El análisis forense de los cráneos de la necrópolis de Abidos demuestra que los primeros faraones fueron enterrados junto a sirvientes inmolados para servir de acompañantes para el más allá
Regala esta noticia Añádenos en Google Tumbas de la primera dinastía en la necrópolis de Umm el-Qaab, en Abidos. (. P. D.) 07/10/2026 Actualizado a las 00:15h.Más de quinientos años antes de que se construyeran las grandes pirámides de Guiza, hace 5.000 años los primeros monarcas del Egipto unificado fueron ... enterrados en la necrópolis de Abidos rodeados de sus sirvientes, artesanos y funcionarios, sepultados a su vez en decenas de tumbas subsidiarias. Cuando el arqueólogo británico William Matthew Flinders Petrie excavó el complejo funerario en la década de 1920, sospechó que todas aquellas personas habían sido sacrificadas para proveer a sus señores de un séquito en el más allá. Pero la falta de pruebas físicas hizo que la hipótesis fuera dejada de lado. Ahora, la ciencia forense ha confirmado las sospechas de Petrie: durante la primera dinastía en Egipto se practicaron sacrificios humanos.
Cada una de las sepulturas de estos servidores, dispuestas en torno a las tumbas principales, «consistía en una sencilla cámara situada en una fila junto a otras docenas», explica Campbell. «Algunas personas tenían un ataúd sencillo. La mayoría contaba con algunos ajuares funerarios, como vasijas de cerámica, y muchas tumbas también incluían pequeños objetos como herramientas de cobre, puntas de proyectil o pequeñas figurillas de marfil. Estas sepulturas modestas estaban identificadas. «Petrie encontró algunas lápidas en las que figuraban nombres y, en ocasiones, títulos oficiales. Los títulos parecen referirse en su mayoría a funcionarios de rango bajo o medio, así como a artesanos».
Campbell sostiene que estas personas fueron víctimas de sacrificios de retención. Se trata de «un tipo de sacrificio humano en el que las personas cercanas a un gobernante son asesinadas cuando este muere. En muchas culturas, el sacrificio de retención se practica debido a la creencia de que los individuos sacrificados continuarán sirviendo al gobernante en el más allá», aunque también puede ser «una exhibición extrema del poder del gobernante». La investigadora considera incluso que «algunos sirvientes podrían haberse ofrecido como voluntarios para alcanzar la vida eterna o el honor. Otros pudieron ser elegidos o incluso forzados».
A diferencia de los sacrificios expiatorios (que se realizan para limpiar una culpa) o los de sustitución (donde una víctima toma el lugar de un monarca o de la comunidad para recibir un castigo divino), el sacrificio de retención opera bajo la lógica de la permanencia y el equilibrio. El objetivo principal de la inmolación es mantener, asegurar o estabilizar el orden cósmico, social o político existente.
Traumatismos craneales
¿Cómo se ha podido confirmar que los sirvientes de Abidos fueron sacrificados? Flinders Petrie volvió a sepultar la mayoría de los esqueletos que había extraído en los años veinte del siglo pasado, pero conservó varias piezas cefálicas que envió al Reino Unido. Campbell logró rastrear 46 de estos cráneos en la Colección Duckworth de la Universidad de Cambridge y los examinó de nuevo con técnicas actuales. El análisis reveló que 18 de los 46 cráneos –el 39% de la muestra– presentaban severos traumatismos craneales 'perimortem', alrededor del momento de la muerte, que Petrie había atribuido por error a deterioros naturales 'post mortem', después de la muerte.
«Las lesiones en los cráneos conservados son generalmente fracturas lineales, que probablemente causaron la pérdida rápida del conocimiento, hemorragia interna y la muerte» de las víctimas, afirma la doctora Campbell, quien también detectó evidencias de traumatismos por fuerza cortante, incluyendo un violento corte en la órbita ocular de uno de los individuos. Los hallazgos permiten además descartar algunas de las armas ceremoniales más habituales de la época. En la iconografía egipcia es frecuente ver a los faraones golpeando a sus enemigos con mazas, pero estas armas de piedra habrían provocado fracturas con hundimiento y no las lineales observadas. Estas últimas son compatibles con el golpe de un objeto plano y ancho o con una caída violenta, aunque un impacto por caída habría roto otros huesos del cuerpo, algo que no figura en los minuciosos registros ni en las fotografías de Petrie.
En relación con los cráneos que no muestran huellas de violencia física, el estudio sugiere que pudieron fallecer de forma natural o ser sacrificados mediante métodos que no dejan marcas óseas, como la asfixia. Petrie llegó a sugerir que pudieron haber sido enterrados vivos. A pesar de los interrogantes que han quedado abiertos, Campbell concluye que «este estudio de caso pone de manifiesto la importancia de volver a examinar los datos históricos, en particular, los restos humanos, con técnicas y conocimientos actualizados», como escribe en las conclusiones de su artículo.
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