El extremo de Costa de Marfil vivía en una casa con 25 personas, veía de madrugada los partidos a escondidas en la tele y jugaba a fútbol con chanclas de plástico en la tierra
Regala esta noticia Añádenos en Google Yan Diomande, con la selección de Costa de Marfil. (Reuters)Gabriel Cuesta
27/07/2026 a las 12:07h.No hace muchos años Yan Diomande soñaba viendo el fútbol en la oscuridad del cuarto de la tele en su casa de Abidjan, una ciudad ... al sur de Costa de Marfil. Fingía estar dormido y de madrugada se colaba en la salita, ponía el volumen bajito para no despertar a las otras veinticuatro personas que vivían en su casa. Claro, no era fácil conseguir hacerse con el control remoto. Su madre quería ver telenovelas. Los demás, películas. Y él teletransportarse a los estadios que ahora pone en pie convertido en una estrella por la que el Real Madrid está dispuesto a desembolsar más de 100 millones al Red Bull Leipzig.
A la camiseta falsa del Manchester United que le regalaron de niño le pintó con un marcador negro el apellido y el número '7' de Cristiano, su héroe.
Su potente disparo hizo que a Diomande los adultos que le veían jugar en la tierra le pusieran el apodo de Roberto Carlos, otra estrella madridista. Fue a los nueve años cuando se fue a jugar lejos de casa, al Foot Sud Comoé, cerca de la frontera con Ghana. Allí pasaba tanta hambre que robaba patatas junto a los otros niños. «Hacíamos un 'atraco a un banco'. Dos niños distrayendo al dueño de la tienda, y otros 18 saliendo corriendo con dos papas. Ni siquiera eran buenas. Pero sabían increíble. Todavía es mi comida favorita. Papas hervidas con un poco de aceite. Me recuerda esos tiempos», confesaba en la misiva a su hermana, su «agente» cuando tenía tan solo diez años y con la que soñaba con mudarse a Francia, comprar coches caros y una casa grande.
El joven que dormía con sus primeras botas ahora sigue usando sandalias de plástico blancas para jugar a fútbol cuando regresa a casa. Diomande dejó Costa de Marfil con 15 años para estudiar la secundaria en Estados Unidos. Fue una adaptación difícil. No hablaba inglés y le sentaron al lado de un niño francés que le hacía de traductor. Le impactaba el modo de vida americano. Cómo los niños se atrevían a discutir con el profesor o fumaban al salir de clase.