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La crisis de Irán aún no ha tocado techo

La crisis de Irán aún no ha tocado techo
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Actualmente, es más probable que la guerra se intensifique a que se resuelva mediante la negociación. Leer
Financial TimesLa crisis de Irán aún no ha tocado techo
  • GIDEON RACHMAN
Actualizado 20 ABR. 2026 - 17:50Mural de Teherán sobre el bloqueo estadounidense del estrecho de Ormuz.EFE

Actualmente, es más probable que la guerra se intensifique a que se resuelva mediante la negociación.

La niebla de la guerra es una idea familiar. Estados Unidos e Irán presentan ahora al mundo un nuevo concepto: la niebla de la paz.

Hay en vigor un alto el fuego en el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán. Pero poco más está claro. Esta semana comenzó con el anuncio por parte de los estadounidenses del inicio de nuevas conversaciones de paz y la negación de ello por los iraníes. ¿Durará el alto el fuego actual más allá del miércoles? ¿Ha ofrecido Irán detener todo el enriquecimiento nuclear? ¿Permanecerá cerrado el estrecho de Ormuz o se reabrirá?

Todo depende de a quién se le pregunte y cuándo. El viernes 17 de abril, el presidente Donald Trump anunció triunfalmente que "Irán ha acordado no volver a cerrar jamás el estrecho de Ormuz". Al día siguiente, Irán anunció su cierre.

Mirando a través de la niebla de la paz, esta es mi mejor predicción sobre lo que probablemente sucederá a continuación. La buena noticia es que tanto Irán como Estados Unidos desean un acuerdo de paz. Los iraníes son conscientes de su vulnerabilidad ante nuevos bombardeos aéreos. Los estadounidenses comprenden la amenaza que supone para la economía global el cierre continuado del estrecho.

La mala noticia es que ambas partes desconfían la una de la otra y siguen muy distanciadas en todos los temas cruciales. Estos incluyen el enriquecimiento nuclear, la libertad de navegación, el levantamiento de las sanciones, el futuro de Líbano e Israel, el programa de misiles de Irán y su apoyo a milicias regionales como Hezbolá.

En circunstancias normales, resolver todos estos problemas llevaría meses, incluso años. El acuerdo nuclear con Irán (conocido como JCPOA), firmado en 2015 y posteriormente anulado por Trump en 2018, tardó aproximadamente tres años en concretarse.

Sin embargo, la economía mundial no puede esperar meses a que las negociaciones lleguen a buen término. El cierre continuado del estrecho de Ormuz seguirá elevando los precios de la energía. La escasez de combustible para aviones podría dejarse sentir en cuestión de semanas. Los agricultores de todo el mundo están horrorizados por el aumento del precio de los fertilizantes, lo que pronto repercutirá en los precios de los alimentos. El bloqueo estadounidense a Irán también aumentará la presión económica directa sobre la república islámica.

Las preguntas clave ahora son: ¿obligará la creciente presión económica a ambas partes a alcanzar un acuerdo a la velocidad de la luz diplomática? ¿O la dificultad de cerrar la distancia entre las posiciones de Irán y Estados Unidos provocará la ruptura de las negociaciones y una escalada del conflicto?

Ambos resultados son posibles, pero me inclino por la escalada. Si esto se cumple, entonces Oriente Próximo y la economía mundial aún no han visto lo peor de esta crisis.

La escalada es probable porque tanto Estados Unidos como Irán parecen creer que pueden forzar a la otra parte a ceder primero. El vicepresidente estadounidense J.D. Vance regresó a casa el 12 de abril tras el fracaso de las conversaciones con los iraníes en Pakistán con un semblante optimista, asegurando a sus allegados que el bloqueo estadounidense probablemente obligaría a los iraníes a ceder en pocos días.

Pero a lo largo de este conflicto, la Administración Trump ha sobreestimado sistemáticamente la capacidad de Estados Unidos para doblegar a Irán a su voluntad y ha subestimado la resistencia del régimen iraní. Este patrón amenaza con repetirse.

Estados Unidos podría haber iniciado ya un nuevo ciclo de enfrentamientos al incautar un buque iraní. Si Estados Unidos escala aún más la situación, por ejemplo, cumpliendo la amenaza del presidente Trump de "destruir todas las centrales eléctricas y todos los puentes de Irán", es mucho más probable que Irán responda con represalias a que se rinda. La represalia iraní podría incluir ataques a refinerías de petróleo y plataformas marinas en el Golfo Pérsico, o alentar a los rebeldes hutíes en Yemen a cumplir su amenaza contra los buques que transitan por el Mar Rojo.

Cualquiera de estas acciones agravaría significativamente la crisis energética mundial. Incluso en la situación actual, los iraníes saben que el bloqueo del estrecho tendrá efectos cada vez más graves en la economía mundial.

En las próximas semanas, y quizás meses, es probable que se alternen periodos de escalada con periodos de negociaciones —ambos procesos en ocasiones de forma paralela— mientras Irán y Estados Unidos ponen a prueba la voluntad del contrario. Algunos asuntos serán más fáciles de resolver que otros. Es probable que actualmente Irán no esté enriqueciendo uranio, por lo que podría aceptar una moratoria indefinida a cambio de que Estados Unidos reconozca su derecho legal a enriquecerlo.

La determinación de Teherán de imponer algún tipo de peaje en el estrecho de Ormuz podría ser el problema más complejo. Pero incluso en este caso, hay mentes diplomáticas ingeniosas en acción. ¿Qué pasaría si los ingresos se repartieran entre Irán y Omán (o incluso Estados Unidos, como ha sugerido Trump) y se presentaran como un fondo temporal para la reconstrucción de posguerra?

Existen otras incógnitas que podrían complicar las cosas. ¿Cuánta presión económica sufre Irán y cómo de dividido está el régimen? Todo parece indicar que los sectores más intransigentes están ganando influencia en Teherán. Por la parte estadounidense, no está claro si, más allá de su bravuconería, Trump comprende realmente la naturaleza limitada de sus opciones militares. El papel de Israel también es impredecible. ¿Podría el Gobierno de Netanyahu provocar otra crisis si no le gusta cómo avanzan las negociaciones?

Los mercados financieros cerraron la semana pasada al alza, aparentemente convencidos de que lo peor de la crisis ya había pasado. Esta suposición parece un tanto optimista.

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Fuente original: Leer en Expansión
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