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La importancia de León XIV

La importancia de León XIV
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España, un Estado aconfesional y una sociedad emocionalmente católica, pasa por un momento de amarga incertidumbre. Leer
Ensayos liberalesLa importancia de León XIV
  • TOM BURNS MARAÑÓN
Actualizado 8 JUN. 2026 - 00:06El Papa León XIV durante su visita a Madrid.Europa Press

España, un Estado aconfesional y una sociedad emocionalmente católica, pasa por un momento de amarga incertidumbre.

¿Abarrotaron medio millón de jóvenes la plaza de Lima de Madrid al caer la noche el sábado para acompañar a León XIV en una Vigilia de Oración? ¿Asistieron millón y medio a la misa que el Papa celebró en la de Cibeles a las diez de la mañana el domingo y a la procesión de Corpus Christi que presidió? Preguntarlo es mirar al dedo en lugar de señalar a la luna como hacen los sabios.

Tales cifras son lo de menos. Basta con saber que la visita del Santo Padre a España ha comenzado de manera multitudinaria y que seguramente continuará en olor de multitudes ahí a donde vaya en Barcelona, en Gran Canaria y en Tenerife. En los próximos días no se hablará exclusivamente de nauseabundas cloacas y de un sanchismo que se deshace a pedazos.

Tiene más interés preguntarse si se esperaba tan apoteósico recibimiento. Y, vista la espectacularidad de la bienvenida a León XIV, conviene sacar algunas conclusiones. Una que salta a la vista es que algunos pueden estar muy equivocados.

Es el caso de los ilustrados que habitan el lado correcto de la historia y proclaman que lo católico es obsoleto e irrelevante. Predican que es el refugio de retrógrados y lo dirige una pandilla de obispos que encubren casos de pederastia. El sectarismo y el anticlericalismo no cesan.

Mentes ecuánimes saben que el recibimiento de León XIV no sorprende porque los anteriores viajes apostólicos de Juan Pablo II y de su sucesor Benedicto XVI despertaron un entusiasmo parecido y demostraron el peso de la Iglesia en el tejido social español. Fue grandiosa la misa que en mayo de 2003 el Papa polaco celebró en la madrileña plaza de Colón. A lo largo de la liturgia canonizó a cinco beatos españoles.

Puede que el fervor que acompaña estos días a León XIV sea todavía mayor y esto, si es así, tendrá varias explicaciones. Una tiene que ver con la coyuntura y el contexto de este viaje papal. La otra se centra en el protagonismo que ha adquirido quien nació en Chicago hace setenta años, fue misionero y obispo en Perú y dirigió la Orden de San Agustín antes de ser elegido Papa el año pasado.

La coyuntura, aunque le duela a los progres, es que los actos religiosos ofrecen asilo en tiempos de desconsuelo y que España, un Estado aconfesional y una sociedad emocionalmente católica, pasa por un periodo de amarga incertidumbre.

A buen seguro una notable mayoría percibe que la clase política está podrida. Y, además, peligrosamente polarizada. El Congreso de los Diputados que acogerá a León XIV esta mañana es un idiotizado reñidero de gallos de pelea. El único al que merecerá la pena escuchar en el hemiciclo es el Papa. Ese es el contexto.

León XIV estará bien informado de la desconfianza, el desencanto y la vergüenza ajena que se palpa en las calles de Madrid, Barcelona, Las Palmas y Santa Cruz de Tenerife. Nada de ello le chocará porque sabe que la desazón no es, ni mucho menos, algo particular a España.

El desaliento es un fenómeno generalizado en las sociedades avanzadas y una de la grandes ironías que parece desmentir la supuesta descristianización del siglo XXI es que un creciente segmento de la humanidad busca en la Iglesia Católica un lugar de protección ante la soledad, las crueldades y las fantasías de una época secularizada.

Puede que junto con esa búsqueda de consuelo, el masivo entusiasmo que rodea esta visita apostólica se deba a la curiosidad y a la súbita admiración que se ha granjeado el propio León XIV.

El Papa ha mantenido un perfil más bien bajo en el año inicial de su pontificado y de repente se ha caído en la cuenta de que esa aparente reclusión, propia de un intelectual introvertido, era engañosa. León XIV se ha convertido en una indiscutible estrella en la esfera de las ideas y sensibilidades.

La reciente publicación de su primera encíclica, Magnifica Humanitas, le ha puesto bajo inmensos focos mediáticos que iluminan sus palabras a escala global.

Muchos que intentarán acercarse a él estos días desean esa cercanía por haber leído su texto sobre la belleza y la grandiosidad del ser humano.

Conviene leer y compartir Magnifica Humanitas porque defiende con lúcida sensatez la paz y la diplomacia frente al despliegue brutal del poder, la democracia frente al autoritarismo y la comunidad frente al individualismo. León XIV enfrenta la verdad a la mentira y finamente fulmina el materialismo obsceno. Rescata valores, los fortalece y exige que estos principios guíen el desarrollo de una inteligencia artificial que ha de estar siempre bajo control humano.

Es de agradecer que el Papa esté aquí ahora. Transmite la ética y el sentido común que tanto se echan en falta. Si le escuchan multitudes mejor que mejor.

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Fuente original: Leer en Expansión
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