Reunión del Gabinete del presidente Trump en la Sala de Crisis de la Casa Blanca. La Casa Blanca.
EEUU La historia que Donald Trump no quiere que se lea: cómo decidió desatar su 'Furia Épica' contra IránEl presidente ha declarado la guerra a los medios que revelan información sobre el conflicto en Irán y critican las últimas decisiones que ha tomado.
Más información: La enésima contradicción de Trump amenaza la reapertura de Ormuz: "Más le vale a Irán no estar cobrando un peaje".
Luis Ezcurra de Alburquerque Publicada 11 abril 2026 02:51hLas claves nuevo Generado con IA
El presidente Donald Trump destapa la caja de los truenos contra quienes ponen en evidencia sus errores sobre Irán. No quiere que se le critique en los medios. Tampoco acepta que nadie cuestione el modo en que tomó la decisión de desencadenar la operación 'Furia Épica'.
Trump amenazó con la cárcel al periodista que publicó la noticia de que uno de los aviadores derribados sobre Irán había desaparecido. Lo hizo en la rueda de prensa que ofreció el lunes en el Pentágono para revelar detalles de la operación de rescate.
"Alguien filtró algo y espero que encontremos la fuente", dijo delante de los periodistas destacados. "Vamos a ir al medio de comunicación y les vamos a decir: o hablas, o a la cárcel", aseguró. Añadió que quien lo hizo "es una persona enferma".
Trump anuncia el rescate del segundo piloto desaparecido: "Lo tenemos, nunca dejaremos atrás a un soldado de EEUU"Horas más tarde, el prestigioso columnista israelí Amit Segal reconoció que creía haber sido él quien publicó la noticia por primera vez. A pesar de la insistencia del New York Post, medio afín a Trump, Segal aseguró que no revelaría su fuente.
El último plazo concedido por el presidente de EEUU para desbloquear el estrecho de Ormuz terminaba en la madrugada del martes. El presidente amenazó a Irán con aniquilar a "una civilización en una noche" si no lo hacían.
Hora y media antes del final del ultimátum el mandatario anunció que Teherán había presentado un plan de diez puntos que era una buena base para discutir un alto el fuego. Anunció que se abría un plazo de dos semanas para elaborar los detalles y el mundo respiró aliviado.
La cadena de noticias CNN avanzó el miércoles el contenido del supuesto plan. Los analistas se apresuraron a evaluarlo. La conclusión: los términos dejaban a Irán en una posición muy favorable.
Breaking News: President Trump announced a two-week cease-fire with Iran, backing down from his threats of imminent devastation.
— The New York Times (@nytimes) April 7, 2026
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La reacción de la Casa Blanca fue inmediata: Trump publicó un mensaje en Truth Social el mismo día calificando a CNN de "emisora de bulos" y al New York Times de "decadente". Dijo que los diez puntos eran un "engaño inventado" y les llamó "perdedores malvados".
El vicepresidente JD Vance salió al paso para aclarar la confusión. Explicó que se había trabajado con varios borradores del plan y que CNN había publicado el primero, pero ese no era aceptable.
Las amenazas apocalípticas, que obligaron a la Casa Blanca a aclarar que Trump no hablaba de un ataque nuclear, provocaron reacciones en contra desde las propias filas del más exacerbado núcleo conservador.
Algunos de los más influyentes comunicadores de la ultraderecha trumpista, el movimiento MAGA ('Make America Great Again'), censuraron la actitud del presidente ante decenas de millones de seguidores. Entre ellos, Tucker Carlson, Megyn Kelly, Candace Owens y Alex Jones.
De nuevo, Trump reaccionó con violencia en su red social. En un larguísimo post arremetió contra ellos con insultos y descalificaciones. El mensaje ha obtenido más de 50.000 likes y 13.000 reenvíos, pero también ha suscitado numerosas reacciones en contra.
Parece que el bloque trumpista se resquebraja. Las amenazas desaforadas seguidas de nuevas prórrogas del ultimátum no aportan una imagen de solidez a la estrategia en el frente. A Trump no le gusta que lo critiquen y menos que otros puedan descubrir que en su 'religión' no es infalible.
Cómo se gestó el ataque
En paralelo, The New York Times desvelaba cómo se habían gestado la decisión de atacar al régimen de los ayatolás. Firmado por los corresponsales Jonathan Swan y Maggie Haberman en la Casa Blanca, el texto describe a Trump en una posición muy poco favorecedora.
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, se reunió en la mañana del 11 de febrero en la Casa Blanca con el Gabinete presidido por Trump. Su misión: presentar un plan que asegurase la eliminación de la cúpula dirigente iraní, la aniquilación de sus recursos letales y el cambio de régimen.
Lo acompañaban David Barnea, jefe del Mossad, el servicio secreto israelí, y altos mandos de su Ejército. Por el lado estadounidense, el secretario de Estado, Marco Rubio; el de Defensa, Pete Hegseth; Susie Wiles, jefa de Gabinete; John Ratcliffe, director de la CIA; y Dan Caine, general jefe del Estado Mayor Conjunto.
El general Dan Caine parece invocar un conjuro en una reunión en la Sala de Crisis junto a Susie Wiles, jefa de Gabinete de la Casa Blanca. La Casa Blanca.
A ellos se unió el presidente Trump y los dos asesores designados para la región: su yerno Jared Kushner y Steve Witkoff. El vicepresidente JD Vance estaba de viaje oficial en Azerbayán y no pudo asistir.
El plan israelí
Constaba de cuatro fases: eliminar a la cúpula del régimen, destruir su capacidad nuclear y balística, provocar un levantamiento interno e implantar un Gobierno favorable. Era el momento adecuado para actuar: la brutal represión de las protestas de diciembre y enero había despertado una fuerte corriente popular contra el régimen. El ambiente era propicio y había un plan de sucesión sólido.
El líder judío vendió el proyecto con maestría. Solo tuvo que pronunciar las palabras que su anfitrión quería escuchar: una operación rápida y limpia que lo convertiría en el único presidente capaz de resarcir a EEUU del escarnio provocado por un régimen clerical que derrocó a su aliado Reza Pahlavi en 1979.
La reacción de Trump fue espontánea: el plan le sonaba muy bien. De todas formas, ya había comprometido una segunda ronda de conversaciones con los iraníes. Probaría su voluntad real de llegar a un acuerdo.
Netanyahu lo convenció de que la guerra sería cuestión de horas. Si acaso, de pocos días. Solo había que eliminar al ayatolá Alí Jameneí y destruir el arsenal de misiles. El régimen caería como una fruta madura. Trump lo aceptó a pesar de las advertencias de su Gabinete.
Las objeciones de los colaboradores
Los días que siguieron a la visita, la Sala de Crisis situada en el Ala Oeste de la Casa Blanca estuvo muy concurrida. Militares y oficiales de inteligencia se reunieron para analizar la propuesta.
Los colaboradores más directos trataron de moderar el entusiasmo inicial. Según el general Caine, los israelíes habían exagerado la simplicidad de la operación.
Las dos primeras fases eran factibles, pero requerían muchos medios. Temía que una guerra prolongada debilitara las reservas de armamento y munición.
La mayor preocupación era el posible bloqueo del estrecho de Ormuz. También las represalias contra los aliados del Golfo. En la reunión con la delegación israelí había manifestado sus reservas, pero Netanyahu declaró que la probabilidad de que eso sucediera era minúscula.
Los otros objetivos del plan parecían fuera del alcance. De hecho, el director de la CIA, John Ratcliffe calificó la operación de "pantomima". Fuentes consultadas por los investigadores indican que Marco Rubio fue más explícito. "En otras palabras, el plan es una 'chorrada'", dijo.
El secretario de Estado no creía que los iraníes fueran a llegar a un acuerdo, pero era partidario de reforzar las medidas de presión sobre el régimen antes que desencadenar un conflicto peligroso para la región.
El único que animó a Trump a aceptar el plan fue el secretario de Defensa. Pete Hegseth sostenía que tarde o temprano tendrían que afrontar un conflicto con Irán. Era partidario de una acción relámpago y confiaba plenamente en sus capacidades militares para alcanzar los objetivos previstos.
El vicepresidente se opuso
JD Vance fue el único miembro del Gabinete que se opuso abiertamente a una intervención militar. Tras regresar de su viaje, comentó que la veía como una "enorme distracción de recursos" y "un gasto exagerado".
También temía por el efecto en la opinión pública meses antes de las elecciones de medio término. Confiaba en el resultado de las negociaciones y, como Caine, temía los posibles efectos en Ormuz y contra sus aliados del Golfo.
Trump escuchó con atención a sus colaboradores, pero una voz interna le decía que era una oportunidad que no debía desaprovechar. Los ataques conjuntos contra instalaciones nucleares en junio habían terminado con éxito y sin consecuencias. El éxito de la operación en Venezuela hacía que todo pareciera fácil.
Una corazonada
Los analistas barajan la posibilidad de que el presidente sintiera que tenía una deuda personal pendiente de saldar con los iraníes. El FBI alentó la teoría de que Jamenei había ordenado su ejecución, aunque nunca se publicaron evidencias de ello.
Desde la visita de Netanyahu, la opción de un ataque relámpago de gran contundencia era la favorita del presidente. El New York Times cuenta que días antes de la intervención habló por teléfono con su entonces amigo Tucker Carlson, anterior presentador de Fox News.
Tucker es un ferviente defensor del no intervencionismo y trató de convencer a Trump para que no iniciase una guerra. El mandatario lo tranquilizó: "Sé que estás preocupado, pero todo va a salir bien", dijo. "¿Que por qué lo sé? Porque siempre es así", añadió.
Terremoto en el mundo MAGA: Trump ataca a los 'influencers' conservadores por criticarle por Irán y los tacha de "estúpidos"El 17 de febrero se inició en Ginebra la segunda ronda de negociaciones entre Irán y EEUU. Kushner y Witkoff representaban a Washington. Tras la primera reunión, comunicaron a la Casa Blanca que la delegación iraní estaba dando largas.
Reportaron que sería difícil llegar a un acuerdo en breve. Sospechaban que se tardarían meses en conseguir un mínimo avance.
Entre tanto, la CIA y el Mossad compartieron información que situaba al líder supremo Jameneí y un número considerable de oficiales del Gobierno y la Guardia Revolucionaria en una reunión a plena luz del día y al alcance de los misiles aire-tierra. Era una oportunidad irrepetible de descabezar al régimen.
La decisión final
Era entonces, o nunca. El 26 de febrero, se celebró una nueva reunión en la Sala de Crisis de la Casa Blanca. Hegseth y Caine expusieron los planes de ataque.
Trump dijo que antes de tomar la decisión quería oír la opinión de cada uno de los colaboradores. El primero en manifestarse fue el vicepresidente Vance. Declaró que seguía creyendo que era mala idea, pero si el mandatario decidía ir adelante con el ataque, lo acataría.
El resto de los participantes se mostraron abiertamente favorables a la intervención o se abstuvieron de opinar, pero todos declararon su apoyo.
El único comentario destacable fue el de Marco Rubio. No estaba en contra de la acción, pero puntualizó: si el objetivo era anular la capacidad militar de Irán, deberían hacerlo. Si se trataba de provocar un levantamiento para derrocar al régimen, debían abstenerse.
Trump dijo que pensaba que necesitaban hacerlo. Había que destruir la capacidad iraní de fabricar armas nucleares e impedir que pudieran utilizar misiles balísticos contra sus vecinos del Golfo.
El general Caine le dijo que todavía tenía hasta las 16h de la tarde siguiente para dar la orden. El 28 de febrero, 22 minutos antes del límite indicado por el militar, desde el Air Force One se enviaba la siguiente orden : "Se aprueba la operación 'Furia Épica'. No hay vuelta atrás. Buena suerte".
Las claves detrás de la guerra
La primera consideración es la habilidad del primer ministro Netanyahu para vender su plan. Se centró en destacar los argumentos que eran de peso para la persona que debía tomar la decisión, aunque no convencieran a sus colaboradores: una acción limpia que le aseguraba un puesto en la historia.
El 4 de marzo, pocos días después del ataque conjunto sobre Irán, la cadena Fox News entrevistó a Benjamín Netanyahu. El presentador Sean Hannity preguntó al primer ministro si había arrastrado a Trump a la guerra.
El líder israelí sonrió durante casi seis segundos para responder que eso era ridículo. "Donald Trump es el líder más fuerte del mundo", aseguró. Añadió que "hace lo que cree que es correcto para su país". Pero su lenguaje corporal no sostenía su declaración.
Inicialmente, el equipo rechazó la idea. Plantearon objeciones serias, pero Trump las superó con un postulado simplista, pero eficaz: matar a los líderes iraníes y destruir las capacidades bélicas eran de interés propio. La cuestión del cambio de régimen era cosa de los israelíes.
El único que se opuso desde el principio fue el vicepresidente JD Vance. Desde el primer momento resaltó las posibles consecuencias y se mantuvo firme en su postura, aun cuando era evidente que su líder tenía intención de seguir adelante.
El resto de los miembros del equipo mostró sus dudas con más o menos énfasis, pero se plegó al final a los intereses de su jefe. Las objeciones personales se disiparon en cuanto se desveló su voluntad.
Trump extrema el tono contra Irán: "Abrid el puto Estrecho, locos bastardos o viviréis un infierno. Y alabado sea Alá"La decisión no se basó en un análisis profundo de la situación fundamentado en información de inteligencia o estrategia militar. Tampoco en un consenso de especialistas sostenido por la experiencia. Fue, una vez más, una corazonada del presidente que arrastró a su Gabinete sin resistencia.
El argumento esencial fue que sería una acción relámpago parecida a la intervención en Venezuela. Eliminado el líder supremo y el poder militar, el pueblo iraní se alzaría y proclamaría la victoria. Trump habría sido el adalid de un nuevo triunfo histórico.
La verdad no podría ser otra que la que Trump quería que fuese.