El cine sigue llorando al actor bilbaíno doce años después de su muerte en un conmovedor documental que estrenará el Festival de San Sebastián
Regala esta noticia Añádenos en Google Póster de 'La maleta de Álex', que se estrena en el Zinemaldia. 16/09/2026 Actualizado a las 09:09h.No hay nadie que pueda hablar mal de Álex Angulo. José Coronado, que estuvo a su lado durante cuatro años en 'Periodistas', recuerda que necesitaban ... a un actor para que hiciera de buena persona como Blas, el redactor jefe de Local. «Y si alguien sabía de eso era tu padre», le cuenta con lágrimas en los ojos a su hija, Dodó Angulo, que tenía 10 años cuando el actor falleció en un accidente de tráfico. Álex de la Iglesia le quiso como parroquiano psicópata en 'Mirindas asesinas'. «Lo daba todo por los demás, compartía la ilusión de hacer cosas con los amigos», alaba. El director bilbaíno lo convirtió en un sacerdote de la Universidad de Deusto en lucha contra el Anticristo en la memorable 'El día de la Bestia': «Desde que no tengo a Álex le estoy buscando en todas las personas», se sincera De la Iglesia.
Álex Angulo murió prematuramente a los 61 años en el verano de 2014, cuando conducía su coche rumbo al rodaje de una película títulada como en un mal chiste 'Bendita calamidad'. Su viuda, la bailarina y coreógrafa Mayda Zabala, y Esther Velasco volcaron en internet toda la ingente documentación que el actor conservaba de sus primeros tiempos en grupos pioneros del teatro vasco independiente, como Cómicos de la Legua y Karraka.
Ahora, 'La maleta de Álex' no solo es una web, sino un documental que verá la luz en la sección Zinemira del Festival de San Sebastián, que comienza este viernes. Su guía es Dodó, la niña que Angulo y Zabala adoptaron en China y que hoy tiene 21 años y estudia Comercio Internacional y Teatro en París. Con la excusa de una maleta encontrada, va repartiendo los recuerdos que contiene entre amigos y compañeros de su padre. Todos se emocionan y rememoran con cariño a un actorazo que, además, era buen tipo. Un compañero que siempre tenía a mano un abrigo y una taza de café cuando tocaba rodar en exteriores; un teatrero que llegaba media hora antes para barrer el escenario; una estrella que plegaba su ropa antes de devolverla a vestuario; un padre amoroso y con culpa por estar ausente, capaz de coger un Alsa en Madrid por la noche tan solo para llevar a su niña al colegio en Bilbao y regresar al día siguiente.
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