Los agentes rastrean los bastidores de los vehículos en medio del arrasado Paraje el Curato y las casas con piscina vacías de vida
Regala esta noticia Añádenos en Google El lugar en el que algunas de las víctimas se quedaron atrapadas. (A. S.)Bédar (Almería)
11/07/2026 a las 20:13h.Cenizas que lo asfixian todo, puertas abiertas de par en par y el rastro indeleble de una huida a la desesperada. En este escenario devastado ... tras el voraz paso del fuego por el noroeste de la provincia de Almería, los investigadores de la Guardia Civil se enfrentan a una tarea excepcional: realizar una suerte de autopsia a los vehículos calcinados para tratar de identificar a las doce víctimas mortales registradas por ahora. El estado en el que fueron hallados los cuerpos hace imposible recurrir a los procedimientos habituales, por lo que cada coche se ha convertido ahora en una pieza clave para devolver su nombre a quienes murieron atrapados por las llamas.
El fuego originado el jueves por la tarde en la localidad de Los Gallardos ha quemado ya más de 6.000 hectáreas, además del coste irremediable de las existencias segadas. El paisaje al noroeste de este municipio, en la zona de Bédar, es desolador. Las llamas y las cenizas tiñen ahora el espacio que antes ocupaba la vegetación. Las casas se han quedado desérticas. Puertas abiertas, coches y motos dejados a su suerte. Prueba de que los vecinos salieron a la carrera ante el horror de las llamas. La peor parte ahora está en en esta localidad, donde todos los vecinos han sido desalojados y los equipos de emergencias centran las tareas de extinción. La zozobra se mantiene entre los evacuados, que abandonaron sus viviendas precipitadamente sin margen para poner a salvo sus pertenencias.
Pruebas de vida
Dentro de esta localidad, en el Paraje el Curato y a distancia de la llegada -vetada- de cualquier visitante, trabaja la unidad científica de la Guardia Civil. Son seis casas donde todavía quedan pruebas de la vida que se disfrutaba antes de que las llamas obligasen a sus ocupantes a salir con lo puesto; esa moto o ese coche que se han quedado allí puede que para siempre o varios sofás exteriores cuyos cojines han sido reducidos a cenizas. La vivienda que se encuentra más al oeste es la que se ha llevado la peor parte. Las ventanas y los techos están completamente destrozados. Dentro, todavía hay puntos de los que sale algo de humo. Los vestigios que allí permanecen revelan el apresuramiento de sus ocupantes, obligados a dejar atrás sus bienes cotidianos en una huida, despavorida, contra el reloj.
El estado de los cuerpos obliga a la Guardia Civil a rastrear los bastidores para poner nombre a las víctimas
Avanzando por el único camino que tiene la zona, a unos 300 metros de la vivienda descrita, se llega a la última de las casas que conforman el Paraje el Curato. Pese al calor y las llamas, la piscina sigue llena de agua, aunque por encima flota ahora una capa de cenizas que el viento ha ido arrastrando. Conmueve imaginar el gozo de los días de verano antes de la tragedia sobrevenida. Los toldos que antes usaban sus ocupantes para cubrirse del sol han quedado limitados a unas simples estructuras metálicas. Las verjas de madera que rodeaban la vivienda han desaparecido casi por completo. Quedan algunas estacas tiradas en el suelo. Pero además del desastre que han dejado las llamas en todo lo que alcanza la mirada, esta zona del municipio de Bédar se ha convertido en una persistente caldera en la que el olor a quemado obliga a ponerse una mascarilla y con temperaturas superiores a los 40 grados.
- Una de las piscinas llena de la ceniza que ha dejado el incendio. (Almudena Santos) La entrada a una de las casas en el Paraje el Curato. (Almudena Santos) Dentro de algunas de las casas todavía quedan pequeños focos calientes que desprenden humo. (Almudena Santos) El exterior de una de las casas que se vio afectada por las llamas. La cubierta de la infraestructura quedó completamente destrozada por las llamas. (Almudena Santos)
Tras dejar atrás esta última vivienda, en medio de una silenciosa soledad, es posible adentrarse en un camino agrícola. Es el que utilizaron siete de las doce víctimas del incendio, uno de los tres peores desde que hay registros y a la espera de su balance concluyente. Allí, a aproximadamente medio kilómetro de la casa, se sitúa el punto en el que los agentes de la Guardia Civil llevan horas trabajando para intentar poner nombre a los muertos. Ante la imposibilidad de los forenses de identificar a las personas que perdieron la vida abrasadas por las llamas, los agentes del instituto armado realizan una minuciosa inspección a los vehículos implicados para ver si de esta manera dan con los dueños y, así, pueden hallar el hilo del rastro hasta los familiares.
Sin rastro
A las 14:00 horas de este sábado de julio teñido de luto, los especialistas ya han logrado hallar el número de bastidor de tres de los coches. El cuarto es tarea más complicada: se trata de un vehículo eléctrico, el material es distinto, según constatan en la Guardia Civil. Y aunque durante la tarde continuaban los denodados trabajos para tratar de hallar alguna pista, el nivel de calcinación de los coches es tal que los efectivos tienen pocas esperanzas en poder seguir avanzando por ese camino. No es solo la placa. Tampoco hay rastro de la matrícula, de los cristales del automóvil o de cualquier color que indique algo. Las lenguas de fuego arrasaron con todo a su paso, sin piedad.
Según la reconstrucción inicial del desastre, un grupo de víctimas que evacuaron la zona desoyó las indicaciones y condujo su coche por una pista agrícola sin salida. El avance extremadamente rápido de las llamas-consecuencia de las fuertes rachas de viento-, la compleja orografía -los caminos trazan complejas curvas que complican la circulación a más de 30 kilómetros por hora y que no cuentan con señalética en la mayor parte de las rutas- y el agobio que tuvo que embargar a quienes huían fueron un cóctel fatal. La combinación mortal de la catástrofe.
María y Agustín frente a la puerta de su casa. (Almudena Santos)La autovía, el cortafuegos de Los Gallardos
A solo unos kilómetros de donde se encuentra ahora lo peor del incendio, pero protegidos al otro lado la autovía, los vecinos de Los Gallardos señalan esta infraestructura como el cortafuegos definitivo que ha salvado al municipio y lo que les permite sobrellevar ahora el horror con cierta calma. Un grupo juega al póker en un bar, otro se reúne para una comida de amigos... Eso sí, cuando salen a la calle, ninguno puede evitar elevar la vista a los aviones y helicópteros que sobrevuelan la zona.
«La autovía es la clave para que las llamas no lleguen», dan fe María y Agustín, un matrimonio afincado allí desde hace 60 años. Sentados en sillas en la puerta de su casa, contemplan el paso de vehículos: «Estamos tranquilos. Se nos ha quemado un terreno con un almendro y un olivo, pero no nos preocupa. La templanza llegó el sábado tras el miedo del jueves: «Nos dijeron que no podíamos salir de casa y por la ventana vimos todo lleno de humo y cenizas; dejamos preparada ropa por si teníamos que salir corriendo». María confiesa haber rezado «todas las noches».
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