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La imaginación y la fantasía no son exclusivas de las personas: lo que nos enseñó el bonobo Kanzi

La imaginación y la fantasía no son exclusivas de las personas: lo que nos enseñó el bonobo Kanzi
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El famoso y ya fallecido bonobo Kanzi demostró en un experimento de la Universidad John Hopkins publicado en Science algo que ya se intuía: que la capacidad de imaginar y construir situaciones paralelas a la realidad es solo humana, y que los grandes simios y otros animales tengan quizá un potencial para imaginar apenas explorado. Leer
Salud y CienciaLa imaginación y la fantasía no son exclusivas de las personas: lo que nos enseñó el bonobo Kanzi 5 FEB. 2026 - 20:00Kanzi demostró que los bonobos pueden construir fantasías, situaciones al margen de la realidad. Antes ya había aprendido una especie de lenguaje de signos para comunicarse en inglés con los seres humanos.Wikipedia - William H. Calvin, PhD - Creative Commons - Attribution-Share Alike 4.0 International.Universidad de Berlín

El famoso y ya fallecido bonobo Kanzi demostró en un experimento de la Universidad John Hopkins publicado en Science algo que ya se intuía: que la capacidad de imaginar y construir situaciones paralelas a la realidad es solo humana, y que los grandes simios y otros animales tengan quizá un potencial para imaginar apenas explorado.

Dos investigadores de la Universidad John Hopkins (Estados Unidos) han mostrado por primera vez y a través de tres experimentos que los simios podrían usar su imaginación y jugar a fingir, una capacidad que se consideraba exclusiva de los humanos. Durante el estudio, un bonobo llamado Kanzi, que tenía 43 años en el experimento pero que ya murió en marzo del año pasado, probó vasos de zumo imaginario y tazones de uvas imaginarias. "La imaginación se ha considerado durante mucho tiempo un elemento crucial de la condición humana, pero la idea de que no sea exclusiva de nuestra especie es realmente transformadora", señalan los autores en la revista Science. El estudio aporta una de las evidencias experimentales más claras hasta la fecha de representaciones secundarias en un individuo de otra especie distinta a la humana.

Estudios anteriores realizados sobre otros animales como ratas ya habían demostrado que los animales poseen formas de imaginación vinculadas a la supervivencia. Aunque la imaginación humana es más compleja y abstracta, se ha demostrado que animales como las ratas pueden activar su hipocampo para imaginar lugares, recrear trayectorias y simular experiencias futuras.

Los humanos utilizan la imaginación para la creatividad, la abstracción, el arte y la planificación a largo plazo, mientras que en los animales suele estar enfocada en el aprendizaje asociavo, la supervivencia y la anticipación inmediata ligada a procesos adaptativos al entorno.

"Durante años se han acumulado observaciones anecdóticas de chimpancés y bonobos interactuando con objetos imaginarios (desde jugar con cubos invisibles en laboratorio hasta tratar palitos como si fuesen muñecas), pero faltaban demostraciones experimentales". El trabajo de Bastos y Krupenye con Kanzi da ese paso, mostrando que un bonobo puede mantener y actualizar estados imaginados superpuestos a la realidad inmediata", explica Antonio J. Osuna Mascaró, investigador posdoctoral en el Messerli Research Institute de la Universidad de Medicina Veterinaria de Viena (Austria) y especialista en cognición animal.

El diseño del experimento es conceptualmente sencillo: Kanzi alternaba ensayos reforzados (donde se le daba un premio) con pruebas no reforzadas (sin premio), en las que debía indicar la localización de zumo o comida imaginarios tras observar acciones de "hacer como si se vertiese en un vaso". Aunque el rendimiento se sitúa por debajo del 70% en los experimentos principales, este nivel es esperable en un experimento de esta naturaleza, que se presta fácilmente a distracciones, matiza Osuna en SMC España.

"Existen evidencias experimentales de monos capaces de manipular mentalmente figuras visuales, y también de ratas capaces de activar voluntariamente representaciones internas de su entorno. Todo ello sugiere que estas capacidades pueden no ser exclusivas de los grandes simios.

Desde una perspectiva más amplia, ahonda este experto, este trabajo ilustra las dificultades que hay estudiar la imaginación en otras especies. "Requiere diseños que, inevitablemente, están profundamente moldeados por nuestra propia forma de interactuar con el mundo. No es casual que el experimento dependa de un sujeto excepcional como Kanzi, entrenado para comunicarse con humanos: aquí, el lenguaje actúa como una ventana a su mente, de forma similar a lo que ocurrió con Alex, el loro gris que reveló al mundo lo fascinante de la mente de las aves".

Y el estudio también dice mucho de nosotros y de nuestras limitaciones, finaliza este experto. "No solo ha sido necesario trabajar con Kanzi, sino que el propio diseño experimental es profundamente 'humano': se vierte, con una jarra, un zumo imaginario en un vaso; esto está muy lejos de las formas en las que los grandes simios deben usar las representaciones secundarias en la naturaleza".

Retrato de Kanzi.Ape Initiative

"Este estudio aborda un desafío histórico en la primatología: cómo demostrar que un animal está imaginando algo que no está ahí. Los autores describen con gran precisión una capacidad que hasta hace poco creíamos exclusivamente humana: la de sostener dos realidades paralelas en la mente, explica Miquel Llorente, director del departamento de Psicología de la Universidad de Girona, profesor agregado Serra Húnter e investigador principal del grupo de investigación Comparative Minds.

"Kanzi es capaz de operar con una representación secundaria, lo que significa que puede proyectar un escenario ficticio (el juego del zumo) sobre la realidad física (las tazas vacías) sin que ambas interfieran entre sí. Es decir, dispone de una estructura cognitiva que le permite manejar lo que no está presente (imaginando) sin perder nunca el contacto con lo que sí está ahí".

Sin embargo, "hay que tener en cuenta una limitación intrínseca: el sujeto es una especie de prodigio, extraordinariamente enculturizado, entrenado en lenguaje artificial y con un desarrollo cognitivo que, si bien nace de una base biológica común a su especie, ha sido amplificado por un entorno humano. Como ocurre con los grandes genios de nuestra especie, Kanzi nos marca el techo del potencial cognitivo de los bonobos, pero no necesariamente el estándar de lo que un individuo medio hace en la selva".

Aun así, "el estudio es coherente con la evidencia acumulada en la última década, que sitúa a los grandes simios mucho más cerca de nosotros en capacidades como la planificación del futuro o la atribución de estados mentales tales como ponerse en el lugar del otro, pensar en lo que el otro piensa", prosigue.

"Las implicaciones son profundas: si la capacidad de simular no es exclusivamente humana, significa que el andamiaje cognitivo para la ficción, el simbolismo y, quizás la cultura compleja, ya estaba presente en nuestro ancestro común hace millones de años. Ahora el reto es entender no solo el qué pueden hacer, sino el cómo y para qué utilizan estas herramientas mentales en su propio entorno natural".

"Este estudio refuerza la posibilidad de que los raros ejemplos de posible juego imaginario que se habían observado en antropoides sean genuinos, o al menos nos digan algo sobre los precursores evolutivos de esta capacidad tan importante y bien desarrollada en los humanos", agrega por su parte Juan Carlos Gómez, psicólogo e investigador en el Departamento de Psicología y Neurociencia de la Universidad de St. Andrews (Escocia).

"Tal vez Kanzi aprendiera que la respuesta correcta era señalar a los vasos que tienen algo, y cuando se ve urgido por sus cuidadores a elegir entre dos vasos aparentemente vacíos, pensara que en el único que puede haber algo es en el que no ha sido volteado. Lo elegiría, por tanto, no porque entienda que el humano finge que tiene zumo, sino por descarte, por si acaso hay algo en él que no se ve bien".

Pero, al margen de interpretaciones alternativas, el experimento proporciona por vez primera un paradigma experimental que podrá seguir usándose para investigar de forma sistemática los posibles precursores evolutivos del juego de imaginación en primates no humanos. Los autores han dado un paso de gigante al hacer posible la investigación experimental de esta importante cuestión, que hasta ahora había permanecido en segundo plano debido en gran medida a la falta de formas fiables de investigarla".

Science https://dx.doi.org/10.1126/science.adz0743

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Fuente original: Leer en Expansión
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