La televisión ya había aprendido antes que una sola escena podía justificar presupuestos descomunales si servía para fijar una serie en la memoria colectiva: Game of Thrones quemó millones en batallas y dragones para redefinir la épica televisiva, Lost arrancó su historia con un piloto tan caro como arriesgado para “dejar clavado” al espectador desde el primer minuto, y Friends convirtió episodios especiales en auténticos eventos globales a base de cheques astronómicos. Por eso, lo verdaderamente sorprendente no es que una serie gastara mucho dinero en una escena clave, sino que una comedia pequeña y aparentemente barata como The Office decidiera hacerlo en “ese” instante.
La excepción millonaria. The Office se construyó siempre desde la contención presupuestaria, apoyándose en guiones, ritmo y personajes antes que en grandes despliegues técnicos, pero esa lógica se rompió de forma consciente con una escena concreta: la propuesta de matrimonio de Jim a Pam al inicio de la quinta temporada.
Lo que en pantalla parece un momento cotidiano, uno casi improvisado y sin artificios, acabó convirtiéndose en la secuencia más cara de toda la serie, un contraste deliberado entre sencillez narrativa y complejidad técnica.
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La propuesta más simple…. Y más cara. La escena que vamos a ver a continuación dura apenas 52 segundos y costó alrededor de la friolera de 250.000 dólares, una cifra totalmente desproporcionada para una comedia de oficina rodada casi siempre en interiores.
La intención original era que la propuesta de Jim Halpert a Pam Beesly surgiera en un lugar completamente ordinario y común de Estados Unidos como es una gasolinera de autopista, y lo era para reforzar la idea de que los momentos importantes no siempre ocurren en escenarios especiales. Precisamente esa normalidad fue la que obligó a una producción extraordinaria.
Veamos el momento:
Una autopista falsa en California. Rodar en una auténtica área de servicio de la Costa Este resultó imposible, en parte por restricciones de seguridad impuestas tras el atentado terrorista del 11-S, así que el equipo decidió reconstruirla desde cero en un aparcamiento de Los Ángeles.
¿Cómo? Al parecer, inspirándose en una parada real de Connecticut que el creador de la serie, Greg Daniels, conocía desde niño. El equipo utilizó imágenes de Google Street View para replicar cada detalle y luego levantó el decorado en apenas nueve días.
Camiones, lluvia y trucos invisibles. No solo eso. Para simular el tráfico real de una autopista, se construyó una pista circular de cuatro carriles alrededor del set por la que circularon coches y camiones a más de 80 km/h, vehículos conducidos por decenas de especialistas, de modo que el viento y el ruido fueran reales.
A ello se sumaron enormes máquinas de lluvia y un posterior trabajo digital para borrar montañas californianas y sustituirlas por árboles propios de la Costa Este, completando una ilusión que el espectador nunca debía notar.
Un decorado que no era lo que parecía. Además, la gasolinera que se ve en pantalla era, en realidad, casi plana: el interior del minimercado tenía apenas dos metros y medio de profundidad y muchos de los productos del fondo eran simples fotografías impresas y laminadas.
Tal y como contaba el autor Andy Greene en el libro The Office: The Untold Story of the Greatest Sitcom of the 2000s, todo estaba diseñado para engañar a la cámara, no para existir como un espacio funcional, reforzando la paradoja de una escena que aparenta ser la más realista y espontánea de la serie.
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Romanticismo sobre terreno tóxico. Como ironía final, el lugar elegido para levantar el set era ni más ni menos que un antiguo emplazamiento industrial con residuos tóxicos sellados bajo el asfalto, un detalle que no afectó al rodaje pero que añadía una capa más a la historia.
Con todo, para sus protagonistas, el recuerdo del rodaje de la escena en cuestión fue genuinamente romántico y el resultado encajó a la perfección con el tono de una serie única: un gran momento emocional escondido dentro de un escenario aparentemente insignificante.
Imagen | The Office
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La noticia
La escena más cara rodada en The Office dura 52 segundos y ocurre en un lugar insignificante. El truco: nada es lo que parece
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Xataka
por
Miguel Jorge
.
La escena más cara rodada en The Office dura 52 segundos y ocurre en un lugar insignificante. El truco: nada es lo que parece
La gasolinera que se ve en pantalla era, en realidad, casi plana
La televisión ya había aprendido antes que una sola escena podía justificar presupuestos descomunales si servía para fijar una serie en la memoria colectiva: Game of Thrones quemó millones en batallas y dragones para redefinir la épica televisiva, Lost arrancó su historia con un piloto tan caro como arriesgado para “dejar clavado” al espectador desde el primer minuto, y Friends convirtió episodios especiales en auténticos eventos globales a base de cheques astronómicos. Por eso, lo verdaderamente sorprendente no es que una serie gastara mucho dinero en una escena clave, sino que una comedia pequeña y aparentemente barata como The Office decidiera hacerlo en “ese” instante.
La excepción millonaria. The Office se construyó siempre desde la contención presupuestaria, apoyándose en guiones, ritmo y personajes antes que en grandes despliegues técnicos, pero esa lógica se rompió de forma consciente con una escena concreta: la propuesta de matrimonio de Jim a Pam al inicio de la quinta temporada.
Lo que en pantalla parece un momento cotidiano, uno casi improvisado y sin artificios, acabó convirtiéndose en la secuencia más cara de toda la serie, un contraste deliberado entre sencillez narrativa y complejidad técnica.
La propuesta más simple…. Y más cara. La escena que vamos a ver a continuación dura apenas 52 segundos y costó alrededor de la friolera de 250.000 dólares, una cifra totalmente desproporcionada para una comedia de oficina rodada casi siempre en interiores.
La intención original era que la propuesta de Jim Halpert a Pam Beesly surgiera en un lugar completamente ordinario y común de Estados Unidos como es una gasolinera de autopista, y lo era para reforzar la idea de que los momentos importantes no siempre ocurren en escenarios especiales. Precisamente esa normalidad fue la que obligó a una producción extraordinaria.
Veamos el momento:
Una autopista falsa en California. Rodar en una auténtica área de servicio de la Costa Este resultó imposible, en parte por restricciones de seguridad impuestas tras el atentado terrorista del 11-S, así que el equipo decidió reconstruirla desde cero en un aparcamiento de Los Ángeles.
¿Cómo? Al parecer, inspirándose en una parada real de Connecticut que el creador de la serie, Greg Daniels, conocía desde niño. El equipo utilizó imágenes de Google Street View para replicar cada detalle y luego levantó el decorado en apenas nueve días.
Camiones, lluvia y trucos invisibles. No solo eso. Para simular el tráfico real de una autopista, se construyó una pista circular de cuatro carriles alrededor del set por la que circularon coches y camiones a más de 80 km/h, vehículos conducidos por decenas de especialistas, de modo que el viento y el ruido fueran reales.
A ello se sumaron enormes máquinas de lluvia y un posterior trabajo digital para borrar montañas californianas y sustituirlas por árboles propios de la Costa Este, completando una ilusión que el espectador nunca debía notar.
Un decorado que no era lo que parecía. Además, la gasolinera que se ve en pantalla era, en realidad, casi plana: el interior del minimercado tenía apenas dos metros y medio de profundidad y muchos de los productos del fondo eran simples fotografías impresas y laminadas.
Tal y como contaba el autor Andy Greene en el libro The Office: The Untold Story of the Greatest Sitcom of the 2000s, todo estaba diseñado para engañar a la cámara, no para existir como un espacio funcional, reforzando la paradoja de una escena que aparenta ser la más realista y espontánea de la serie.
Romanticismo sobre terreno tóxico. Como ironía final, el lugar elegido para levantar el set era ni más ni menos que un antiguo emplazamiento industrial con residuos tóxicos sellados bajo el asfalto, un detalle que no afectó al rodaje pero que añadía una capa más a la historia.
Con todo, para sus protagonistas, el recuerdo del rodaje de la escena en cuestión fue genuinamente romántico y el resultado encajó a la perfección con el tono de una serie única: un gran momento emocional escondido dentro de un escenario aparentemente insignificante.