Miércoles, 03 de junio de 2026 Mié 03/06/2026
RSS Contacto
MERCADOS
Cargando datos de mercados...
Deportes

La increíble historia del Volkswagen que recorrió 7.740 km en un día

La increíble historia del Volkswagen que recorrió 7.740 km en un día
Artículo Completo 1,329 palabras
Sucedió un día de febrero de 2002, aunque fue hace justo 30 años cuando se empezó a fraguar una historia que esperaba cambiar la estrategia y el rumbo de la marca alemana.
CochesLa increíble historia del Volkswagen que recorrió 7.740 km en un día

Sucedió un día de febrero de 2002, aunque fue hace justo 30 años cuando se empezó a fraguar una historia que esperaba cambiar la estrategia y el rumbo de la marca alemana.

Volkswagen.El coche tenía carrocería de fibra de carbono.
  • CARLOS ESPINOSA
Actualizado 03/06/2026 - 08:26CESTMostrar comentarios0

Quizá te suene de algo (o tal vez ni te suene) el nombre de Ferdinand Piëch. Se trataba de un carismático mandamás del Grupo Volkswagen durante la década de los noventa que albergaba en su mente una visión que superaba los límites de lo que podríamos llamar la 'lógica comercial'. Entre sus ideas, se propuso demostrar al mundo que la firma de Wolfsburgo podía concebir una superdeportivo sin parangón, uno que obligara a marcas de la talla de Ferrari, Porsche o Lamborghini a contemplar con absoluto respeto el emblema del coche del pueblo (Volkswagen, en alemán).

Un laboratorio rodante

De este modo, hace justo 30 años la marca alemana se vio inmersa en un proyecto secreto que también suponía romper la producción en serie que siempre había llevado a cabo. El plan era crear un vehículo de motor central extraordinariamente veloz, todo para que sirviera como un laboratorio rodante capaz de validar soluciones mecánicas revolucionarias que más tarde transformarían el destino de la marca alemana durante las siguientes décadas.

El coche apenas tenía la longitud de un Volkswagen Golf.Volkswagen.

Con el propósito de plasmar semejante ambición en formas físicas seductoras, la cúpula directiva de la marca confió la tarea estética a los talleres de la firma Italdesign. El legendario maestro del diseño Giorgetto Giugiaro, trabajando en perfecta sintonía con su talentoso hijo Fabrizio, asumió el desafío de cincelar la silueta aerodinámica de este revolucionario espécimen en un proceso creativo que avanzó a una velocidad pasmosa.

Varios anticipos

El primer anticipo de lo que sería el coche final llegó con el concept Syncro en el Salón del Automóvil de Tokio en 1997. Apenas un año más tarde, en 1998, el Salón de Ginebra se convirtió en el escenario para desvelar la variante Roadster. Y el broche de oro llegó finalmente en 2001, cuando vio la luz la evolución cupé definitiva bajo el nombre de Nardò.

Sus puertas tenían apertura 'de tijera'.Volkswagen.

Este modelo definitivo presumía de una estampa en forma de cuña que rebanaba el viento con una eficacia impresionante, logrando condensar toda esa agresividad visual en un chasis asombrosamente compacto cuya longitud total apenas rebasaba la de un Volkswagen Golf.

Revolucionario motor en W

Debajo de aquella piel de fibra de carbono latía una auténtica revolución. Los ingenieros alemanes habían fusionado dos bloques motor de configuración VR6, célebres por albergar sus cilindros en un ángulo sumamente estrecho, y los habían entrelazado sobre un único cigüeñal compartido. Esta ingeniosa disposición dio origen a una inédita arquitectura de 12 cilindros con geometría en forma de letra W (que después emplearían los Touareg y Phaeton), un diseño que permitía un ahorro de espacio inverosímil si se comparaba con los tradicionales propulsores V12 de la competencia.

La prueba requirió cambios de pilotos, repostajes y cambio de neumáticos.Volkswagen.

Gracias a que ocupaba tan poco espacio, este motor se pudo colocar justo en el centro del coche, acoplado a un esquema de tracción integral a las cuatro ruedas. Pero es cierto que este corazón de 12 cilindros tuvo dos fases: en su etapa inicial cubicaba 5,6 litros y entregaba 420 CV. Aunque semejante rendimiento garantizaba prestaciones de primer orden, los técnicos de Wolfsburgo decidieron exprimir aún más el potencial del bloque. Así, la versión culminante vio incrementada su cilindrada hasta alcanzar los 6,0 litros, incorporando además un sistema de sobrealimentación mediante doble turbocompresor que disparó el rendimiento de forma salvaje hasta fijar la potencia en unos descomunales 600 CV. Semejante arsenal permitía al superdeportivo germano acelerar con una violencia inusitada, proyectando una velocidad máxima teórica que al parecer pulverizaba con insultante facilidad la mítica barrera de los 350 km/h.

El asalto definitivo al cronómetro

Pero la demostración real de semejante despliegue tecnológico requería un examen a la altura. La cita con el destino quedó fijada en febrero de 2002, cuando la división de pruebas de la marca se trasladó en secreto al legendario Anillo de Nardò, una colosal pista circular de alta velocidad que corona la geografía del sur de Italia. El reto asumido por el equipo técnico rozaba los límites de la cordura humana y mecánica: obligar al coche a rodar a fondo, acariciando de forma permanente sus límites... durante 24 horas seguidas.

Alcanzó una media de casi 323 km/h.Volkswagen.

Un experimentado grupo de pilotos de desarrollo de la empresa asumió la responsabilidad de turnarse al volante de la imponente silueta negra. Y así, el Volkswagen W12 Nardò devoró los kilómetros de la pista italiana durante horas y horas y horas, exhibiendo una robustez mecánica intachable frente a las brutales fuerzas centrífugas y las elevadísimas temperaturas generadas por el esfuerzo continuado.

Una vez completado el extenuante ciclo de un día entero, los instrumentos oficiales de cronometraje confirmaron que el coche había cubierto exactamente 7.740,5 kilómetros a lo largo de las 24 horas, estableciendo una espectacular velocidad media de 322,9 km/h. La frenética cabalgada nocturna y diurna, además, sirvió para triturar siete récords mundiales de velocidad y resistencia que permanecían vigentes.

Triste final

El impacto mediático derivado de esta proeza desató una oleada de debates y rumores en los despachos de la sede central de Wolfsburgo relativos a su inminente producción en serie. Los borradores iniciales manejados por el departamento comercial contemplaban la viabilidad de fabricar una serie limitada a 200 unidades. Pero, pese al optimismo inicial de los entusiastas, los colosales desafíos logísticos y los giros estratégicos dentro del consorcio enfriaron las expectativas de la junta directiva.

El equipo de pilotos, junto al coche, en plena pista.Volkswagen.

Las pretensiones de venta sufrieron un primer tijeretazo reduciendo el volumen estimado a tan solo 50 ejemplares de rigurosa producción artesanal. Al final, los altos cargos de la compañía optaron por cancelar todo plan de lanzamiento comercial, así que el Volkswagen más espectacular de todos los tiempos jamás llegó a pisar un concesionario, quedando confinado para siempre en estatus de prototipo.

A pesar de este bajonazo por la renuncia a su comercialización, toda la ingente inversión y el desarrollo que requirió aquella inédita mecánica de 12 cilindros en W sirvieron como pilar para dar vida a versiones de los citados Volkswagen Phaeton, Touareg e incluso al lujosísimo Bentley Continental GT. Incluso se puede decir que aquella obra de ingeniería impulsada Piëch nutrió las bases técnicas que años más tarde harían posible la creación del Bugatti Veyron. Así que su existencia no cayó en saco roto.

Coches Lotus Emeya GT SE: así se las gasta el gran rival del Porsche TaycanCoches Nos montamos en el Alfa Romeo más exclusivo del mundo: cuesta 2 millones, tiene 630 CV y lo diseñó un españolCoches Se vende 'El Tanque' de Elton John, el espectacular Rolls-Royce al que mandó instalarle 36 altavoces Ver enlaces de interés
Fuente original: Leer en Marca
Compartir