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Economía

La diferencia entre lo que un jefe cree ser y lo que piensa su equipo

La diferencia entre lo que un jefe cree ser y lo que piensa su equipo
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La autoconciencia es una de las habilidades más relevantes que puede tener un líder, se trata de reconocer el impacto que se tiene sobre los demás, evitar la sobrevaloración de uno mismo y construir confianza. Leer
Claves de gestiónLa diferencia entre lo que un jefe cree ser y lo que piensa su equipo
  • BELÉN RAMÍREZ
Actualizado 18 AGO. 2026 - 00:48Garry Ridge, expresidente de WD-40, suele decir que las palabras más poderosas que puede pronunciar un líder son "no lo sé" y eso no es renunciar al liderazgo.Seguir a Expansión en GoogleHaz que nuestras noticias aparezcan en tus búsquedas

La autoconciencia es una de las habilidades más relevantes que puede tener un líder, se trata de reconocer el impacto que se tiene sobre los demás, evitar la sobrevaloración de uno mismo y construir confianza.

¿Sabe cómo le perciben quienes trabajan con usted? A priori parece una pregunta sencilla, pero la mayoría de las personas no la responden de manera certera. Y no porque mientan, sencillamente no son conscientes del impacto que causan con sus acciones u omisiones.

Tras más de una década investigando la autoconciencia a escala global, la psicóloga organizacional Tasha Eurich afirma que el 95% de las personas cree ser autoconsciente. Sin embargo, el porcentaje que realmente cumple los criterios para serlo está entre el 10% y el 15%. La cifra resulta cuanto menos desconcertante: ¿tan ciegos estamos?

El dato más revelador de su investigación es el que dice que cuanto más alto sube alguien en la jerarquía, más se estrecha el círculo de quienes se atreven a decirle lo que realmente piensan de él. Este fenómeno es conocido como la enfermedad del CEO. Esa que se agrava ascenso tras ascenso, a base de aprobación sin matices. Los colaboradores aprenden rápidamente qué se puede decir y qué es mejor callar.

Y el resultado es que los directivos de nivel sénior viven en una burbuja de percepción que nada tiene que ver con la realidad que experimentan quienes trabajan a su alrededor. Este desfase entre la autoimagen del líder y la percepción de quienes le rodean no es un problema menor de comunicación interna. Es uno de los predictores más potentes del fracaso ejecutivo.

El directivo que todo lo sabe

La autoconciencia -capacidad de reconocer con precisión las propias emociones, fortalezas, limitaciones, saber cómo somos percibidos y reconocer el impacto que tenemos sobre los demás- es el componente fundacional de la inteligencia emocional según el modelo de Goleman y, sin duda, una gran ventaja competitiva para quienes ocupan puestos de responsabilidad. Sin embargo, no es sencilla de cultivar; cada ascenso, cada resultado positivo, cada aplauso consolida una imagen de uno mismo que resulta cada vez más difícil de cuestionar.

Hay una creencia limitante generalizada en la cultura directiva que vengo observando desde hace décadas y que conviene desmontar: la idea de que mostrar vulnerabilidad es una señal de debilidad, que un buen líder no duda, no se equivoca, no reconoce incertidumbre.

La investigación dice exactamente lo contrario. Un estudio de The Robert H. Smith School of Business de la University of Maryland evidencia que los CEO que reconocen públicamente sus limitaciones generan mayor confianza entre los inversores, incluso cuando comparten malas noticias. Los investigadores sometieron a 249 participantes a transcripciones de entrevistas con ejecutivos ficticios: el CEO que admitía sus puntos débiles despertaba más confianza que el que proyectaba seguridad permanente y, además, amortiguaba el impacto negativo de resultados por debajo de las expectativas. La autenticidad genera credibilidad y la credibilidad es la moneda del liderazgo real.

En esta misma línea, Garry Ridge, expresidente de WD-40, suele decir que las palabras más poderosas que puede pronunciar un líder son "no lo sé". No como renuncia al liderazgo, sino como apertura a la inteligencia colectiva del equipo.

El jefe que siempre tiene la respuesta, que nunca admite el error y que interpreta cualquier cuestionamiento como una amenaza se confunde si piensa que así envía señales de fortaleza. No; más bien pueden ser indicadores de inseguridad disfrazada. Encarna, según la investigación de Eurich, uno de los perfiles con mayor brecha entre autoimagen y realidad. Y el problema es que algunas organizaciones, con frecuencia, no solo lo toleran: lo premian.

La pregunta que pocos se hacen

Si echa la vista atrás, probablemente recuerde a jefes o compañeros que fueron contratados por su brillante currículum, su inteligencia y sus habilidades técnicas, pero fueron despedidos por su incapacidad para gestionar relaciones, construir confianza o adaptarse a nuevos contextos. ¿En qué medida su percepción de sí mismos coincidiría con la que tenían quienes trabajaban con ellos?

La brecha entre ambas percepciones -lo que se conoce como self-other agreement- es uno de los indicadores más fiables de efectividad del liderazgo. Los líderes con alta autoconciencia tienden a tener brechas pequeñas: su visión de sí mismos y la de sus colaboradores son razonablemente coherentes. Los líderes con baja autoconciencia presentan brechas amplias, y con frecuencia en la dirección más peligrosa: se sobrevaloran precisamente en las dimensiones en que son más débiles.

Si quiere seguir creciendo a nivel profesional, y aun cuando pueda parecerle incómoda, plantéese esta pregunta: ¿coincidirá mi identidad pública con la percepción que tengo de mí mismo? Las herramientas existen. El problema es otro. No es un problema de oferta. El feedback 360, la mentoría ejecutiva y el coaching profesional son mecanismos probados para cerrar la brecha entre la autoimagen del directivo y la realidad que perciben quienes trabajan con él. El problema es de demanda: estas herramientas requieren algo que el éxito previo no suele cultivar. La voluntad de escuchar algo incómodo sobre uno mismo. Y hacerlo sin ponerse a la defensiva.

Vale la pena el esfuerzo. Los datos de TalentSmart sobre más de medio millón de evaluaciones son elocuentes: de entre 34 habilidades directivas medidas, la inteligencia emocional es el predictor más fiable de rendimiento. El coeficiente emocional explica hasta el 58% del rendimiento profesional en todos los tipos de trabajo. Y el 90% de los empleados identificados como de alto desempeño tienen un coeficiente emocional elevado. Esa disposición es, en sí misma, una expresión de inteligencia emocional madura. Y también la cualidad más difícil de encontrar en los despachos de dirección.

Recuerde, lo difícil no es hacerse la pregunta. Lo difícil es querer escuchar la respuesta...

Belén Ramírez es socia directora de SUMMUM Training & Coaching y autora de 'Fórmula ON: Diseña tu Plan de Activación Energético para rendir más y vivir mejor'.

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Fuente original: Leer en Expansión
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