Susana García Bujalance, arquitecta, urbanista y directora del estudio Laboratorio de Urbanismo
«La expulsión del centro no se puede evitar, pero sí se pueden paliar los efectos sobre los vecinos desplazados»Málaga atrae nuevos habitantes que suplantan a los previos por su mayor renta: es el fenómeno que invita a gestionar
Regala esta noticia Añádenos en Google Susana García Bujalance posa en la plaza de Félix Sáenz de la capital. (Federico Iglesias) 06/06/2026 Actualizado a las 00:46h.Susana García Bujalance es arquitecta, urbanista, directora del estudio Laboratorio de Urbanismo y también es docente en la UMA. En esta entrevista analiza la situación ... de Málaga, sobre todo la capacidad de atracción que ejerce sobre personas con mayor poder de compra que desplazan a los vecinos locales, lo que considera que es inevitable, pero también gestionable, no por las ciudades en solitario, pero sí con su empuje y en colaboración con el resto de administraciones.
–¿Urbanísticamente o como ciudad? Porque son dos cosas distintas: el urbanismo es la disciplina, la ciudad es la realidad que vivimos. Urbanísticamente Málaga responde a una lógica administrativa, burocrática, legislativa, como todas las demás ciudades. Y, en este sentido, está mal, porque tenemos déficit de funcionarios y de una administración que sea realmente operativa. Y, en cuanto a ciudad, la definiría como una ciudad pequeña, pero que está sometida a unas dinámicas globales que quizás no sufren urbes más grandes. Málaga es una de esas ciudades donde se producen encuentros, donde la gente quiere ir no solamente a buscar una oportunidad laboral, sino también porque aquí es donde suceden cosas. Así que creo que lo que estamos experimentando es un problema de reajuste de una ciudad que es relativamente pequeña pero que está sometida a dinámicas globales.
–¿Cómo abordar ese ajuste?
–No es fácil. Hay que intentar comprenderlo desde distintas perspectivas, no sólo desde la económica, también desde la cultural, la social, la ambiental, teniendo en cuenta la innovación, la movilidad y las infraestructuras. Las soluciones que se le pueden dar a una ciudad como Málaga, con tanta intensidad en su actividad, en su movimiento, no son sencillas. Siempre uso la misma metáfora: la ciudad es como un 'blandiblú' o un 'slime', como lo llaman ahora los jóvenes; si la quieres sujetar tienes que estar moviéndola constantemente, tienes que estar haciendo siempre reajustes. No se puede solucionar el problema de una ciudad como Málaga con una espada de matar, porque está vivo y se mueve. Por eso también creo que es importante escuchar a todos los actores, integrando sus opiniones y soluciones.
–Hablando de los actores de la ciudad: ¿Málaga es un lugar amable para quienes lo habitan? Se puso de moda lo de la ciudad de los quince minutos y la conveniencia de que las urbes fueran caminables. ¿Málaga lo es?
–El concepto de la ciudad de quince minutos que puso sobre la mesa el arquitecto francés Carlos Moreno, más que una propuesta, es una descripción de las ciudades en las que una persona puede acceder a la mayor parte de los servicios en un cuarto de hora caminando o moviéndose en transporte público o en bicicleta, y eso todas las ciudades mediterráneas y casi todas las europeas lo son. Otra cosa es que al crecer a partir de los años setenta y ochenta lo hayan hecho favoreciendo el transporte privado porque la gente buscaba huir de la ciudad y la utopía de vivir en el campo en una vivienda unifamiliar, lo que consume mucho suelo, muchos recursos y exige de una infraestructura muy intensa. Eso es lo que genera la distorsión. Pero si pensamos en Málaga, teniendo en cuenta que tampoco creció demasiado, podemos considerarla una ciudad de quince minutos: puedes ir en ese tiempo caminando o en autobús a un centro de salud, a comprar el pan, a encontrarte con gente y tener actividades sociales; hay colegios, hay tiendas, hay bares, hay parques...
–Pero no puedes ir a trabajar.
–Si trabajas en un Google, no vas a tener uno cada quince minutos. El trabajo responde a otras dinámicas, y Málaga está inmersa en unas dinámicas que son globales. Entonces, obviamente no todo el mundo puede tener el trabajo a quince minutos, eso es una obviedad. Cuando no respondes con transporte público de calidad a esas dinámicas de movilidad que exige esa ciudad cada vez más grande, surgen los problemas.
«Ser mujer conlleva un temor a que te vayan a violar y eso condiciona la manera de utilizar la calle»
–Muchas personas, sobre todo mujeres, que viven en el Oeste y trabajan en el Este, tardan mucho más de esos quince minutos.
–Respecto a las mujeres, ese es otro de los planos de la cuestión. Ellas son las que se ocupan mayoritariamente de las tareas de cuidado, ya sea dentro del ámbito familiar, ya sea porque son contratadas para ello. Las labores de cuidado no están igual de valoradas que ser el CEO de Google y, claro, no te pagan igual, y sin embargo, tienes que ir de una punta de la ciudad a la otra trabajando por horas y usando un sistema de transporte público que no ha sido pensado para ir de un barrio residencial a otro, sino para ir al centro, a la Universidad o al Parque Tecnológico, es decir, para un trabajo remunerado que no tiene que ver con los cuidados, sino para la hostelería o la innovación. Por otra parte, cuando en una familia no hay recursos económicos suficientes para que haya varios coches, si el hombre es quien lo usa, y la mujer, además de trabajar, tiene que atender otras actividades, como recoger al niño, llevar a la niña a inglés, ir a visitar a su madre y de paso hacerle la compra y acompañarla al centro de salud, se mueve con mucha más dificultad. Sus movimientos son poligonales, frente a los pendulares que son los que tradicionalmente se vinculan a los hombres: de casa al trabajo, del trabajo a casa, y como mucho pasando por el gimnasio. Son muchos los elementos que hay que incorporar para tener una comprensión amplia de la ciudad y la perspectiva de género es fundamental.
comentarios Reportar un error