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La madre de un pequeño ingresado en la cuarta planta del Materno recibe el apoyo de una sanitaria. ÑITO SALAS La cuarta planta del Materno, donde el tiempo se detieneEn 2025 ingresaron en el hospital malagueño 64 niños diagnosticados de tumores. Los médicos aplican tratamientos en los que «menos es más» para reducir los efectos secundarios a largo plazo, mientras los voluntarios de AVOI consiguen sacarles una sonrisa durante un proceso que exige paciencia
Sábado, 14 de febrero 2026, 01:15
... hijo Eloy, de seis años, le diagnosticaron leucemia. Apenas un año después tocó la campana tras una primera fase de tratamiento intensivo, con ingresos programados, seguida de un periodo de mantenimiento. «Volvió al cole, a ser un niño normal. Y a finales de octubre nos encontramos con la recaída. Ahora estamos en proceso de acabar con la enfermedad otra vez», relata.Noticia relacionada
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Una profesional acompaña a un niño que lleva un gotero. ÑITO SALAS Con motivo del Día Mundial contra el Cáncer Infantil, que se celebra el 15 de febrero, SUR ha reunido a dos familias cuyos hijos han estado ingresados en la cuarta planta, una oncóloga y dos voluntarios de la asociación para hablar de la situación actual de la enfermedad entre los más pequeños. De los 64 casos diagnosticados en 2025, 52 fueron tumores sólidos: los más frecuentes fueron tumores cerebrales, linfomas y neuroblastomas. De los líquidos, el más habitual es la leucemia aguda pediátrica (12 casos), de los cuales ocho correspondieron a leucemias linfoblásticas agudas (LLA) y cuatro a leucemias mieloblásticas agudas (LMA). En 2024, fueron 68 los cánceres atendidos en el Materno. La supervivencia a cinco años de este tipo de tumores es del 83% en la comunidad.
De los 64 casos diagnosticados en 2025, 52 fueron tumores sólidos; de los líquidos, el más habitual es la leucemia aguda pediátrica, con 12 niños atendidos en el Materno el pasado año
Diego Briales, fontanero de 44 años, es voluntario de AVOI. «Mi día a día consiste en acompañar a los niños y a las familias para que esta situación sea lo más amena posible: hacemos manualidades, jugamos, leemos, hablamos, les escuchamos, hacemos lo que ellos quieran y el momento dé», precisa, para añadir que «la recompensa emocional es máxima, no se puede explicar». Le reconforta mucho cuando un pequeño le pregunta si volverá mañana. «Nuestro lema es 'Sonrisas por bandera': nos quedamos con lo bueno, nos agarramos a ello y tiramos hacia delante», dice.
Laura García Hidalgo, oncóloga pediátrica, explica que «el cáncer infantil es bastante diferente al adulto. En adultos está relacionado con hábitos de vida; en niños, la mayoría de las veces no se sabe por qué aparece». Añade que la célula que produce el tumor en menores es distinta y que la tolerancia al tratamiento es mucho mejor: «Tienen un corazón, unos pulmones sanos».
Vigilar los efectos secundarios
Pero los retos son mayores: «Cuando tratas a un adulto de 50 o 60 años, debes vigilar los efectos secundarios; en niños, tenemos que tratar y asegurarnos de que sean adultos sanos. Muchas veces, menos es más: se trata con lo suficiente para que el cáncer desaparezca, pero con la vista puesta en que ese niño crecerá sano». Así, «el objetivo de la oncología pediátrica es minimizar los efectos secundarios a largo plazo».
A la doctora García Hidalgo no le gusta hablar demasiado de porcentajes de supervivencia. «Cuando una familia entra en esta lucha, debe pensar que su hijo se va a curar. Algunos tumores, por desgracia, no tienen cura, como ciertos cerebrales y sarcomas en recaída. En estos casos dependemos totalmente de la investigación pediátrica, que es mínima porque al ser un grupo tan pequeño no es rentable».
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De izquierda a derecha, la voluntaria Paula Simón, el padre y la madre del pequeño Eloy, la oncóloga Laura García Hidalgo, el padre y la madre de Candela, y el voluntario de AVOI Diego Briales. ÑITO SALAS «Los niños facilitan mucho el trabajo a los profesionales: un niño de tres años solo teme la aguja y separarse de sus padres; a partir de los 13 o 14, el miedo se centra en la muerte, pero tienen una capacidad extraordinaria para mantenerse felices. Esa bendita ignorancia hace que, al crecer, solo recuerden la parte buena», señala.
«Los padres deben confiar en la medicina y en los avances. Las tasas de supervivencia son cada vez mayores. Yo les digo que deben tener fuerza; es una carrera de fondo, pero con esperanza todo pasa: volverán a ser felices», añade, recordando que los padres aprenden a valorar lo realmente importante.
«Me encanta que sean niños»
Paula Simón, de 20 años y estudiante de inglés, se hizo voluntaria tras vivir un caso cercano: «Me pareció tan injusto que quería contribuir de alguna manera y sacarles una sonrisa». Explica que dibujan, hacen manualidades y, si no pueden salir de la habitación, son ellos los que acuden. «Me siento superfeliz cuando sonríen, porque durante un rato se olvidan de la situación complicada y son niños», recalca.
Lourdes Aragón, madre de Candela, de ocho años y en proceso de superar leucemia, afirma haber aprendido a «vivir el día a día y disfrutarlo al máximo». «Candela era una niña que no quería ir al colegio y ahora está deseando que suene la alarma para vestirse e ir», precisa, señalando que los médicos insisten en que la recuperación es una carrera de fondo, «con subidas y bajadas, no es de hoy para mañana».
«Los voluntarios intentan sacarte la sonrisa y ver el lado positivo, hemos tenido pocos ingresos y los echábamos en falta cuando no estábamos», dice Lourdes Aragón, madre de la pequeña Candela, de ocho años
«Cuando me lo dijeron, dije a los médicos: 'Os doy mi vida, porque ahora mismo mi vida es ella y confío en que vosotros la vais a curar'», subraya Lourdes, destacando que los voluntarios han sido un puntal: «Intentan sacarte la sonrisa y ver el lado positivo; hemos tenido pocos ingresos y los echábamos en falta cuando no estábamos». Describe a su hija como «muy cariñosa, te conquista con la sonrisa» y «muy activa», aunque el tratamiento ha afectado al carácter en algunos momentos.
Candela, como muchos otros niños, avanza en su recuperación gracias a la cuarta planta del Materno, donde el tiempo se detiene y siempre hay, incluso en los momentos más oscuros, una sonrisa para ellos.
El voluntariado de AVOI
El presidente de AVOI destaca que la asociación cuenta con 170 voluntarios, el 85% mujeres, y que muchos de ellos ocuparon antes una cama en la cuarta planta del Materno Infantil.
Juan Carmona, presidente de AVOI, asegura que su asociación se dedica, fundamentalmente, al entretenimiento. «Queremos que el tiempo que estén aquí los niños, lo pasen lo más a gusto posible, que sean felices, pero sobre todo que sean niños», explica a SUR, para indicar que «es una enfermedad familiar, porque afecta a toda la familia». Para superar este trance es necesaria la ciencia médica, claro, pero también el juego y el entretenimiento.
AVOI cuenta actualmente con 170 voluntarios, la mayor parte mujeres (un 85%). «Nuestra función es esa, que se entretengan: ahora que es Carnaval, hacemos actividades relacionadas, lo mismo el Día de la Paz, en Navidad se decora el hospital entero, celebramos todos los cumpleaños, las onomásticas, las fiestas del verano y la primavera: esto tiene que ser un hospital pediátrico de verdad, un hospital donde no sólo los médicos curan, sino que también ellos se sientan niños», reflexiona Carmona.
También hacen excursiones con los niños y con personal médico, ofrecen terapia canina y acuden a acontecimientos deportivos. «El 23 de marzo cumplimos ya 33 años, somos ya viejecitos», destaca, y asegura que «los voluntarios dan el 100% de ellos mismos: muchos han pasado antes por la enfermedad y, cuando han cumplido los 18 años, se han hecho voluntarios», para recordar también los llamados Martes Mágicos, de forma que ese día, durante todo el año, van magos, payasos o personajes de Disney a pasar un rato con los menores.
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