Un miembro herido del opositor Partido de la Libertad del Kurdistán (PJAK). Ismael Adnan Europa Press
Oriente Próximo La CIA quiere que los kurdos sean quienes lideren la rebelión contra el régimen en Irán: "¿Qué nos van a dar a cambio?"Varios analistas advierten de que empujar a movilizaciones internas bajo guerra puede producir una "carnicería", y que instrumentalizar a los kurdos como fuerzas sobre el terreno puede derivar en una Siria 2.0.
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Marga Zambrana Estambul Publicada 5 marzo 2026 02:55hLas claves nuevo Generado con IA
Washington ha intensificado los contactos con partidos kurdos iraníes radicados en el Kurdistán iraquí para explorar un frente terrestre en el oeste de Irán. El objetivo, según fuentes consultadas, sería inmovilizar fuerzas de seguridad, proteger protestas y abrir una ventana para una revuelta interna contra el régimen.
A pesar del asesinato en la ofensiva del líder supremo Alí Jamenei y de otras élites del régimen, este está diseñado para sobrevivir a un ataque de estas dimensiones y todavía tiene enorme capacidad destructiva externa e interna.
El objetivo del presidente Donald Trump y de su aliado israelí, Benjamín Netanyahu, sería aprovechar la ventana de oportunidad de sus ataques y azuzar la revuelta interna, tanto militar como civil.
La agencia estadounidense de inteligencia, la CIA, mantiene contactos con minorías kurdas iraníes con sede en Irak que ya llevan años armándose, pero estas esperan una serie de concesiones por parte de la Casa Blanca, entre otras, no ser abandonadas por Estados Unidos una vez cumplan sus propósitos, como ha sucedido en Siria.
Según informan a EL ESPAÑOL miembros de PJAK (Partido por una Vida Libre en Kurdistán, cercano al PKK turco) y Komala (dos de los partidos kurdos iraníes que se han unido al frente común), sus exigencias inmediatas a Washington son apoyo aéreo, que según parece ya ha prometido Washington, más armas y exigencias políticas.
"¿Qué nos van a dar a cambio? Los kurdos sirios del YPG (Unidades de Protección Popular, del noreste sirio) hicieron todo el trabajo sucio (contra el ISIS, desde 2014) y ahora Trump los ha abandonado", señalan estas fuentes, que aseguran que de momento no están siendo financiadas por Estados Unidos.
En ese sentido, estos dos militantes, que piden anonimato por razones de seguridad, plantean también un horizonte político que incluya una "semi-independencia, o una especie de sistema federal en Irán", añaden, al estilo de la Región Autónoma del Kurdistán (KRI), en el norte de Irak.
Si se solventan estos detalles, los interlocutores kurdos anuncian sorpresas "inminentes".
En cuanto a otro grupo kurdo de este frente, Mustafa Hijri, líder del KDPI/PDKI (Partido Democrático del Kurdistán Iraní) y otros líderes hablaron con Donald Trump y mantuvieron una conversación muy positiva, según informaron a la cadena CNN.
Esta coalición de cinco grupos se habría formado el 22 de febrero, antes del ataque estadounidense, pero se ha dado a conocer hasta el miércoles.
Los kurdos iraníes representan entre un 8% y un 17%, —unos 10 millones—, de una población total iraní de 90 millones.
Es difícil saber cuántos kurdos podrían formar este frente unido y armado, pero según cálculos de observadores regionales podrían ser de entre 40.000 y 50.000 dentro de la vecina Irak.
Una cifra que palidece frente a los más de 600.000 efectivos de las fuerzas armadas regulares iraníes sumados a la Guardia Revolucionaria.
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Aparte del KDPI, el PJAK y Komala, cuyo líder es Abdullah Mohtadi, existen otros dos grupos kurdos más que formarían parte de este nuevo frente común: el PAK (Partido por la Libertad del Kurdistán) y la Khabat (Organización por la Lucha Kurda Iraní), según el listado publicado por Associated Press.
Se trataría de formar algo similar a un ejército de liberación nacional liderado por kurdos y al que se podrían agregar otras minorías del intrincado mapa demográfico iraní con el objetivo de tomar la capital, Teherán, y las principales ciudades del país.
Aunque casi todos estos partidos tienen base en el Kurdistán iraquí (en Koysinjaq, Suleymaniye, Qandil y Erbil), el plan prevé acceder a Irán desde el oeste, para "iniciar la resistencia armada e invitar a sumarse a los civiles" que están en contra del régimen.
Recordemos que unos 5.000 civiles pacíficos fueron asesinados por el régimen de los ayatolás en los últimos meses de protestas.
Según la agencia Reuters, Erbil y Bagdad también están en contacto con la Administración Trump.
Los kurdos aportarían combatientes entrenados capaces de entrenar en el uso básico de armas a estos civiles con el apoyo de Estados Unidos.
El cinturón del Kurdistán iraní incluye la provincia del mismo nombre, Kermanshah y partes de Azerbaiyán Occidental e Ilam), desde donde el nuevo frente busca inmovilizar a las fuerzas iraníes para crear zonas de amortiguamiento donde civiles desarmados puedan protestar con libertad.
La probabilidad de éxito de esta operación podría ser de entre un 30 y un 40 por ciento, indican a bote pronto observadores militares, si se lleva a cabo en el marco de un ataque rápido, de unas dos semanas, según tiene previsto Washington.
Si el conflicto se prolonga, aumenta el riesgo de guerra civil y de cronificación.
Los líderes de estos grupos están llamando a miles de jóvenes de la diáspora kurda en Irak, Europa, Canadá, Estados Unidos y Australia para que se unan a su causa.
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En Irán existen otras minorías que se cuentan por millones, como los azeríes y los turco-iraníes, que no aceptarían un ejército bajo liderazgo kurdo, e incluso su neutralidad sería un obstáculo.
Otro grupo que podría unirse desde Irak es el PKK turco (el Partido de los Trabajadores del Kurdistán), cuyo líder, Abdullah Öcalan, está negociando con el presidente Recep Tayyip Erdoğan un acuerdo de paz y desarme a cambio de su libertad.
El PKK, con unos 7.000 combatientes muy bien armados, no se ha pronunciado de momento.
Erdogan vería esta posibilidad como inaceptable. De manera que si los de Öcalan no se unen al frente, esto reduce la capacidad de escalada, y si se unen, aumenta drásticamente el riesgo regional con Turquía.
Otra minoría de unos 5 millones cuyos miembros armados podrían unirse a este frente es la de los trashumantes lur (o lor), un conjunto de pueblos y confederaciones tribales iranias del Zagros (oeste y suroeste de Irán), que tienen buena relación histórica con los kurdos.
También los árabes iraníes del suroeste, con grupos de resistencia ligados al área de Ahvaz, unos miles, podría unirse a la sublevación.
El grupo etnolingüístico de los baluchis del sureste, frontera con Pakistán y Afganistán, y con entre 2,5 y 4 millones, están dispuestos a luchar desde hace años, pero son muy tribales e independientes y es improbable que se integren en un ejército nacional liderado por los kurdos.
¿Qué tienen en común muchos de estos grupos, incluidos los kurdos? Que pertenecen a periferias étnicas y regionales que acumulan agravios políticos, económicos y culturales frente a un Estado altamente centralizado.
En varios de esos territorios —aunque no en todos— predomina el islam suní, lo que añade una capa sectaria a la fricción con un aparato estatal identificado con el chiismo duodecimano.
Irán se convirtió en un Estado definido por ese chiísmo cuando la dinastía safaví lo adoptó como religión oficial en 1501 e institucionalizó su clero y su legitimidad política. Pero este eje no explicaría una guerra entre confesiones dentro de Irán.
¿Y qué hay del bloque monárquico del exiliado hijo del shah, Reza Pahlavi? Tienen mucha presencia mediática y en redes, sobre todo entre la diáspora, pero es posible que no alcance el 15% del total de población iraní. Trump ya ha dicho que prefiere líderes internos. ¿Existen?
El así llamado bloque "republicano", que incluye a liberales seculares no monárquicos, ideologías de izquierda y de centro es muy posible que supere a la mitad de la población, según estimaciones de activistas iraníes.
Sin embargo, están muy desunidos, no tienen líderes visibles, ni financiación y tampoco consta que la CIA los haya contactado en algún momento, según fuentes consultadas.
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Esta nueva coalición se enfrentaría a numerosos retos. El primero es que por ahora no se han producido defecciones serias dentro de las fuerzas armadas del régimen, lo que reduce la viabilidad de una ruptura rápida.
En este sentido, el fracaso de esta nueva milicia desencadenaría una guerra civil prolongada y brutal, más que a un vuelco rápido del régimen.
La analista Ezgi Basaran advierte que empujar a movilizaciones internas bajo guerra puede producir una "carnicería", y que instrumentalizar a los kurdos como fuerzas sobre el terreno puede derivar en una Siria 2.0: inestabilidad prolongada, guerra interna y externalización del conflicto.
La mayoría de fuentes indican que el plan de Trump es, además, improvisado, o que directamente carece de plan: por lo que se disparan las probabilidades de una guerra civil prolongada.
De momento, Pahlavi ya habría denunciado a la coalición kurda como separatista.
Y con el liderazgo debilitado, las decisiones autónomas de las fuerzas de seguridad pueden crear todavía más daños humanos.
Aunque la potencia balística iraní ha quedado muy dañada en los últimos días, y la adquisición de armamento chino no estaba cerrada, el régimen todavía puede esconder algún as bajo la manga en cuanto a misiles se refiere. Y respecto al cierre del estrecho de Ormuz, Teherán solo necesita un ataque semanal o mensual para hacer cundir el pánico.
Si Washington apuesta por abrir un frente kurdo para acelerar el colapso del aparato de seguridad iraní, el éxito no dependerá solo de drones o rifles, sino de un compromiso por escrito y continuidad para cuando la atención mediática se desvanezca.
La historia reciente tiene una moraleja cruel: en Oriente Medio lo fácil es encender la mecha, pero apagarla puede llevar décadas y millones de muertos.