- NICOLÁS FERNÁNDEZ PICÓN Director de análisis de renta variable y crédito, Banco Sabadell
Las subidas del crudo se traducen en una mejor evolución de sectores ligados a materias primas y financieros.
La situación en el golfo Pérsico mantiene el precio del petróleo elevado. Con una media de dos petroleros cruzando el estrecho de Ormuz al día (frente a 120 en condiciones normales), la prima de riesgo en el Brent es de 40 a 50 dólares por barril y está entre las tres mayores de la historia. Al inicio de las hostilidades (28 de febrero) el petróleo subió 11,6 dólares, hasta 72,5 (+19% frente al cierre de 2025). El 31 de marzo marcó máximos en 118 (+95%), y tras la tregua y el acuerdo para reabrir el estrecho (el 1 de julio) llegó a marcar mínimos en 71,6 dólares. Desde ahí, y tras el fracaso de las negociaciones y el reinicio de los ataques, volvió a 108,8 (el 15 de septiembre) y ahora está rondando los 100. Una desescalada en la guerra antes de las midterm norteamericanas parece lejana por ahora, dado que Irán mantiene un nivel de exigencias máximo (indemnizaciones, liberación de activos en el extranjero, derecho al cobro de peajes...) difícilmente aceptable para Estados Unidos, por lo que parece que estamos abocados a seguir viendo precios altos incluso con más tráfico de petroleros en otros pasajes (Arabia Saudí).
Recientemente, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) volvió a empeorar sus previsiones de oferta y demanda para 2026 y retrasó la normalización del mercado hasta 2027. Estima la oferta media en 100,7 millones de barriles al día (-5,7 millones respecto a 2025). Por el lado positivo, las infraestructuras dañadas en el golfo y Arabia estarían siendo reparadas más rápido de lo inicialmente esperado (esta semana se reanudó el bombeo del oleoducto Este-Oeste de Arabia Saudí y la planta de Ras Laffan en Qatar ya estaría operando al 83% de su capacidad). En cuando a la demanda, estima una media de 103,6 millones de barriles al día (-2,5 millones frente a 2025), sobre todo gracias a la destrucción de demanda en Asia, mientras en el resto de regiones siguen predominando las medidas de apoyo al consumidor (rebajas fiscales, subsidios). Con todo el déficit actual estaría entre 2,8 y 3,1 millones de barriles al día, menor a lo inicialmente esperado gracias a que se han potenciado rutas alternativas (los puertos de Yanbu en el mar Rojo y Fujairah en el golfo de Omán) y también por la expansión de la producción no OPEP+ (Estados Unidos, Brasil...).
También, sorprendentemente, este déficit no se habría transmitido con la misma intensidad a los inventarios, que se mantienen por encima de las peores previsiones gracias principalmente a las reservas no declaradas de China. Desde el inicio del conflicto los inventarios mundiales se habrían reducido en 507 millones de barriles, hasta 7.800 millones, frente al mínimo operacional estimado de 6.000 a 6.500 millones de barriles. Asumiendo el déficit de la AIE y sin considerar más reservas ocultas, el escenario actual se podría prorrogar de 15 a 20 meses, aunque con precios medios que se mantendrían en torno a los 90 dólares por barril.
El problema, más que en el crudo, estaría en los refinados (especialmente el diésel, clave para la agricultura y el transporte). La AIE advierte que la capacidad de refino fuera del golfo estaría trabajando al límite y con los niveles de inventarios más ajustados. Por otra parte, la actual estrategia militar ucraniana pasa por bombardear refinerías rusas para dificultar su financiación de la guerra, lo que estaría contribuyendo a desequilibrar aún más el mercado. Donald Trump amenaza con prohibir parcial o totalmente las exportaciones de diésel, lo que afectaría a más del 30% de las importaciones europeas y al 12% de su consumo, difícilmente sustituible (aparte de fuertes subidas en precio podría derivar en restricciones).
Impacto en mercados
En Bolsa, las subidas del crudo se traducen en una mejor evolución de sectores vinculados a materias primas (sobre todo energía) y financieros (subida de tipos) frente a las correcciones en sectores ligados a consumo (pérdida de poder adquisitivo de consumidores) y bond proxies (les vienen mal las subidas de tipos). Tecnología parece moverse por otros catalizadores más ligados al ciclo inversor/dudas sobre la IA. Con una subida del Brent del +19% hasta el 31 de marzo, el único sector del índice bursátil europeo Stoxx 600 que subió fue Energía (+14,6% frente a la caída del 8% del Stoxx 600) frente al mayor castigo a inmobiliario (-14,5%), bienes de consumo (-14,1%), hogar (-14,1%) y autos (-12,7%). Con la reapertura del estrecho (y la caída del Brent del 39,5% desde máximos) los ganadores fueron tecnología (+36,7% frente al 12% del Stoxx 600), bancos (+22,9%), media (+14,8%) y retail (+14,6%) frente a la peor evolución de hogar (-8,3%, por su carácter defensivo) y energía (-7,5%). Con el repunte iniciado el 1 de julio (Brent, +43%) vuelven a liderar energía (+15,6% frente a -0,8% Stoxx 600), bancos (+6,2%) y recursos básicos (+5,9%) frente a las mayores caídas en los sectores bienes de consumo (-8,6%), construcción (-8,5%) y viajes & ocio (-6,8%).
En este entorno mantenemos nuestra preferencia por bancos (con favoritos como Santander, Unicredit o Deutsche Bank) y sectores ligados al desarrollo de la IA como tecnología (ASML, Schneider, Merlin), industria (defensa como Indra) y utilities (Iberdrola, Redeia) y mantenemos neutral en energía (donde nos gusta Repsol) a pesar de la expectativa de mantenimiento de un crudo en niveles altos (al depender demasiado de lo que pase desde el punto de vista geopolítico). Podrían surgir oportunidades de rebote en sectores excesivamente castigados y desviados de su correlación media histórica como bienes de consumo (LVMH, L'Oréal) o autos (Mercedes, Cie Automotive) e incluso retail (Inditex), aunque esto se mezcla con otros factores fundamentales negativos (hábitos de consumo, competencia, desfase tecnológico según el caso...). Del mismo modo, atendiendo a correlaciones habría cierto riesgo bajista en telecom, química y alimentación.
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