Domingo, 01 de marzo de 2026 Dom 01/03/2026
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Política

La guadaña de Abascal

La guadaña de Abascal
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Vox está en estado de gracia. Las consecuencias que dedujimos de sus consideradas erráticas decisiones han sido refutadas. Vox no es lo que la corriente de pensamiento dominante quiere que sea. Vox es Abascal y cuatro más. Y no se dejan arrastrar en ninguna dirección distinta de la que ellos fijan: son dogmáticos y autónomos respecto de la opinión publicada. Vox se define en su web como "la España que no necesita mirar encuestas ni leerse un periódico para saber cuál es el discurso de moda". Abascal se siente cómodo con el rol de derecha intransigente que él y los suyos asocian con insobornable.

Una de las dudas es si cinco serán suficientes para lograr sus elevados objetivos, que además, a veces, parecen contradictorios: acabar con Sánchez como patriótica responsabilidad o derribar a Feijóo para labrarse un futuro como fuerza hegemónica de la derecha. El primer propósito ata su destino al PP; el segundo liga su destino a Sánchez y tiene un recorrido más espinoso, largo y arriesgado. Vox se conduce en el alambre y le va bien [unos dirán que sorprendentemente; otros, que a Podemos también le fue bien].

El PP asume el principio de realidad y parece aprender a manejar su dimorfismo: rivalizar con Vox, pactar con Vox. Que Feijóo no extienda a Vox el cordón sanitario no extravía a Abascal, que se cree reforzado. Además, permite al propio Feijóo no usar el cordón como soga; pues el objeto real de ese cordón sanitario es, primero Feijóo y luego el PP. Sin Vox -sin su apoyo explícito o consentimiento implícito-, no habrá alternancia.

A Vox no le pasó factura ni el abandono de los gobiernos autonómicos, ni la purga de sus mejores -que sólo se lo parecieron a la corriente de pensamiento dominante cuando los expulsaron- ni su ingreso en el grupo de Orban y Le Pen en el Parlamento Europeo. Asimismo, leímos mal las razones de sus giros. Probablemente, el motivo para abandonar los cargos regionales tenía algo que ver con el desgaste que le podía provocar el desempeño institucional y mucho que ver con el que le podía generar a su secretario general la emergencia de baronías con poder territorial. Abascal interpretó una incompatibilidad: las coaliciones regionales debilitaban la verticalidad del partido y su 'incorruptible' estrategia. O sea, que el potencial de Vox está supeditado a su condición de partido centralizado.

La fuerza de Vox radica en la marca y en el hiperliderazgo, no en los candidatos regionales, cuadros, densidad organizativa y poder institucional. Vox es una candidatura únicamente nacional que compite en las autonomías para condicionar las agendas y políticas de los partidos adversarios. Según la última encuesta para EL MUNDO, Vox es el partido con mayor fidelidad. Las purgas le pasan dañan un poco, pero lo mismo que pierde hacia el PP, el 4,5% de sus votantes, lo gana del PSOE. Además, del PP recibe mucho más de lo que le transfiere. La 'lepenización' de Vox consiste mostrarse como un partido de clases medias amenazadas en ciudades medias y pequeñas pauperizadas. El coste de la vida -asociado a la corrupción y percepción sobre la seguridad en los barrios- preocupa más que la fortuna y porvenir de unos cuantos cuadros regionales. Vox no es lo que era pero se parece mucho a lo que será.

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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