Ocurrió el 30 de agosto, aunque la Guardia Civil no lo hizo público hasta el 9 de septiembre. La central de alarmas avisó de un robo en curso en una vivienda de Corral de Almaguer (Toledo). Una patrulla de la Guardia Civil, reforzada por agentes de la Policía Local, llegó en minutos y sorprendió a uno de los presuntos ladrones saltando de tejado en tejado y colándose por los patios de las casas colindantes, en una huida que recorrió buena parte del casco antiguo del pueblo. Parece un noir, con sombras corriendo sobre la loza roja en plena noche.
Pero lo mejor llega al final. La persecución terminó en una zona sin salida. Acorralado, el joven sacó de entre la ropa un bastón-estoque e intentó atacar a los agentes. La pieza, especialmente ornamentada, tenía más pinta de atrezo de Arsène Lupin o del profesor Moriarty que de arma de pueblo. Los agentes lo redujeron por la fuerza. Y en el forcejeo resultaron heridos dos guardias civiles y un policía local. Dentro de la vivienda y en los alrededores, los agentes localizaron además distintos efectos ya reunidos, listos para sacarlos del domicilio.
Qué es exactamente un bastón-estoque: no es un cuchillo ni una navaja, es un bastón corriente que esconde una hoja fina en su interior, oculta bajo el puño o el regatón, y pensado precisamente para pasar desapercibido. El objeto tiene siglos de historia como accesorio de caballero: en el siglo XIX era casi de etiqueta entre la burguesía europea, un complemento elegante con truco incluido. Pero condenable.
El Reglamento de Armas lo cataloga de forma expresa como arma prohibida en su artículo 4, en la misma lista que las navajas automáticas, los puños americanos o las armas de fuego camufladas bajo la apariencia de otro objeto. La ley no distingue aquí por peligrosidad bruta, sino por disimulo: lo prohibido no es solo el filo, es esconderlo a plena vista dentro de un objeto tan inocente como un bastón de paseo.
Los cargos. Los investigadores identificaron y detuvieron después al segundo implicado en el robo, en una operación separada. Los dos detenidos tienen 19 y 22 años, y a ambos se les acusa de un delito de robo con fuerza. Al que sacó el bastón-estoque se le suman además dos cargos más graves: atentado contra agentes de la autoridad y desobediencia grave. Ningún herido de gravedad y un objeto insólito que terminará archivado como prueba.
El Código Penal castiga el atentado contra un agente con entre 6 meses y 3 años de cárcel, una horquilla que sube hasta los cuatro años cuando, como aquí, el agresor emplea un arma en la acometida. Junto con las diligencias, los dos pasaron a disposición del Tribunal de Instancia número 2 de Quintanar de la Orden. La Guardia Civil da la operación por cerrada y no prevé nuevas detenciones.
En Corral de Almaguer. El pueblo tiene algo más de 5.000 habitantes y se asienta a ambos lados del río Riánsares, rodeado de viñedos de la Denominación de Origen La Mancha, en plena comarca toledana del mismo nombre. Su origen se remonta, según los registros locales, hasta el Neolítico, aunque el pueblo que hoy se visita creció durante la Edad Media entre hidalgos y comunidades musulmanas.
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"En un lugar de La Mancha" del que Cervantes no se quería acordar en 'El Quijote' ya tiene nombre
Queda a poco más de 100 kilómetros de la capital provincial, y a poco más de una hora de Madrid. Pertenece al partido judicial de Quintanar, el mismo que ahora instruye el caso. En su casco histórico sobresale la iglesia de la Asunción, del siglo XVI y estilo gótico plateresco. Don Íñigo López Dávalos, comendador de Corral de Almaguer en el siglo XV, tuvo un hijo, Alfonso de Ávalos, marqués del Vasto, al que Tiziano retrató dos veces; una de esas obras cuelga hoy en el Museo del Prado. Y otro corraleño, Bartolomé Romero, cruzó el Atlántico en 1598 con la expedición fundacional de Nuevo México y dio origen a una de las familias más influyentes de aquella colonia.
Corral de Almaguer suele aparecer en la prensa por otro motivo: es la localidad natal de la periodista Sara Carbonero. Y haciendo algo de periodismo: la historiografía local sostiene que Miguel de Cervantes cruzó su camino con corraleños en cada tramo turbio de su biografía: Álvaro de Sande, comendador de Corral de Almaguer y amigo de su padre, comandaba el Tercio de Nápoles en el que se alistó tras huir de España en 1569, condenado en rebeldía a perder una mano.
Y espera, que no hemos terminado: durante su cautiverio en Argel entabló amistad con otro corraleño, Alonso Hernández, al que ayudó a escapar; y años después, un vecino de la villa, Francisco Suárez Gasco, avaló su trabajo como recaudador de impuestos y acabó cargándole el muerto cuando el dinero desapareció, lo que le costó la cárcel donde, se cree, empezó a escribir el Quijote. Ni en su entierro faltó un corraleño: el escribano que le alquilaba el piso en Madrid ejerció de testigo.
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La noticia
La Guardia Civil perseguía a un ladrón por los tejados de un pueblo de Toledo. Entonces sacó un bastón-estoque
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Isra Fdez
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La Guardia Civil perseguía a un ladrón por los tejados de un pueblo de Toledo. Entonces sacó un bastón-estoque
Lo detuvieron en Corral de Almaguer, cuna de Sara Carbonero y personajes claves en la vida de Cervantes
Ocurrió el 30 de agosto, aunque la Guardia Civil no lo hizo público hasta el 9 de septiembre. La central de alarmas avisó de un robo en curso en una vivienda de Corral de Almaguer (Toledo). Una patrulla de la Guardia Civil, reforzada por agentes de la Policía Local, llegó en minutos y sorprendió a uno de los presuntos ladrones saltando de tejado en tejado y colándose por los patios de las casas colindantes, en una huida que recorrió buena parte del casco antiguo del pueblo. Parece un noir, con sombras corriendo sobre la loza roja en plena noche.
Pero lo mejor llega al final. La persecución terminó en una zona sin salida. Acorralado, el joven sacó de entre la ropa un bastón-estoque e intentó atacar a los agentes. La pieza, especialmente ornamentada, tenía más pinta de atrezo de Arsène Lupin o del profesor Moriarty que de arma de pueblo. Los agentes lo redujeron por la fuerza. Y en el forcejeo resultaron heridos dos guardias civiles y un policía local. Dentro de la vivienda y en los alrededores, los agentes localizaron además distintos efectos ya reunidos, listos para sacarlos del domicilio.
Qué es exactamente un bastón-estoque: no es un cuchillo ni una navaja, es un bastón corriente que esconde una hoja fina en su interior, oculta bajo el puño o el regatón, y pensado precisamente para pasar desapercibido. El objeto tiene siglos de historia como accesorio de caballero: en el siglo XIX era casi de etiqueta entre la burguesía europea, un complemento elegante con truco incluido. Pero condenable.
El Reglamento de Armas lo cataloga de forma expresa como arma prohibida en su artículo 4, en la misma lista que las navajas automáticas, los puños americanos o las armas de fuego camufladas bajo la apariencia de otro objeto. La ley no distingue aquí por peligrosidad bruta, sino por disimulo: lo prohibido no es solo el filo, es esconderlo a plena vista dentro de un objeto tan inocente como un bastón de paseo.
Los cargos. Los investigadores identificaron y detuvieron después al segundo implicado en el robo, en una operación separada. Los dos detenidos tienen 19 y 22 años, y a ambos se les acusa de un delito de robo con fuerza. Al que sacó el bastón-estoque se le suman además dos cargos más graves: atentado contra agentes de la autoridad y desobediencia grave. Ningún herido de gravedad y un objeto insólito que terminará archivado como prueba.
El Código Penal castiga el atentado contra un agente con entre 6 meses y 3 años de cárcel, una horquilla que sube hasta los cuatro años cuando, como aquí, el agresor emplea un arma en la acometida. Junto con las diligencias, los dos pasaron a disposición del Tribunal de Instancia número 2 de Quintanar de la Orden. La Guardia Civil da la operación por cerrada y no prevé nuevas detenciones.
En Corral de Almaguer. El pueblo tiene algo más de 5.000 habitantes y se asienta a ambos lados del río Riánsares, rodeado de viñedos de la Denominación de Origen La Mancha, en plena comarca toledana del mismo nombre. Su origen se remonta, según los registros locales, hasta el Neolítico, aunque el pueblo que hoy se visita creció durante la Edad Media entre hidalgos y comunidades musulmanas.
Queda a poco más de 100 kilómetros de la capital provincial, y a poco más de una hora de Madrid. Pertenece al partido judicial de Quintanar, el mismo que ahora instruye el caso. En su casco histórico sobresale la iglesia de la Asunción, del siglo XVI y estilo gótico plateresco. Don Íñigo López Dávalos, comendador de Corral de Almaguer en el siglo XV, tuvo un hijo, Alfonso de Ávalos, marqués del Vasto, al que Tiziano retrató dos veces; una de esas obras cuelga hoy en el Museo del Prado. Y otro corraleño, Bartolomé Romero, cruzó el Atlántico en 1598 con la expedición fundacional de Nuevo México y dio origen a una de las familias más influyentes de aquella colonia.
Corral de Almaguer suele aparecer en la prensa por otro motivo: es la localidad natal de la periodista Sara Carbonero. Y haciendo algo de periodismo: la historiografía local sostiene que Miguel de Cervantes cruzó su camino con corraleños en cada tramo turbio de su biografía: Álvaro de Sande, comendador de Corral de Almaguer y amigo de su padre, comandaba el Tercio de Nápoles en el que se alistó tras huir de España en 1569, condenado en rebeldía a perder una mano.
Y espera, que no hemos terminado: durante su cautiverio en Argel entabló amistad con otro corraleño, Alonso Hernández, al que ayudó a escapar; y años después, un vecino de la villa, Francisco Suárez Gasco, avaló su trabajo como recaudador de impuestos y acabó cargándole el muerto cuando el dinero desapareció, lo que le costó la cárcel donde, se cree, empezó a escribir el Quijote. Ni en su entierro faltó un corraleño: el escribano que le alquilaba el piso en Madrid ejerció de testigo.