Un agricultor esparce urea en su campo en la ciudad de Simbhaoli, en India. Reuters
Mercados La guerra de Irán eleva el coste de los fertilizantes hasta un 35% y encarece el trigo o el café en los mercados financierosEl cierre de Ormuz dispara el precio de la urea, el azufre y los fosfatos y amenaza con reactivar la inflación alimentaria en todo el mundo.
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Laura Piedehierro Publicada 15 marzo 2026 01:55hLas claves nuevo Generado con IA
La guerra de Irán no solo ha disparado el petróleo y el gas. También ha reabierto un frente silencioso de la inflación, el de los fertilizantes.
Desde que estalló el conflicto, productos clave para abonar los cultivos —urea, azufre y fosfato diamónico— se han encarecido cerca de un 30% en los mercados internacionales.
Han empezado a impulsar las cotizaciones de trigo, maíz, café o cacao, con el riesgo de elevar de nuevo el ticket del supermercado en medio mundo.
EEUU compra 100M de barriles de crudo a la 'flota rusa en la sombra': Putin ya vende un 24% más que antes del ataque a IránEl verdadero cuello de botella del conflicto está en el estrecho de Ormuz. El cierre de facto del estrecho, unido al parón de grandes plantas en Qatar e Irán, ha cortado el suministro justo en vísperas de la campaña de siembra en el hemisferio norte.
Tomando como referencia sus cotizaciones, el precio internacional de la urea —el fertilizante nitrogenado más utilizado— se ha elevado un 27,5% desde que comenzó el conflicto. El azufre, esencial para producir fertilizantes fosfatados, acumula un alza casi idéntica.
El fosfato diamónico (DAP), un abono fosfatado muy extendido, repunta algo menos, un 4% desde que se disparó la crisis.
El conflicto ha pillado al mercado con los deberes hechos a medias. Una parte de los agricultores había comprado fertilizante para la campaña, pero otra no, y ahora se enfrenta a la decisión de pagar mucho más por la urea o recortar dosis y asumir menores rendimientos.
De Ormuz al campo
El estrecho de Ormuz es el principal cuello de botella de esta crisis. Situado entre Irán y Omán, tiene poco más de 30 kilómetros de ancho en su punto más estrecho.
Por ahí pasa algo más de una cuarta parte del petróleo que se mueve por mar y alrededor de una quinta parte del comercio mundial de gas natural licuado.
Pero también lo hace en torno a un tercio de los fertilizantes que se embarcan hacia el resto del mundo, según UNCTAD —el organismo de la ONU para el comercio y el desarrollo— y la firma de análisis Kpler.
Las interrupciones del tráfico por Ormuz han llevado a muchas navieras a dejar de cruzar o a desviar sus rutas miles de kilómetros, con fletes y seguros disparados.
El autogás, la alternativa al alto precio de diésel y gasolina: frente a los 2 euros el litro, se mantiene en los 0,94 eurosAl mismo tiempo, refinerías e instalaciones de Qatar e Irán han reducido actividad o han parado líneas vinculadas a la producción de urea, amoníaco y azufre, lo que añade más tensión a un mercado de fertilizantes ya muy ajustado.
El resultado es menos producto disponible precisamente cuando los grandes importadores —de India a Brasil— se preparan para la siembra.
La situación es lo bastante grave como para que China, prácticamente autosuficiente en fertilizantes pero muy dependiente del azufre del Golfo, haya pedido a sus distribuidores que no especulen ni acaparen producto.
En paralelo, Rusia —el mayor exportador mundial de fertilizantes— reconoce que no puede sustituir por completo el volumen que sale de Oriente Medio, lastrada por sus propias restricciones, daños en plantas y compromisos con el mercado interno.
Energía cara, fertilizante caro
La energía actúa como otro motor del encarecimiento de los fertilizantes.Buena parte de los fertilizantes que llegan al campo son, en realidad, derivados del gas y del petróleo.
La urea y el amoníaco se producen a partir de gas natural; el azufre se extrae como subproducto en refinerías y plantas de gas y es indispensable para fabricar ácido sulfúrico, base de muchos fertilizantes fosfatados. Cuando sube la energía, se encarece toda la cadena química asociada, incluidos los fertilizantes.
La opa de Bondalti sobre Ercros se cierra con el apoyo de algún accionista de referencia y gran parte de los minoritariosEn apenas dos semanas de conflicto, el petróleo Brent, la calidad de referencia en Europa, se ha encarecido alrededor de un 38% y ha superado los 100 dólares por barril. A su vez, el West Texas Intermediate estadounidensese ha subido cerca de un 44%. El salto dado por el gas europeo en el mismo periodo ha rondado el 50%.
Cuando el coste energético se come los márgenes, muchos productores solo encuentran dos opciones. Una es subir los precios de venta. La otra es reducir turnos y cerrar temporalmente instalaciones. En un mercado ya tensionado por el cierre de Ormuz, cada tonelada que se pierde añade presión al resto.
Trigo, maíz, café
El shock de fertilizantes tarda meses en trasladarse por completo a los precios de los alimentos —es una cadena que va de las compras de hoy a las cosechas de mañana—, pero en los mercados de futuros agrícolas ya se percibe un primer contagio.
Desde el inicio de la guerra de Irán, las cotizaciones de trigo, maíz y soja han subido en torno a un 5%, mientras que el café ronda el 4% y el cacao se dispara algo más de un 9%.
Parte de estas subidas responde a factores propios de cada mercado —clima, enfermedades, cosechas cortas en África occidental en el caso del cacao o demanda específica en el caso del café—, pero el encarecimiento de insumos como la urea o el DAP añade una capa de presión extra.
Y si el fertilizante se encarece lo bastante, muchos productores optan por reducir dosis o cambiar cultivos, lo que a medio plazo suele traducirse en menores rendimientos y menos oferta.
España 'explota' el boom de las 0,0: una de cada siete cervezas que se consume es sin alcoholLos precios mundiales de los alimentos llegaron al conflicto en una fase de relativa estabilización. El índice mundial de precios de los alimentos de la FAO, que mide una cesta de cereales, carne, lácteos, aceites vegetales y azúcar, subió en febrero un 0,9% respecto a enero, hasta 125,3 puntos. Fue su primer incremento en cinco meses.
Aun así, se mantiene en torno a un 1% por debajo del nivel de hace un año y casi un 22% por debajo del máximo de marzo de 2022, cuando la invasión de Ucrania disparó los precios.
Hacer la compra en España
En España, el gran golpe en la cesta de la compra llegó en 2022 y principios de 2023, cuando la inflación de los alimentos llegó a superar el 15% interanual. Desde entonces, esa tasa fue bajando de forma gradual hasta moverse entre el 2% y el 3% durante 2024 y buena parte de 2025.
Este febrero ha vuelto a repuntar hasta el 3,2% interanual, según el INE. Es el nivel más alto desde el verano de 2024.
Ese 3,2% aún no recoge el impacto de la guerra de Irán. El propio ministro de Economía, Carlos Cuerpo, ha admitido que será en marzo cuando el encarecimiento de la energía empiece a notarse en el índice general.
Desde la CEOE advierten de que, si el conflicto se prolonga y persiste la tensión en Ormuz, la inflación podría superar claramente el 3% este año, impulsada sobre todo por el encarecimiento de la energía y de las materias primas intermedias, como los fertilizantes.