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La guerra de drones en Ucrania acaba de resolver una vieja obsesión militar: cómo reventar un puente sin toneladas de bombas

La guerra de drones en Ucrania acaba de resolver una vieja obsesión militar: cómo reventar un puente sin toneladas de bombas
Artículo Completo 926 palabras
En mayo de 1943, la RAF lanzó la famosa Operación Chastise: 19 bombarderos con las denominadas “bouncing bombs” de Barnes Wallis para destruir presas alemanas. Era la solución más sofisticada de su tiempo a un problema clásico: cómo romper una estructura gigantesca con precisión. Ocho décadas después, esa misma obsesión sigue viva, solo que ahora cabe en la mochila de un operador Un puente como obsesión militar eterna. Hay pocas cosas más valiosas en una guerra que un puente. Concentrar tropas, blindados y logística en un paso obligado convierte esas estructuras en arterias estratégicas, y por eso destruirlas ha sido siempre una prioridad militar.  El problema es que son objetivos duros por naturaleza: décadas de doctrina enseñaban que para tumbar uno hacían falta bombarderos, artillería pesada o misiles de alto coste. En Ucrania acaba de aparecer una alternativa que rompe esa lógica. No es más potente, ni más rápida, pero sí mucho más barata y persistente: decenas de pequeños drones suicidas trabajando como una colonia de termitas hasta vaciar la estructura desde dentro. Resolver un viejo problema con novedades. Lo verdaderamente importante aquí no es solo que Rusia haya derribado un puente con 43 drones FPV, sino que demuestra algo que durante años era casi una hipótesis de laboratorio: que ya no hacen falta toneladas de explosivos para reventar infraestructura crítica. Durante la Segunda Guerra Mundial, hundir un puente podía exigir cientos de toneladas de bombas lanzadas desde el aire.  Después llegaron armas como el ATACMS o las JDAM para hacerlo con precisión. Ahora la ecuación cambia otra vez: menos de 250 libras de munición repartidas en pequeños impactos pueden lograr el mismo efecto. La obsesión militar de “cómo cortar el paso al enemigo” acaba de abaratarse radicalmente. La lógica estructural del colapso. La clave no está en destruirlo de un golpe, sino en entender cómo aguanta un puente. El hormigón armado es fuerte porque combina dos materiales con funciones distintas: el hormigón soporta la compresión y el acero absorbe la tensión. Los FPV no necesitan partir la columna entera.  Solo tienen que ir arrancando capas de hormigón hasta dejar expuesto el esqueleto metálico. En ese momento la estructura pierde gran parte de su capacidad de carga. El acero sigue ahí, pero ya no basta para sostener el peso. El puente empieza a vencerse sobre sí mismo y colapsa por fatiga estructural. La guerra de la acumulación. Esto introduce una lógica completamente distinta en la destrucción militar. Antes importaba la potencia concentrada en un único golpe. Ahora importa la suma de muchos golpes pequeños, extremadamente precisos y dirigidos siempre al mismo punto.  Los primeros impactos apenas arrancan fragmentos de cemento. Los siguientes profundizan la grieta. Los últimos convierten la columna en una carcasa vacía. Es algo así como la industrialización del desgaste: un método lento, pero quirúrgico. Lo que antes requería una ventana aérea, superioridad táctica y millones de dólares, ahora puede hacerse con paciencia, coordinación y una mochila llena de cuadricópteros. Coste ridículo, efecto estratégico enorme. El dato más brutal es económico. Los 43 FPV usados en el ataque habrían costado menos de 25.000 dólares. Eso es aproximadamente la mitad de una sola bomba guiada estadounidense y una fracción ridícula del precio de un misil ATACMS.  La comparación es devastadora para cualquier planificación militar clásica, porque por el coste de un único misil estratégico puedes lanzar cuarenta ataques similares. Y sin exponer pilotos, aviones o grandes plataformas. Es la democratización de la demolición táctica: destruir infraestructuras críticas ya no es privilegio de quien tenga aviación pesada. En Xataka Cuando el ejército ruso retuvo durante 1.400 días a un soldado ucraniano, no contaba con algo: los libros de Harry Potter Lo que viene después. Posiblemente, el gran impacto de esto no está en el puente en cuestión, sino en lo que redefine como objetivo viable a partir de ahora. Si un puñado de FPV puede tumbar una estructura de carretera, puentes ferroviarios, pasos elevados, depósitos logísticos e incluso edificios altos empiezan a entrar en la ecuación. Más aún si los drones usan cargas huecas lineales capaces de cortar directamente barras de acero.  Sistemas como Pasika, que permiten a un solo operador controlar enjambres enteros, aceleran todavía más ese proceso. La pregunta ya no es si pueden hacerlo. La pregunta es cuántas estructuras críticas del mundo siguen diseñadas bajo la vieja idea de que solo las grandes bombas pueden derribarlas. Ucrania está demostrando que esa era ha terminado. Imagen | Rasal Hague, Дмитро Завтонов En Xataka | "La velocidad no es la clave": el truco contra toda lógica de los drones ucranianos para cazar los temibles shahed rusos En Xataka | "Están preparando el despliegue de 80.000 soldados": los satélites señalan hacia dónde se dirige Rusia en Europa tras Ucrania - La noticia La guerra de drones en Ucrania acaba de resolver una vieja obsesión militar: cómo reventar un puente sin toneladas de bombas fue publicada originalmente en Xataka por Miguel Jorge .
La guerra de drones en Ucrania acaba de resolver una vieja obsesión militar: cómo reventar un puente sin toneladas de bombas

Lo conseguido significa que pasos elevados, depósitos logísticos e incluso edificios altos empiezan a entrar en la ecuación

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Miguel Jorge

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En mayo de 1943, la RAF lanzó la famosa Operación Chastise: 19 bombarderos con las denominadas “bouncing bombs” de Barnes Wallis para destruir presas alemanas. Era la solución más sofisticada de su tiempo a un problema clásico: cómo romper una estructura gigantesca con precisión. Ocho décadas después, esa misma obsesión sigue viva, solo que ahora cabe en la mochila de un operador

Un puente como obsesión militar eterna. Hay pocas cosas más valiosas en una guerra que un puente. Concentrar tropas, blindados y logística en un paso obligado convierte esas estructuras en arterias estratégicas, y por eso destruirlas ha sido siempre una prioridad militar

El problema es que son objetivos duros por naturaleza: décadas de doctrina enseñaban que para tumbar uno hacían falta bombarderos, artillería pesada o misiles de alto coste. En Ucrania acaba de aparecer una alternativa que rompe esa lógica. No es más potente, ni más rápida, pero sí mucho más barata y persistente: decenas de pequeños drones suicidas trabajando como una colonia de termitas hasta vaciar la estructura desde dentro.

Resolver un viejo problema con novedades. Lo verdaderamente importante aquí no es solo que Rusia haya derribado un puente con 43 drones FPV, sino que demuestra algo que durante años era casi una hipótesis de laboratorio: que ya no hacen falta toneladas de explosivos para reventar infraestructura crítica. Durante la Segunda Guerra Mundial, hundir un puente podía exigir cientos de toneladas de bombas lanzadas desde el aire. 

Después llegaron armas como el ATACMS o las JDAM para hacerlo con precisión. Ahora la ecuación cambia otra vez: menos de 250 libras de munición repartidas en pequeños impactos pueden lograr el mismo efecto. La obsesión militar de “cómo cortar el paso al enemigo” acaba de abaratarse radicalmente.

La lógica estructural del colapso. La clave no está en destruirlo de un golpe, sino en entender cómo aguanta un puente. El hormigón armado es fuerte porque combina dos materiales con funciones distintas: el hormigón soporta la compresión y el acero absorbe la tensión. Los FPV no necesitan partir la columna entera. 

Solo tienen que ir arrancando capas de hormigón hasta dejar expuesto el esqueleto metálico. En ese momento la estructura pierde gran parte de su capacidad de carga. El acero sigue ahí, pero ya no basta para sostener el peso. El puente empieza a vencerse sobre sí mismo y colapsa por fatiga estructural.

La guerra de la acumulación. Esto introduce una lógica completamente distinta en la destrucción militar. Antes importaba la potencia concentrada en un único golpe. Ahora importa la suma de muchos golpes pequeños, extremadamente precisos y dirigidos siempre al mismo punto. 

Los primeros impactos apenas arrancan fragmentos de cemento. Los siguientes profundizan la grieta. Los últimos convierten la columna en una carcasa vacía. Es algo así como la industrialización del desgaste: un método lento, pero quirúrgico. Lo que antes requería una ventana aérea, superioridad táctica y millones de dólares, ahora puede hacerse con paciencia, coordinación y una mochila llena de cuadricópteros.

Coste ridículo, efecto estratégico enorme. El dato más brutal es económico. Los 43 FPV usados en el ataque habrían costado menos de 25.000 dólares. Eso es aproximadamente la mitad de una sola bomba guiada estadounidense y una fracción ridícula del precio de un misil ATACMS. 

La comparación es devastadora para cualquier planificación militar clásica, porque por el coste de un único misil estratégico puedes lanzar cuarenta ataques similares. Y sin exponer pilotos, aviones o grandes plataformas. Es la democratización de la demolición táctica: destruir infraestructuras críticas ya no es privilegio de quien tenga aviación pesada.

En XatakaCuando el ejército ruso retuvo durante 1.400 días a un soldado ucraniano, no contaba con algo: los libros de Harry Potter

Lo que viene después. Posiblemente, el gran impacto de esto no está en el puente en cuestión, sino en lo que redefine como objetivo viable a partir de ahora. Si un puñado de FPV puede tumbar una estructura de carretera, puentes ferroviarios, pasos elevados, depósitos logísticos e incluso edificios altos empiezan a entrar en la ecuación. Más aún si los drones usan cargas huecas lineales capaces de cortar directamente barras de acero. 

Sistemas como Pasika, que permiten a un solo operador controlar enjambres enteros, aceleran todavía más ese proceso. La pregunta ya no es si pueden hacerlo. La pregunta es cuántas estructuras críticas del mundo siguen diseñadas bajo la vieja idea de que solo las grandes bombas pueden derribarlas. Ucrania está demostrando que esa era ha terminado.

Imagen | Rasal Hague, Дмитро Завтонов

En Xataka | "La velocidad no es la clave": el truco contra toda lógica de los drones ucranianos para cazar los temibles shahed rusos

En Xataka | "Están preparando el despliegue de 80.000 soldados": los satélites señalan hacia dónde se dirige Rusia en Europa tras Ucrania

Fuente original: Leer en Xataka
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