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La España de Sánchez, con un pie a cada lado del orden mundial, hace equilibrios sobre los secretos de Zapatero y Delcy

La España de Sánchez, con un pie a cada lado del orden mundial, hace equilibrios sobre los secretos de Zapatero y Delcy
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Opositores venezolanos en España desvelan que Delcy Rodríguez y Vladimir Padrino López llevan meses "ofreciéndose a Trump, vía Qatar, para pilotar la transición" en Venezuela. Más información: Venezuela y Dominicana, los agujeros negros de Sánchez: del auxilio a Maduro a los vuelos del Falcon a Santo Domingo

Nicolás Maduro, Delcy Rodríguez, José Luis Ábalos y el expresidente Rodríguez Zapatero. Arte EE

Política La España de Sánchez, con un pie a cada lado del orden mundial, hace equilibrios sobre los secretos de Zapatero y Delcy

Opositores venezolanos en España desvelan que Delcy Rodríguez y Vladimir Padrino López llevan meses "ofreciéndose a Trump, vía Qatar, para pilotar la transición" en Venezuela.

Más información:Venezuela y Dominicana, los agujeros negros de Sánchez: del auxilio a Maduro a los vuelos del Falcon a Santo Domingo

Publicada 4 enero 2026 03:24h

Las claves nuevo Generado con IA

España mantiene una posición ambigua ante la caída de Maduro, priorizando la legalidad internacional y evitando celebrar abiertamente el fin del régimen venezolano.

El Gobierno de Sánchez es criticado por su prudencia diplomática y su falta de apoyo explícito a la oposición venezolana, mientras la oposición española exige mayor contundencia y coherencia.

La captura de Maduro por una operación estadounidense plantea dilemas sobre la soberanía, el derecho internacional y el papel de España en el nuevo orden mundial.

La relación de España con figuras como Zapatero y Delcy Rodríguez sigue generando sospechas y debates sobre antiguos vínculos con el chavismo.

Desde Madrid, el presidente electo, Edmundo González, anunciaba a los "venezolanos" de la diáspora que él y María Corina Machado están "listos para la gran operación de la reconstrucción de nuestra nación".

Y la ganadora del Nobel de la Paz proclamaba la llegada de "la hora de la libertad" desde un lugar del mundo.

A saber si ya en suelo de Venezuela, esperando la resolución de la intervención militar estadounidense. Porque fueron los propios yanquis los que la extrajeron de su escondite en Venezuela, hace menos de un mes, para acudir a Oslo.

Es paradójico que Edmundo González haya sido libre para oponerse a Nicolás Maduro desde España, y que el mismo Gobierno que le dio asilo hace 16 meses no fuera capaz de felicitar a Machado por el galardón.

Pero esa dicotomía se evidenció aún más este 3 de enero, cuando Pedro Sánchez y José Manuel Albares hacían equilibrios en sus primeras reacciones a la operación militar de Donald Trump en Caracas.

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El presidente español y su ministro de Exteriores pisaron terreno resbaladizo, ofreciendo sus "buenos oficios" para una "desescalada": ¿pesa más la libertad o el Derecho internacional? ¿la democracia o los intereses? ¿la historia compartida o la que se está creando en este nuevo orden mundial?

Un expreso político venezolano, camino de la concentración convocada en Sol, traducía los mensajes del Gobierno que los acoge en este análisis, plagado de preguntas:

¿De qué manera apoyar un ataque a otra soberanía, si España abandera el multilateralismo... aunque sea para hacer caer un régimen tiránico? ¿Y cómo condenarlo, aunque lo haga Trump?

¿Cómo no alimentar las investigaciones periodísticas y/o judiciales sobre lo de Plus Ultra y las maletas de Delcy (y los viajes de Koldo a verla), sin aparentar que apoyamos un régimen dictatorial? ¿Y cómo separarse del madurismo sin impulsar que Maduro busque un trato revelando y/o inventandoconexiones inadecuadas en España?

¿Y qué hacemos, enfocarnos en la tradicional esfera de influencia hispana, latina, iberoamericana? ¿O seguir mirando a los BRICS, como si de verdad fuésemos a poder jugar un papel de intermediario entre los dos nuevos polos del mundo? ¿No es casi lo mismo sus regímenes poco democráticos y la declinante democracia de EEUU?

En definitiva, añade un representante del entorno de Machado:

España acoge a Edmundo, ganador legítimo en las urnas frente a un tirano acusado de crímenes de lesa humanidad en la Corte Penal Internacional, pero el Gobierno de España no lo reconoce presidente electo...

España expide decenas (o cientos) de miles de visados a la diáspora venezolana, pero no aplaude el Nobel de la Paz a la líder (y algunas veces mártir) María Corina, que eligió quedarse para luchar desde la clandestinidad...

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¿Y se puede tener un pie en cada lado del orden mundial?, nos preguntamos.

Funtes del PP lamentan que, en un día como este sábado, 3 de enero de 2026, no ha importado la posición de España ni a los atacantes, ni a los atacados; ni a los críticos, ni a los alineados; ni a los libertadores, ni a los libertados.

Sánchez y Albares reaccionaron a la captura de Maduro subrayando la defensa de la "legalidad internacional", por encima de cualquier celebración abierta del fin de una tiranía que robó las elecciones del 28 de julio de 2024.

Y criticando implícitamente a Trump por atacar la soberanía venezolana, pero callando ante los reiterados ataques de Maduro a los derechos humanos.

"Fue Hugo Chávez el que entregó nuestra soberanía a los cubanos primero; a los rusos, después... y al terrorismo islámico finalmente", aclara Antonio Ledezma.

Hace apenas dos semanas, en su última entrevista, ya expresaba su pesar por "el cambio" de Sánchez, desde el apoyo a la democracia venezolana a su posicionamiento "con los dudosos intereses de Zapatero".

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Así, la prudencia diplomática de Moncloa se tornaba en "coartada moral". Porque sin condenar a ninguna de las partes, el énfasis sí que se puso en cuestionar el operativo de EEUU, no en recordar a las víctimas de un régimen que ha torturado sistemáticamente y desaparecido disidentes hasta ayer mismo, durante tres décadas.

Los líderes opositores venezolanos hallan una explicación de los equilibrios descompensados de Sánchez en los socios del Gobierno.

Todos ellos, de hecho, acusaron a EEUU de frente. Algunos llamaron a manifestarse ante la embajada este domingo. Y los más cercanos al chavismo, incluso, obviaron el narcotráfico desde Caracas (que sirvió de excusa a Washington) para acusar directamente a Trump de querer "robar" el petróleo de Venezuela.

Pero lo cierto es que sí hubo un cambio. En enero de 2019, Sánchez reconoció a Juan Guaidó como presidente encargado.

Pero un año después, se le dejó sin visita a Moncloa, y aterrizó en Madrid Delcy Rodríguez. Ella es hoy la presidenta encargada, tras la captura de Maduro Moros.

En medio, años de ambigüedad oficial frente al chavismo. Y muchos comunicados clamando a favor de unas negociaciones, auspiciadas por Zapatero, de las que la oposición democrática renegaba, como en estas páginas hizo Julio Borges, testigo de los "innumerables engaños" de Maduro, Delcy y Diosdado Cabello.

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Mientras Washington hace valer su derecho interno para sentar a Maduro en un banquillo de Nueva York, acusado de corrupción y narcotráfico, Moncloa prefirió debatir sobre formas antes que sobre fondo.

Y eso alimenta en la formación de Alberto Núñez Feijóo la sospecha de que el verdadero problema es el archivo de compromisos, silencios y negocios acumulados en una década de “comprensión” con el chavismo.

El PP fue mucho más asertivo, llamando a la "transición democrática" y la "liberación de los presos políticos". Y tal como explicaba Ledezma, no por la comodidad de ser oposición, "sino por compromiso real, ya lo hacían desde el Gobierno", con Mariano Rajoy.

Los populares acudieron este mismo sábado a la concentración por la liberación de Venezuela, convocada en Sol ya caída la noche. Y su dirección confesaba a este diario que añadiría otra batería de preguntas al interrogatorio ya preparado a Zapatero para su inminente comparecencia en la comisión Koldo del Senado.

La extracción de Caracas de Maduro y su esposa, Cilia Flores, no ha sido "un rayo en cielo despejado", según el presidente del Tribunal Supremo venezolano en el exilio, Miguel Ángel Martín. Trump llevaba años preparando el terreno para este desenlace.

No pudo en su primer mandato, pero esta vez no se le escapó. "Y lo hace él solo", explica el jurista a EL ESPAÑOL. "Ningún político venezolano está detrás, es él quien nos libera".

La clave está en el día siguiente: quién se hace cargo del caos en Caracas y cómo se encaja jurídicamente algo que, en términos de derecho internacional, se parece demasiado a un secuestro de Estado. Pero que, paradójicamente, puede sostenerse dentro de la legalidad interna estadounidense.

Lo primero tiene una posible respuesta en la reunión que mantenían este sábado noche la heredera Delcy y Vladimir Padrino López, todavía ministro de Defensa. "Llevan tiempo ofreciéndose a Trump, vía Qatar, para pilotar la transición", explica Martín Tortabú.

Y aunque Trump se niega públicamente a que el "chavismo permanezca", la operación precisa de estabilización. Sobre todo tras descartar el propio presidente estadounidense a Edmundo y María Corina.

"Ella no le citó en su comunicado" del sábado, explica Tortabú. "Trump los ha dado de baja, como quien dice".

En cuanto a la legitimidad del juicio a Maduro en Nueva York, la arquitectura legal de EEUU ampara que la Corte se desentienda del modo en que se llevó a cabo la detención.

La doctrina Ker‑Frisbie que se consolidó entonces es brutal en su sencillez: al tribunal le importa que el acusado esté físicamente ante el juez, no cómo ha llegado hasta allí. La jurisdicción no se contamina por la irregularidad de la captura.

El precedente es el caso de Alvarez‑Machain, en 1992, cuando el Tribunal Supremo estadounidense avaló juzgar a un médico mexicano secuestrado en Guadalajara por contratistas de la DEA y trasladado a Estados Unidos.

Las protestas diplomáticas de México entonces, como las que Caracas y sus aliados exhiben ahora, como Gustavo Petro en Colombia, se gestionan en otro plano, el político. En el que Trump no responde ante nadie.

Trasladado Maduro, el esquema se repite. Desde la óptica interna de EEUU, existe un cúmulo de cargos por narcotráfico y narcoterrorismo con base en estatutos de alcance extraterritorial, listos para sostener la acusación.

"La legalidad internacional se la saltan", apunta un diplomático español con experiencia en Washington. "Pero la ley americana la cumplen escrupulosamente". El foco estará en las pruebas, no en el operativo.

Pero es cierto que ordenar la entrada de tropas o comandos en territorio soberano extranjero para capturar al jefe de Estado de facto constituye un precedente difícil de asumir. El uso de la fuerza contra la integridad territorial y la independencia política de Venezuela se podrá celebrar en las calles pero, ¿en las cancillerías?

La Carta de la ONU, en su artículo 2.4, prohíbe precisamente ese recurso a la fuerza salvo dos excepciones: autodefensa frente a un ataque armado o mandato del Consejo de Seguridad. Ninguna de las dos encaja fácilmente con un operativo, oficialmente, contra el jefe de un cartel de la droga, el de Los Soles.

Solo un consentimiento claro de un gobierno venezolano reconocido, el de Edmundo González, y sin objeción del poder efectivo podría cambiar el cuadro.

El presidente electo no apoyó públicamente una intervención, pero tampoco la rechazó... y falta saber si Delcy Rodríguez será una gestora temporal con un acuerdo de facto.

Feijóo y la dirección del PP han sido taxativos en presentar el día de la caída de Maduro como una buena noticia para la libertad en Venezuela y una mala jornada para quienes blanquearon al régimen.

"La foto es como la de Sadam Husein", celebraba un opositor venezolano, "y eso vale simbólicamente".

Miguel Tellado, en un mensaje pensado tanto para Caracas como para Ferraz, recordaba que el pueblo venezolano dio la victoria a la oposición y que fue Maduro quien se aferró ilegítimamente al poder, con fraude, persecución y complicidades externas.

Es más, recordaba que "Sánchez sacó al presidente electo de Caracas y Trump ha sacado al usurpador Maduro".

El PP reivindica una línea de coherencia: años denunciando la "narcodictadura" y el papel de quienes la sostuvieron desde dentro y desde fuera.

Y acusa al Gobierno de Sánchez de cobardía y de haber eludido la responsabilidad histórica de España con Venezuela.

El contraste no es sólo jurídico, sino moral y político, recuerdan los populares: "Zapatero estará hoy más nervioso, y Sánchez también".

  1. Partido Popular (PP)
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