactamente lo contrario. La imagen de un hombre ajeno a Washington que habla con voz grave, evita el lenguaje habitual del partido y dirige su ataque contra "la oligarquía", los multimillonarios que compran el sistema y los políticos que se dejan comprar.

Platner reúne los ingredientes de un personaje difícil de fabricar en un despacho. Tiene 41 años, ha combatido en Irak y Afganistán, cultiva ostras, trabaja en el puerto de Sullivan y posee armas.

Su estética resulta reconocible para una parte del electorado de Trump, pero su programa procede de la izquierda económica de Bernie Sanders: sanidad pública, sindicatos, impuestos a las grandes fortunas y defensa de unas comunidades rurales abandonadas por Washington.

My name is Graham Platner and I’m running for US Senate to defeat Susan Collins and topple the oligarchy that’s destroying our country.

I’m a veteran, oysterman, and working class Mainer who’s seen this state become unlivable for working people. And that makes me deeply angry. pic.twitter.com/QZfAm528N1

— Graham Platner for Senate (@grahamformaine) August 19, 2025

La operación funciona casi de inmediato. En nueve días recauda un millón de dólares y reúne a más de 2.700 voluntarios. Sanders tarda apenas un día más en respaldarlo.

Sus vídeos circulan por las redes, los recintos de sus actos empiezan a quedarse pequeños y un aspirante sin experiencia institucional se convierte en la gran esperanza progresista para derrotar a Susan Collins, la republicana que ocupa el escaño de Maine desde 1997.

Su candidatura ofrece a los demócratas algo más que una posibilidad de victoria. Platner parece demostrar que pueden apropiarse del lenguaje, la estética y la masculinidad política que han impulsado al trumpismo y dirigir esa indignación contra las grandes fortunas y la desigualdad.

Su falta de pulido deja de parecer una carencia y empieza a presentarse como la prueba de que no pertenece al sistema.

La dirección del partido apuesta inicialmente por Janet Mills, gobernadora de Maine y una opción mucho más experimentada y previsible. Pero Mills no consigue entusiasmar a los votantes, se queda sin dinero y abandona la carrera en abril.

Platner, mientras tanto, llena teatros, multiplica las pequeñas donaciones y transforma su condición de intruso en una demostración de fuerza.

El candidato demócrata al Senado, Graham Platner. X

Cuando gana con holgura las primarias del 9 de junio, ya no es solo un candidato: es el experimento con el que la izquierda cree haber encontrado la manera de disputar al trumpismo sus símbolos y su lenguaje. El problema es que el fenómeno crece más rápido que el escrutinio sobre el hombre que lo protagoniza.

¿Una historia de redención?

El pasado de Platner emerge casi al mismo ritmo que crece su candidatura. Primero aparecen antiguas publicaciones en Reddit en las que utiliza insultos homófobos, desprecia a policías y habitantes de zonas rurales, defiende la violencia política y resta importancia a las agresiones sexuales dentro del Ejército.

Pide disculpas y sitúa aquellos mensajes en una etapa marcada por el estrés postraumático, la depresión y el alcohol tras regresar de la guerra. La explicación establece el modelo que seguirá durante la campaña: no hay que juzgar al Platner de entonces, sino al hombre que asegura haberse reconstruido.

Su pasado militar sirve para justificar sus palabras más brutales y, al mismo tiempo, reforzar la imagen de alguien que ha conocido la violencia, ha tocado fondo y entiende a quienes viven enfadados o fuera del sistema.

Senator Elizabeth Warren (@SenWarren): Graham Platner "is a man who not only has the values, but a man who believes in accountability."

Graham Platner (@grahamformaine): Proudly wore a Nazi SS Totenkopf tattoo for *two decades*, and clearly has lied about the tattoo since it was… pic.twitter.com/5vWG33xTK7

— Adam Mossoff (@AdamMossoff) May 18, 2026

Después aparece el tatuaje. Durante casi veinte años, ha llevado en el pecho una calavera con tibias cruzadas similar al Totenkopf, el emblema empleado por las SS nazis.

Platner sostiene que se lo hizo borracho en Croacia cuando era marine y que desconocía su significado. Se apresura a cubrirlo, niega cualquier simpatía nazi y rechaza abandonar la carrera. Más tarde, una antigua pareja aseguró que él mismo bromeaba llamándolo "mi Totenkopf". Él insiste en que nunca supo qué representaba.

Tampoco esto hunde su candidatura.

La estrategia resiste incluso cuando las revelaciones entran en su vida privada. Poco antes de las primarias se descubre que intercambió mensajes sexualmente explícitos con varias mujeres después de casarse. Su esposa, Amy Gertner, acusa de traición a la antigua colaboradora que los hizo públicos y defiende que se trata de un asunto que la pareja ya ha superado.

Días después, la gravedad de las revelaciones aumenta. Lyndsey Fifield, que mantuvo una relación con Platner entre 2013 y 2015, lo acusa de haber ejercido violencia física contra ella de manera reiterada.

Afirma que durante sus discusiones la agarraba con tanta fuerza que le dejaba marcas, que en una ocasión la sacó de un taxi tirándole de la muñeca y que, en otra, le retorció un brazo, la empujó hasta un dormitorio y bloqueó la puerta para impedirle salir.

Platner niega haberla maltratado y atribuye el testimonio a una maniobra política. Fifield rechaza tajantemente esa explicación.

Ni siquiera entonces se rompe la coalición.

Bernie Sanders, principal referente de la izquierda estadounidense y gran padrino político de Platner, continúa respaldándolo. También mantienen su apoyo Elizabeth Warren, una de las voces más influyentes del ala progresista; Ruben Gallego, senador por Arizona, y Ro Khanna, congresista por California y aliado habitual de Sanders.

Elizabeth Warren y Bernie Sanders durante el debate. Reuters

Este último califica el comportamiento denunciado de "equivocado y tóxico", pero sostiene que Platner ha intentado redimirse. Sus defensores ya no necesitan negar cada revelación: les basta con considerar que ninguna pesa tanto como la posibilidad de derrotar a Susan Collins y recuperar el Senado.

Los demócratas, sin candidato

La línea roja llega el 6 de julio. Jenny Racicot, otra antigua pareja de Platner, lo acusa de haber entrado borracho en su casa en 2021 y de obligarla a mantener relaciones sexuales después de que ella le pidiera que parase.

Platner asegura que el relato es "categóricamente falso". Poco después, otra mujer afirma que retiró el preservativo durante una relación sexual sin avisarla ni obtener su consentimiento. Él también lo niega.

En cuestión de horas se derrumba la coalición que había resistido los mensajes misóginos, el tatuaje asociado a las SS, las infidelidades y las denuncias de violencia física.

Bernie Sanders le pide que abandone. También le retiran su apoyo varias figuras progresistas que habían defendido su capacidad para cambiar. Chuck Schumer, líder demócrata en el Senado, deja claro que el partido no respaldará su candidatura.

Platner anuncia su retirada en un vídeo de once minutos. No admite los hechos ni pide perdón. Insiste en que las acusaciones son falsas y acusa a los medios y al aparato político de haberse comportado como juez y jurado. El viernes formaliza su salida, apenas un mes después de haber ganado las primarias.

My name might be on the ballot right now, but that ballot line belongs to the people of Maine. pic.twitter.com/RKVyLU76tm

— Graham Platner for Senate (@grahamformaine) July 9, 2026

La retirada abre ahora una crisis enorme para los demócratas. Se han quedado sin candidato en unas elecciones que pueden decidir el control del Senado durante los dos últimos años del mandato de Trump.

Un total de 601 delegados deberán escoger el 25 de julio a un sustituto para enfrentarse en noviembre a Susan Collins, la republicana que ocupa el escaño desde hace treinta años.

Tendrán apenas tres meses para presentar al nuevo aspirante, reconstruir la campaña y convencer a los votantes de Platner de que el partido no pretende simplemente borrar el movimiento que lo llevó a la victoria.

Su caída deja a los demócratas atrapados entre dos riesgos: elegir a un perfil moderado que aleje a la base progresista o mantener la fórmula populista de Platner después de que su gran experimento haya terminado en escándalo.

Lo que debía ser una oportunidad para recuperar el Senado se ha convertido en una carrera contrarreloj para evitar que los republicanos conserven uno de los escaños que pueden decidir su control.

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