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La corrida de la semana tendrá que esperar

La corrida de la semana tendrá que esperar
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Condición y presentación de un lote de Victoriano del Río muy por debajo de lo habitual. Entregado y firme, Roca Rey satisface plenamente las ansías de sus fieles, pero no puede repetir la hazaña de 2025
La corrida de la semana tendrá que esperar

Condición y presentación de un lote de Victoriano del Río muy por debajo de lo habitual. Entregado y firme, Roca Rey satisface plenamente las ansías de sus fieles, pero no puede repetir la hazaña de 2025

Regala esta noticia Añádenos en Google Roca Rey durante el festejo taurino de la Aste Nagusia en Bilbao. (Efe)

Barquerito

27/08/2026 a las 22:37h.

Era en teoría «la» corrida de la semana, como si no hubiera otra corrida ni otra semana. El gancho más eléctrico que propiamente carismático de ... Roca Rey como reclamo irresistible, una terna de las llamadas de tres generaciones -Diego Urdiales dando peso al cartel- y desde luego los seis toros de Victoriano del Río. Más dos sobreros de la casa.

Por el nombre, Soleares, toro de reata infalible. Ya se ve que no todos. En tarde de nubes y claros fue el único que se jugó con luz cegadora, y con tapones en las bocas de vomitorio de los tendidos de sombra. A Diego le costó soltarse con el capote, pero firmó un gracioso quite por chicuelinas abrochado con serpentina. Y luego, una faena de buen dibujo, muleta mínima bien manejada, sobre todo por la mano izquierda, por donde hubo que perderle al toro pasos. Convertido en el mejor estoqueador del momento, cobró Diego una estocada hasta la bola y rodó el toro.

El desfile siguió sin que terminara de asomar el toro, o los toros, que Victoriano del Río suele guardarse en la guantera. Sumiso y claudicante, bonanza de toro amable y pachón, despaciosa embestida, escarbador, el segundo rozó los 600 kilos. Talavante se limitó a esperarlo y a resolver la reunión sin sufrir. Fría la gente. O, en realidad, impaciente porque estaba por salir no el toro más ligero de la corrida sino su astro central, que lo hizo fiel a su protocolaria coreografía: larga espera antes del visto bueno al torilero, postura en trance, lidia morosa cargada de espacios en blanco, dos puyazos de cualquier manera y, antes del cambio de tercio, un quite espectacular por saltilleras, la reunión en el platillo y el toro de largo, vaciado por las dos manos. Un delirio.

Una faena para y por sus miles de fieles. Estatuarios de apertura rematados con el molinete y, cosido con él, el de pecho, esos largos pases de pecho de su repertorio. Molestó el viento, que lo descubría. Salpicada de pausas, rindió curso una faena ajustada y abundante con la mano derecha, casi nada por la otra y el arrimón final, con medios circulares inversos, los péndulos y el desplante a palo seco. Era lo que había venido a ver la inmensa mayoría, Una estocada puñetazo marca de la casa. Casi un delirio. El palco frenó la euforia y no concedió una segunda oreja. De orejas iba entre otras cosas la corrida de la semana,

Noble y apagadito fue el toro de Roca, y todavía más noble y apagadito un cuarto de bella estampa que no se empleó en el caballo, se desplomó al cuarto viaje, echó los bofes sin fuelle y se resolvió en embestidas agónicas. Largo sin razón un trasteo justificatorio de Diego, compuesto formalmente y de nuevo inapelable con la espada. El quinto fue el de peor nota de los seis, encelado en el peto cobró el puyazo más largo y severo de la tarde, apenas medias embestidas, Talavante no pasó de un breve mareo de perdiz.

Para Roca la última bala, un cinqueño con pies, cambiado con picotazos cobrados en la puerta y donde debía, y puesto a modo al servicio del espectáculo. Apertura de rodillas, con los dos primeros cambiados ya intercalados en la serie, y de pronto un cambio imprevisto: el raje del toro, su querencia a las tablas, sus ganas de irse, sus fugas cuando Roca trató en vano de sujetarlo en los medios. En tablas fue un final enloquecido -público caliente- una tanda donde fueron mayoría los cambiados, un desplante inerme con el toro aquerenciado en tablas y la bomba: dando adentros al toro, y despojado de engaño, Roca se tiró con la espada a morir. Una estocada trasera. Un descabello. Oreja. Pero la corrida de la semana tendrá que esperar. Tal vez mañana.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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