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La espada de Damocles de los sistemas sanitarios públicos

La espada de Damocles de los sistemas sanitarios públicos
Artículo Completo 1,201 palabras
LA TRIBUNA La espada de Damocles de los sistemas sanitarios públicos

Juan de Dios Colmenero Castillo

MÉDICO

Miércoles, 18 de febrero 2026, 01:00

... más claridad que sobre ellos, especialmente aquellos universales y financiados exclusivamente en base a los presupuestos generales del estado (modelo Beveridge), pende una amenaza constante propia de las grandes estructuras sometidas a un crecimiento y presión continuas.

Para resolver problemas complejos, y la crisis sanitaria actual sin duda lo es, resulta vital no perder la perspectiva. En algunos sectores políticos, profesionales y medios de comunicación se ha instalado la idea irreductible de que la crisis del SNS es debida exclusivamente a una reducción progresiva de su financiación, junto a una mala gestión. Los más maniqueos incluso aseguran que en el fondo existe una operación encubierta de privatización del sistema. Quizá convenga recordar a los que así piensan que; saber simplificar las cosas complejas es de sabios, pero simplificarlas en demasía suele ser de ignorantes.

Asumiendo que cualquier financiación o modelo de gestión es potencialmente mejorable, no existen datos sólidos que permitan afirmar que la financiación del SNS se haya reducido

El informe anual publicado por el Ministerio de Sanidad hace escasas semanas refleja con claridad que en los últimos cinco años el porcentaje de ciudadanos que piensan que nuestro SNS funciona bien o bastante bien ha descendido del 72.1% al 55% y que este deterioro es especialmente evidente y preocupante en la asistencia hospitalaria ambulatoria (demora en la consulta con especialistas y realización de pruebas diagnósticas) y en la Atención Primaria.

Asumiendo que cualquier financiación o modelo de gestión es potencialmente mejorable, no existen datos sólidos que permitan afirmar que la financiación del SNS se haya reducido, que los gestores sanitarios del país sean uniformemente incompetentes, ni que las diferentes administraciones intenten privatizar el sistema subrepticiamente. Como pragmáticamente aconsejaba Bertrand Russell, «de vez en cuando, es saludable colocar un signo de interrogación en las cosas que durante mucho tiempo hemos dado por sentadas».

Según los datos publicados por el Ministerio de Sanidad referidos al conjunto del estado, en el último quinquenio analizado (2018-2022), el gasto sanitario público en España se incrementó un 28.4%, pasando de 77.372 a 99.347 millones de €, el porcentaje de gasto respecto al PIB pasó del 6.43% al 7.38% y el gasto medio por habitante aumentó un 25.5%, pasando de 1.656 a 2.029 €. Adicionalmente, ni considerado globalmente, ni por Comunidades Autónomas, el porcentaje de gasto sanitario público invertido en conciertos con sector privado ha variado significativamente, de hecho, en el quinquenio analizado por el Ministerio de Sanidad, globalmente incluso ha descendido pasando del 11,2 al 8.6%.

Si la profunda crisis del SNS no puede explicarse exclusivamente en base a recortes en la inversión o privatización encubierta, ¿cuál podría ser la principal variable de la ecuación que no se está considerando? Actualmente existen múltiples evidencias que sugieren que la espada de Damocles de la Sanidad Pública estriba en la divergencia progresiva existente entre los presupuestos del SNS, los cuales crecen de forma aritmética y los costes derivados de los continuos avances tecnológicos asumidos, que lo hacen geométricamente.

Estudios recientes estiman que la mera incorporación de los avances tecnológicos existentes en el ámbito de la salud absorbe anualmente entre un 30% y un 66% de su incremento presupuestario, lo cual impide adjudicarlo a otros capítulos. A modo de ejemplo, en España, durante el quinquenio 2018-2022, exclusivamente de la mano de los nuevos fármacos inmunomoduladores, antivirales sistémicos y terapias oncológicas, el gasto farmacéutico hospitalario se incrementó casi un 40% pasando de 6.944 a 9.606 millones de €, tendencia que persiste en el momento actual.

Además de avances farmacológicos muy relevantes, en la actualidad disponemos de técnicas diagnósticas moleculares, pruebas de imagen, procedimientos de radiología intervencionista, equipos de soporte mecánico cardiopulmonar y ventilación mecánica no invasiva, cada vez más sofisticados. Se incrementa el uso de equipos de cirugía robótica, desfibriladores automáticos implantables, biosensores capaces de controlar parámetros clínicos o bioquímicos a distancia, sin olvidar las técnicas de secuenciación masiva y las nuevas terapias génicas que probablemente revolucionarán el abordaje de muchas enfermedades.

La incorporación de avances tecnológicos ha generado un incremento continuo de la cartera de servicios del SNS, y disparado las expectativas de los ciudadanos, los cuales son ajenos al fuerte impacto económico que de ello se deriva, no solo por su alto coste inicial, sino por los recursos de personal, infraestructuras y material necesarios para su mantenimiento.

Ciertamente la tecnología permite diagnosticar y tratar cada vez mejor a más pacientes complejos. No obstante, muchos miles de estos pacientes; trasplantados, sometidos a cirugías complejas, pacientes con terapias inmunomoduladoras, oncológicas, antivirales o dirigidas a enfermedades neurodegenerativas, requieren un seguimiento continuo en el hospital, lo cual satura progresivamente las consultas de especialidades y los servicios de apoyo al diagnóstico, generando un embudo que demora las listas de espera de los nuevos pacientes que acceden al sistema. La consecuencia final de la incorporación continua de avances tecnológicos, la inmensa mayoría de los cuales son de base hospitalaria, es la descapitalización de la Atención Primaria, pieza clave en la vertebración de cualquier sistema sanitario con vocación de accesibilidad, coordinación y continuidad asistencial.

Tras la aprobación de la Ley General de Sanidad en 1986, el SNS navegó viento en popa durante un tiempo. En 2003 la Ley de Cohesión y Calidad del SNS intentó, sin éxito, corregir las primeras desviaciones. En el momento actual, profundos cambios económicos y culturales han dibujado una sociedad con diferentes valores, formas de vivir y de percibir la salud, lo cual plantea nuevos retos. Llagados aquí cabe preguntarse: ¿Hasta dónde puede un sistema sanitario universal asumir tecnologías médicamente posibles, pero cada vez más costosas? ¿Cuándo se asumirá la responsabilidad de informar trasparentemente a la ciudanía del reto de sostenibilidad al que se enfrenta el sistema? ¿Qué medidas se plantea adoptar para garantizarlo?

Hace 15 años el Libro Blanco de la Sanidad ya planteaba que, para asumir estos retos en un sistema tan descentralizado como el SNS, es necesario que el Consejo Interterritorial de Sanidad y el Fondo de Cohesión recuperasen las funciones para las que fueron creados y que sus acuerdos tuvieran carácter vinculante. Si no somos capaces de lograr esto y alcanzar un Acuerdo de Estado al respecto, la espada de Damocles sobre SNS seguirá pendiendo de un hilo.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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