«Es raro, muy raro. Que dos personas se mueran a la vez y que además los cuerpos aparezcan tirados uno sobre el otro en la calle... Es muy raro».
Ramón, de 59 años, y Luis, de 57, aparecieron muertos a primera hora del domingo frente a la vivienda del segundo, el número 11 de la calle Santa Teresa de Veguellina de Órbigo (León). Un empleado de la panificadora que hay enfrente encontró los cadáveres, explica a este diario el vecino que antes manifestaba su desconcierto por la extrañeza de las muertes. Este trabajador llamó al 112 para comunicar el hallazgo y pedir ayuda a las 06.44 horas exactamente. «Dos personas excelentes, muy buenas, muy nobles, pero que no han sabido afrontar la vida», decía ayer este vecino sobre los fallecidos, a quienes unía una relación de amistad.
La composición de lugar que se han hecho en el pueblo sobre lo ocurrido es que Ramón, de 59 años, y Luis, de 57, habían pasado el sábado juntos en los bares de la localidad, se habían marchado a casa de Luis probablemente con la idea de tomar allí la última y habían caído muertos antes de cruzar la puerta. Lo que los tiene a todos con la cabeza echando humo es qué los mató. «A mí me dijeron: 'Yo creo que lo que ha pasado es que Ramón se pudo caer y se rompió el cuello y a Luis, que era muy grandote, le pudo haber dado un ataque al corazón. A no ser que sea un caso de sobredosis'», dicen en el pueblo.
Ramón, de 59 años.Las especulaciones alcanzaron otra dimensión cuando trascendió que el sábado se había hallado el cadáver de una mujer en una vivienda de Villarejo de Órbigo. Varios medios locales, citando a Ical, agencia de noticias de Castilla y León, referían que Subdelegación del Gobierno en León, en espera de la confirmación de la autopsia, atribuía en principio la muerte a una posible «mezcla de medicación, alcohol y otras drogas». Aunque Veguellina de Órbigo tiene unos 2.000 habitantes pertenece al municipio de Villarejo de Órbigo, que solo tiene 270. A ambas localidades las separa un kilómetro de distancia, por lo que enseguida se relacionaron las tres muertes, poniéndose el foco en un supuesto consumo de estupefacientes como causa de las mismas.
La alarma acabó de prender definitivamente ayer lunes cuando un medio local informaba de que una joven de Villamanín, a unos 90 kilómetros de distancia, había ingresado grave en el hospital con la misma patología que los tres fallecidos en Veguellina y Villarejo y que se empezaba a barajar la hipótesis de que circulara una partida de cocaína adulterada.
Luis, de 57 años.«Ni Guardia Civil ni Policía Nacional están realizando ninguna investigación de partida de droga adulterada», salía al paso la Subdelegación del Gobierno en un comunicado en el que explicaba además que las autopsias preliminares realizadas a los tres fallecidos no se habían apreciado «indicios de muerte violenta ni conexión entre ambos sucesos». «Guardia Civil intervino hoy a las 09.00 horas para prestar un auxilio sanitario de una persona trasladada al Hospital de León por medio de ambulancia. No es competencia de esta Subdelegación ni de Guardia Civil informar sobre su estado», decía sobre la atendida de Villamanín.
Faltan, en cualquier caso los resultados de los análisis toxicológicos, que determinarán si los fallecidos habían tomado algún tipo de sustancia y cuál. En cualquier caso, la mujer fallecida el sábado en Villarejo, cuya identidad no ha trascendido, no tenía relación alguna con Ramón y Luis, aseguran en el pueblo, donde descartan totalmente que pudieran conocerse o haber pasado el sábado juntos. La fallecida se había mudado hace poco a Villarejo y su cuerpo ha sido trasladado a su localidad de origen.
En Veguellina no es que fuera esperada la muerte de Luis, pero tampoco ha sido una sorpresa mayúscula. Divorciado y con dos hijas, tenía muy buena reputación como oficial calderero, aunque ahora se encontraba de baja. Su estado físico y psíquico iba y venía, explican. «Llevaba mala vida desde hace tiempo. Hace un año y medio se puso otra vez súper bien, en forma, de gimnasio, pero luego volvió a engordar y a beber. Yo no diría que era alcohólico pero que sí que tuvo momento de contacto con el alcohol y de las drogas».
En las fotografías que se han tomado de su casa tras el suceso llama la atención la botella de ron, la lata de cerveza y el mechero que se ven en el alféizar de la ventana junto a la cinta con la que Guardia Civil precintó la vivienda.
«Lo del otro chico ha sido más inesperado, nunca se pensó que iba a sucederle algo así», dice sobre Ramón, de 59 años, quien estaba casado y tenía dos hijos y a quien describen como «educadísimo». Era muy conocido en Veguellina de Órbigo por haber regentado con su esposa durante tiempo el estanco de la localidad. En la actualidad, trabajaba en una empresa de envasado de legumbres en la localidad. «Lo de Luis Alberto era más esperado; los dos, inesperado, y los dos a la vez inesperadísimo», transmite un vecino el desconcierto de todo el pueblo.