El informe PISA constata con datos que la escuela española definitivamente está igualando por abajo. Los alumnos empollones empeoran más del doble que los rezagados. Los de hogares ricos caen más que los de hogares pobres. Los inmigrantes llevan medio curso escolar de retraso respecto a los nativos y la brecha entre unos y otros se ha triplicado en tres años. País Vasco, la autonomía que más invierte en educación, es la que logra el peor rendimiento de sus estudiantes acomodados.
El think tankEsadeEcPol ha buceado en los microdatos de PISA relacionados con la igualdad de oportunidades, que son bastante desmoralizadores. Es verdad que la estadística de la equidad mejora, pero lo hace porque el alumnado de mayor nivel socioeconómico ha bajado el doble que el resto y se ha acercado más a los resultados del alumnado vulnerable, que ha caído también, pero en menor proporción. En otras palabras, la brecha se estrecha porque todos los grupos sociales están peor que hace tres años.
La tendencia de caída generalizada, especialmente en las rentas altas, es parecida en casi toda la OCDE, pero en España es más pronunciada. Lo que no es igual en otros países, y había pasado desapercibido en los datos que facilitó el organismo internacional la semana pasada, es que en PISA 2025 los alumnos con mejor rendimiento también salen peor que los demás.
Los estudiantes de percentil 99 -los de mejores notas- sacan 35 puntos menos en Lectura que en 2022, cuando se realizó la anterior edición PISA. Mientras, los de percentil 1 -las peores notas- obtienen 15,6 puntos menos. En la terminología de la OCDE, 20 puntos equivale a lo que se aprende en un curso escolar. Eso quiere decir que los empollones de 2025 llevan un curso y medio de retraso respecto a los de 2022. Mientras que los malos estudiantes de ahora van medio curso por detrás de los rezagados de hace tres años.
En otras palabras, el 1% más aventajado académicamente ha perdido 35 puntos, 13 más que el alumnado que está justo en el centro de la distribución y casi 20 más que el 1% con peor resultado.
«Todo el mundo está peor, pero están peor los que solían estar mejor», sintetiza la economista Lucía Cobreros, responsable de Investigación de EsadeEcPol y una de las autoras del informe. «Lo que es diferencial en España es que los alumnos de mayor rendimiento caen mucho más que el resto, mientras en la OCDE pierde todo el mundo y la gráfica es plana».
El estudio no incide en las causas de este fenómeno, que nunca se había visto antes. Pero Lucas Gortázar, director adjunto de EsadeEcPol, maneja la hipótesis de que la IA, que usan más los ricos, tenga algo que ver: «Una tecnología que llega primero a quienes más recursos tienen y que sustituye justo el esfuerzo que la escuela pretendía enseñar».
Coincide con él Antonio Cabrales, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Carlos III, aunque sospecha que «los padres con más alto nivel económico van a poner medidas para que sus hijos usen mejor estas herramientas». «Y tienen más recursos para conseguirlo», añade. «Así que apuesto a que la brecha no se consolidará».
Considera, en todo caso, que la IA puede mejorar la igualdad de oportunidades. Por ejemplo, a la hora de poner ejercicios de distinto nivel a los alumnos. «De la misma manera, antes un alumno sin recursos no se podía permitir un profesor particular. Y ahora una IA de las baratas ayuda mejor que muchos profesores particulares», apunta. «En principio, todo eso ayuda al ascensor social. Pero un uso de la IA sin control hace que deleguemos y reduce el esfuerzo necesario para aprender».
Jahel Queralt, profesora de Filosofía Política en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, asocia la caída más pronunciada de los alumnos de alto rendimiento al fracaso de la llamada «escuela inclusiva», que, sobre todo en Cataluña, optó por escolarizar en centros ordinarios a la mayoría de alumnos con necesidades de aprendizaje.
Este modelo «ha colapsado», en su opinión, por no ofrecer suficiente ayuda a los profesores. «Los centros se sienten desbordados porque atender adecuadamente a las necesidades de estos alumnos supone muchas veces no atender correctamente al resto. Y esto obliga a plantearnos qué requiere una educación justa, inclusiva e igualitaria», afirma la autora de Nadie merece nada. Por qué la izquierda necesita la meritocracia (Anagrama).
«Quizá no se trate de ofrecer a todos lo mismo, sino que cada alumno, con los recursos y el entorno que necesita, pueda aprender y desarrollar las capacidades que tiene, asumiendo que distintos alumnos tienen capacidades distintas», apunta, mostrándose partidaria de que la escuela dedique «más tiempo a quienes tienen dificultades», pero también «flexibilice el aprendizaje de quienes aprenden más rápido».
Esta edición de PISA revela curiosas paradojas. Por ejemplo, el País Vasco, la región que más invierte en educación, muestra el peor rendimiento delos alumnos con más nivel socioeconómico.
Y una más: en España las desigualdades que afectan a los inmigrantes son menores que en otros países, probablemente por el castellano como lengua común. Los extranjeros sacan 35 puntos menos en Lectura que los nativos, una brecha menor que la de la OCDE (44) y la UE (52).Cuando se descuenta el nivel socioeconómico, la diferencia se reduce hasta 15 puntos. Sin embargo, en estos tres años la brecha neta se ha duplicado y se ha ensanchado en la mayoría de comunidades autónomas.