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«La democracia siempre está en riesgo porque es un castillo de naipes»

«La democracia siempre está en riesgo porque es un castillo de naipes»
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Tres jóvenes filósofos malagueños aclaran a qué se dedica su disciplina: interviene en los «cánceres de la sociedad», es una «cirugía de las ideas»

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Esperanza Aguilar, Simón Cano y Francisco Macías. Marilú Báez «La democracia siempre está en riesgo porque es un castillo de naipes»

Tres jóvenes filósofos malagueños aclaran a qué se dedica su disciplina: interviene en los «cánceres de la sociedad», es una «cirugía de las ideas»

Cristina Vallejo

Lunes, 2 de marzo 2026, 23:56

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«La filosofía es como esa persona del instituto a la que hacen 'bullying' porque nadie la comprende, porque tiene gustos raros respecto a los del resto de niños y niñas que tienen gustos normativos y a la que dejan de lado cuando en realidad tiene un mundo interior maravilloso que podría aportar mucho a los demás». La metáfora es de Francisco Macías, un joven filósofo malagueño que junto a Simón Cano y Esperanza Aguilar protagonizará una charla el próximo 4 de marzo a las siete y media de la tarde en El Corte Inglés sobre las cosas en las que están pensando: la democracia, el cambio tecnológico y la cognición animal.

Estos tres jóvenes, además de investigar en sus diferentes especializaciones dentro de la filosofía, están determinados a introducir el pensamiento, este «amor a la sabiduría» que etimológicamente significa la palabra con que se designa su disciplina, en la sociedad malagueña. Porque, como defiende Cano, «la filosofía es la última frontera frente al desconocimiento». Y, como agrega Macías, ellos, los filósofos, son «los cirujanos de las ideas»: «Nos preocupamos por entender cómo funcionan, no los órganos, sino los conceptos. Y diseñamos una forma de intervenir en los problemas, en los cánceres de la sociedad, en sus enfermedades, de la manera que sea lo más humana y precisa a la vez». Eso es, quizás, lo que no terminan de entender quienes pasan por las clases de filosofía en las aulas de la educación secundaria. Y de ello se queja Aguilar: «Es que es una educación centrada en la historia de las ideas, no tanto en qué es la filosofía y en qué hace un filósofo en la sociedad. En la carrera intentamos formar a los alumnos en cómo comunicar las ideas filosóficas, pero entre nosotros, entre los filósofos, lo que no tiene nada que ver con divulgar después esas ideas en la sociedad».

Para que la filosofía (y los filósofos) salga de su torre de marfil y traspase las paredes de la universidad, las aulas y de sus reuniones, Simón Cano introduce un concepto incómodo, casi un anatema para hablar de algo tan puro como la filosofía. Pero es que antes ya había advertido citando a Michel Foucault que «filosofar es meterle el dedo en el ojo a la sociedad»: «Detrás de las reflexiones de un filósofo hay un trabajo que busca incomodar». O de cuestionar lo que se naturaliza. O de, y aquí recordamos a Pier Paolo Pasolini, de escandalizar por el mero placer de hacerlo.

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Simón Cano Marilú Báez

«Hoy en día la figura del tertuliano ha expulsado al intelectual y al filósofo de los medios de comunicación porque representa el atractivo de las conclusiones en lugar del interés por las premisas»

¿Cuál es la provocación de Cano con la que incluso llega a revolver a sus propios colegas? La que consiste en decir que «la filosofía es un producto» y aquella con la que invita a los filósofos a convertirse en sus propios agentes de márketing para que su disciplina vuelva a ocupar el espacio que merece en general en la esfera pública. Porque Cano se queja: «Hoy en día la figura del tertuliano ha expulsado al intelectual y al filósofo de los medios de comunicación porque representa el atractivo de las conclusiones en lugar del interés por las premisas».

Cómo vender la filosofía

Que Cano diga «la filosofía es un producto» provoca que Macías se revuelva en su silla. Este encuentro que ha organizado SUR previo a la charla abierta al público se convierte en una conversación de alta filosofía en la que, según el cliché, sólo falta una espesa nube de humo de tabaco, por ejemplo. «Si te quieres dedicar a divulgar en los medios de comunicación, tienes que saber venderte y tienes que saber vender la filosofía. Con ciertos límites. Hay concesiones que hay que hacer, aunque yo no las vaya a hacer todas», continúa Cano. Macías rebate, elegante: «La filosofía no es un producto en cuanto a que su creación no responde a un deseo de ser vendida y generar un impacto, un efecto, sino al de decir la verdad. Ahora los mensajes en los medios no se preocupan de si lo que dicen es verdad o mentira, sino que lo que buscan es generar un efecto, likes, visualizaciones, emociones». Esperanza Aguilar media: «En pos de la verdad de la que habla Francisco, hay que hacer estrategia. Para mí se justifica. Hay que hacer que te escuchen». Entre el pensar por el pensar del ideal filosófico y la mercantilización del pensamiento, sugiere Aguilar, hay muchos grises. Por ejemplo, hacer por colarse en las páginas de un periódico con un lenguaje que quiere ser preciso pero también divulgativo. Aunque se quejan: «A ningún físico le recriminan que utilice términos técnicos, pero a los científicos sociales, sí», se quejan.

Qué recomienda leer Simón Cano

  • 'El concepto de la angustia', de Sören Kierkegaard. fue una obra muy importante para Simón Cano, porque tiene que ver con la idea de que para hacer filosofía hay que haber vivido previamente. Ahora, como referencia en su campo, aconseja leer a Luciano Floridi, filósofo de la información.

La filosofía, como la poesía, muchas veces llama en la adolescencia. Pero pocos atraviesan la juventud y siguen amarrados a ellas. Sólo los resistentes. De hecho, conceden que muchos de sus compañeros abandonaron la carrera. Esperanza Aguilar explica que a ella primero le entusiasmaron los presocráticos y que luego encontró a Freud, cuya lectura la predestinó a estudiar filosofía, aunque reconoce que la decisión le hizo sufrir: «Se abrió el debate de qué era lo que iba a pasar después de estudiar una carrera como filosofía. Pero en mi caso el reto no fue tanto lidiar con la familia –que no le puso pega–, sino conmigo misma».

El vértigo de vivir

Mientras tanto, Simón Cano primero estudió un año de Derecho, lo dejó y se puso a trabajar en la noche: «Es un lugar que está lleno de aquello que se supone que la civilización reprime. Cuando trabajas en la noche, ves cómo el consumo se ritualiza, cómo se socializa en un ambiente así, el papel que juegan las sustancias… al final te acaba haciendo reflexionar mucho sobre la condición humana». Y entonces llegó a Soren Kierkegaard, a 'El concepto de la angustia', el libro con el que recomienda adentrarse en la filosofía: «A todos y a todas hay un momento dado en nuestra vida en el que nos llega el vértigo de vivir, el momento en el que vemos que el mundo es un lugar de muchas posibilidades ante las que sentimos el escalofrío de un vacío enorme».

Y, por último, Francisco Macías, primera generación de universitarios de su familia, comenzó a estudiar primero Matemáticas. Aunque el primer año ya sabía que eso no era lo suyo, aguantó un segundo curso. Después lo dejó. «Mis padres nunca me cuestionaron nada. Soy el vivo ejemplo de que los padres deben dejar a sus hijos cometer sus propios errores. Nunca me dijeron que estudiara una carrera de la que pudiera trabajar; si luego tuviera que trabajar de otra cosa, no habría problema, eso no sería un fracaso».

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Esperanza Aguilar Marilú Báez

«Es imposible que una persona que sale de trabajar en la hostelería tras una jornada de doce horas llegue a su casa y tenga interés en la filosofía; sobre todo porque ni siquiera le han dicho que existe»

Pensar siendo precario

Por el momento, los tres siguen en la Universidad, en lo suyo y peleando por divulgar. Aunque saben que es difícil: «Es imposible que una persona que sale de trabajar en la hostelería tras una jornada de doce horas llegue a su casa y tenga interés en esto; sobre todo porque ni siquiera le han dicho que esto existe», reconoce Esperanza Aguilar. «Ya lo comentaba Ortega en su 'España invertebrada' o en su ensayo sobre el ensimismamiento: para él la filosofía era un paso atrás para poder analizar las cosas con perspectiva, pero evidentemente sus tiempos, y ahora menos, no invitan a la pausa. La filosofía choca con ese afán vital de estar siempre presente», agrega Simón Cano.

Qué recomienda leer Francisco Macías

  • 'Emociones políticas', de Martha Nussbaum, una de sus autoras de referencia, por su defensa del estudio de las Humanidades aunque no rindan beneficio económico inmediato. También recomienda la lectura de Peter Singer y Michael Sandel, que hacen filosofía política y están preocupados por la ética y la justicia.

No quieren guarecerse en una torre de marfil, quieren que su mensaje llegue a la sociedad y lo que estudian está muy pegado al hoy, a los problemas del presente. Así, Francisco Macías estudia el papel de la verdad y el impacto que tienen las redes sociales en la democracia: «Cuando pasamos muchas horas al día metidos en las redes sociales, nos convertimos casi en otras personas. Es casi como si tuviéramos dos personalidades: cuando estamos en redes sociales, quizás somos más proclives a faltar al respeto o a insultar, mientras que en persona tenemos mucha más paciencia y somos capaces de responder educadamente o de no responder. Aunque la manera en la que nos comportamos en las redes sociales influye en el modo en que lo hacemos en la vida real. Cada vez hay más violencia política porque en el Congreso y el Senado se sacan vídeos cortos para redes», reflexiona, y advierte: «La democracia siempre está en riesgo porque es un castillo de naipes. Somos muchas las personas que la sostenemos respetando los valores democráticos y siendo generosas y comprensivas. Yo aquí me fijo en un referente, en José Antonio Marina, un gran divulgador, que dice que las ideas no son todas respetables, pero las personas, sí». E invita, en este ambiente afectivamente tan polarizado, a tender puentes incluso entre personas que piensen cosas diametralmente opuestas.

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Francisco Macías Marilú Báez

«La democracia siempre está en riesgo porque es un castillo de naipes. Yo me fijo en un gran divulgador, José Antonio Marina, que dice que las ideas no son todas respetables, pero las personas, sí»

Simón Cano, por su parte, analiza los riesgos del cambio tecnológico: «Mi investigación va dirigida a hacer un análisis crítico de los discursos de los tecno-oligarcas, del tecno-optimismo o del solucionismo tecnológico, de la naturalización de la tecnología y de cómo ha invadido áreas comunicativas que estaban destinadas meramente a la interacción humana», explica, para abundar en cómo cuestiona el papel de la tecnología como algo liberador, como algo neutral, ideas que, dice, obvian que la tecnología se introduce en una cultura con un sistema de valores que no son igualitarios. Cano, además, aborda las cuestiones relativas al «biomejoramiento humano» que cree que va a profundizar las desigualdades sociales existentes, porque no va a ser accesible para todos por igual. O la inteligencia artificial y la bioética. Defiende que son materias en las que la filosofía tiene que intervenir. «Al final lo que hay de fondo es la cuestión de si existe o no una autenticidad humana y de si hay que protegerla: una cosa es que siguiendo a Ortega nos sepamos artificiales –todo acto técnico de nuestro existir es artificial– y otra cosa es que esa artificialidad no tenga límites», zanja.

Qué recomienda leer Esperanza Aguilar

  • 'La zarigüeya de Schrödinger', de Susana Monsó, autora importante en el campo antiespecista en el que trabaja Aguilar. Aunque ella comenzó a leer filosofía con los presocráticos, que la apasionaron, y quien la empujó a dedicarse profesionalmente a ella fue la lectura de Freud.

El discurso más incómodo

Y, por último, Esperanza Aguilar, que salta de la autenticidad humana a la animal. Quizás ella es quien lo tiene más difícil para divulgar su mensaje, quien presenta el discurso más incómodo. Para empezar, su ámbito de estudio es la conexión entre la filosofía, la biología y la psicología, entre las ciencias sociales y las naturales y reflexiona sobre las implicaciones éticas de la cognición de los animales, si éstos piensan y las capacidades que tienen. «Lucho contra esa idea de la ciencia como una institución de conocimiento objetivo: la ciencia tiene sesgos y tienen que ver de una visión moral especista del mundo». ¿Especista?, ¿qué es el especismo?, le espetamos. Y explica: «Es la visión antropocentrista del mundo; es pensar que la especie humana tiene algún tipo de privilegio sobre el resto por razones diversas: puedes encontrarte especismos basados en cuestiones cognitivas, religiosas o de dignidad». Y para abundar más en la comprensión de la materia, le volvemos a preguntar: ¿Entonces todas las especies somos iguales? «No es tanto vernos a todos iguales, sino que la igualdad no es lo que hace merecedor de respeto a las cosas o a los individuos. Peter Singer propuso una ética del sufrimiento: si un ser es capaz de sufrir, ese sufrimiento es suficiente para tener en consideración ética a ese individuo». Y otra cuestión: ¿Por qué hablar de dignidad animal cuando tantos seres humanos sufren condiciones indignas de vida? «Es una falsa dicotomía. Hay grupos de investigación que se centran en cosas mucho menos interesantes. Ésta es una cuestión que nos interesa a todos, no sólo afecta a los animales, tiene consecuencias en nuestra propia supervivencia a largo plazo en el planeta», concluye.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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