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Trump aumenta sus amenazas contra Irán y aplaza de nuevo el final de la ofensiva militar. 40 países buscan cómo restablecer algunos suministros y estudian ya nuevas sanciones a Irán.
La quinta semana de guerra en Oriente Próximo se ha desarrollado siguiendo casi el mismo patrón que las anteriores: ataques cruzados entre las partes en conflictos, expectativas de un final cercano de las hostilidades alentadas desde Estados Unidos que no se cumplen, y nuevas amenazas de destrucción masiva de Trump que son replicadas por el régimen de los ayatolás. En medio del fuego cruzado, los países árabes del Golfo Pérsico, las economías más dependientes de la energía de la zona en guerra y los mercados financieros del mundo desarrollado sometidos al vaivén de un polvorín impredecible. La mayor certeza a estas alturas es que cuanto más se prolongue la inestabilidad en el principal polo suministrador de petróleo y gas natural a nivel global, más intensas serán las consecuencias sobre la inflación y el crecimiento del PIB. En los países asiáticos ya se han extendido las medidas para racionar los combustibles y la electricidad, mientras que desde el sector aéreo alertan de que a comienzos de mayo comenzará a escasea el suministro de fuel. Por el momento la economía global parece más resiliente de lo esperado a un contexto que hasta hace poco se consideraba catastrófico, pero nadie es capaz de aseverar cuánto tiempo más podrá aguantar sin entrar en recesión.
Desplome comercial
Las estimaciones más recientes de la organización de la ONU dedicada al comercio apuntan a un freno en seco de los intercambios globales debido al cierre del estrecho de Ormuz, que Irán mantiene como medida de presión a Estados Unidos e Irán para que cesen su ofensiva. El último bandazo de Trump al respecto, dando a entender que se desentiende de su futuro después de haber intentado reunir sin éxito una coalición militar de naciones para forzar su liberación, ha llevado a más de cuarenta países, convocados por el Gobierno británico, a poner en común sus esfuerzos para tratar de restablecer el tránsito habitual de buques mercantes por la salida natural del Golfo Pérsico, por la que hasta el comienzo del conflicto pasaba el 20% del petróleo y un 25% del gas natural que se consume en todo el mundo. Sin embargo, sus dirigentes son conscientes de que llevará un tiempo convencer a Teherán y de que una intervención armada como la que pretendía llevar a cabo Washington es "irreal", en palabras del presidente francés, Emmanuel Macron. Por eso, estudian alternativas para recuperar al menos una parte de los suministros suspendidos, además de plantearse medidas de presión como sanciones contra los actuales dirigentes de la teocracia persa. Por su parte, Teherán ha hecho llegar a las autoridades de Omán, el otro país con línea de costa en el estrecho, que tiene ultimado un protocolo para establecer un nuevo régimen de navegación en la zona con el objetivo de comenzar a cobrar peajes a los barcos que pretendan transitarlo y obligarles a solicitar autorizaciones previas.
No hay 'plan b'
Conforme se aproxima el final del ultimátum dado por Trump a los ayatolás para que permitan el paso libre de barcos por el estrecho de Ormuz, que a falta de nueva modificación por parte del inquilino de la Casa Blanca expira a las 20 horas en Washington del lunes 6 de abril, más crece la percepción de que Estados Unidos no dispone de un plan b con el que salir del atolladero en el que se metió al atacar Irán de la mano de Israel. La inconcreción de ambos países respecto a los objetivos de la ofensiva cuyo cumplimiento permitiría proclamar la victoria -más allá de arrebatar el poder a los ayatolás- somete al resto del planeta al proceder caprichoso y vengativo del presidente norteamericano y del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu. La cotización del petróleo a lo largo de las últimas semanas ha sido reflejo de ello, con picos de precios en los momentos de mayor tensión militar en la zona seguidos de caídas como la que propició este miércoles el anuncio de una declaración nocturna de Trump que resultó poco esclarecedora y sólo sirvió para incrementar la escalada dialéctica sobre la guerra, además de dilatar nuevamente los difusos plazos para poder dar por acabadas las operaciones actuales contra Irán.
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