Hace unos días Dynasty Fine Wines, una empresa vinícola que cotiza en la bolsa de Hong Kong, tuvo que compartir la clase de información que hace que el café (o vino, dado el caso) se le atragante a los accionistas: su previsión de beneficios de 2025 se ha desplomado más de un 50% con respecto a 2024. La noticia podría no tener interés más allá de su junta si no fuera porque conecta con una tendencia mayor: cambios en el mercado chino que han llevado a que el gigante asiático deje de ser la inagotable mina de oro que el sector imaginó en su día.
Y en parte se debe a las directrices sobre moralidad de Xi Jinping.
¿Qué ha pasado? Que el sueño de la industria occidental del alcohol de encontrar una nueva gran mina de oro en China parece alejarse poco a poco. Y eso se deja notar sobre todo en las bodegas de vino. Tras años de crecimiento acelerado, en los que el gigante asiático parecía cada vez más interesado en los caldos de Australia o Francia, la demanda ha pasado a ralentizarse.
Las señales son claras. Ha caído el consumo per cápita, las importaciones, la producción y hay empresas como Treasury Wine Estates, Pernord Ricard, Diageo o Dinasty Fine que han visto cómo se les complica el panorama en el país. China ha dejado de ser noticia por aumentar su cuota mundial de importación del 1 al 8% en un tiempo récord a protagonizar titulares por la caída de demanda.
¿Qué dicen los datos? Hay muchos indicadores de los que tirar. De todos, quizás el más elocuente sea el publicado por la Organización Interprofesional del Vino de España (OIVE), basado a su vez en datos aduaneros de China. Hace poco el organismo desveló que en 2025 las importaciones sufrieron un retroceso del 26,7% en volumen, aunque el aumento del precio medio redujo la caída al 14,6% en términos de valor. El "pinchazo" afectó a exportadores como Francia o Chile.
¿Es el único indicador? Para nada. Otro país productor que también ha sufrido los vaivenes en el mercado chino es Australia. Aunque allí las bodegas recibieron una buena noticia en marzo de 2024, cuando Xi Jinpuing suprimió los aranceles que penalizaban sus exportaciones de vino, la alegría duró poco.
Hace unos meses Wine Australia publicó un informe en el que reconoce que los envíos de mercancías a otros países se redujeron un 6% en volumen y 8% en valor en 2025, un retroceso que se explica en parte por la caída de dos mercados: el estadounidense (-12%) y sobre todo el chino, que se contrajo otro 17%.
¿Caen solo las importaciones? No. Hace justo un año la Universidad de Adelaida publicó un estudio que muestra que los cambios en el mercado chino del vino son bastante más profundos y complejos. El consumo per cápita por ejemplo se disparó durante la primera década del siglo, luego registró oscilaciones hasta 2016 y a partir de ese año sufrió un retroceso que se extiende al menos hasta 2022, último año analizado. La curva de producción tampoco es buena.
"Hemos visto cómo el mercado [chino] se ha secado por completo", se quejaba hace poco en declaraciones a The Wall Street Journal (WSJ) el propietario de una bodega que se dedica a exportar vino desde Nueva Gales del Sur, Australia. Su caso es ilustrativo. Hasta 2019 el 40% de sus ganancias procedían de China. El desplome de las ventas en ese mercado se ha traducido ahora sin embargo en un excedente que le obligará a dejar que este año se pudra el 30% de su uva.
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¿Tanto ha cambiado el mercado? Eso parece. En noviembre de 2025 el diario hongkonés South China Morning Post (SCMP) publicó un amplio reportaje que dejaba clara su premisa desde el mismo títular: "Los vinos europeos se quedan en las estanterías mientras China busca bebidas más baratas".
En la crónica habla de una contracción del consumo tanto de vinos premium como de bebidas espirituosas tradicionales, mientras otras opciones como la cerveza artesanal parecen ganar terreno. La información se acompaña de un gráfico que refleja la caída de las importaciones de vino entre 2017 y 2023.
Si quedasen dudas sobre si la tendencia afecta solo a bodegas europeas o australianas, hace unas semanas The New York Times publicó otro reportaje en el que da cuenta de cómo la caída de demanda afecta a las destilerías de Maotai, en la propia China, dedicadas a la elaboración de baijiu, un potente licor.
¿Por qué cae la demanda? Hay varios factores. Influye la desaceleración económica y la resaca de la crisis inmobiliaria, que han afectado a su vez al gasto en alcohol, sobre todo cuando hablamos de caldos caros de importación.
También hay analistas que apuntan a un cambio de hábitos de consumo, sobre todo entre los más jóvenes. Hace poco Global Times, un diario chino ligado al Gobierno comunista, publicaba un reportaje en el que contaba precisamente cómo las nuevas generaciones muestran menos interés por la bebida. En ese aspecto conectan con otras sociedades que viven el mismo fenómeno.
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¿Es el único motivo? No. Hay otro. Y aunque a priori pueda parecer menor o secundario resulta lo suficientemente relevante como para que WSJ lo relacione de forma directa con el retroceso del mercado del vino. ¿Cuál es? La postura del Gobierno chino. Hace unos meses el Ejecutivo encabezado por Xi Jinping emitió una directriz estricta en la que prohíbe que en las comidas oficiales se sirva alcohol, platos de lujo o cigarrillos. El objetivo: acabar con los excesos.
"Los banquetes extravagantes y el consumo excesivo de alcohol fueron parte habitual de la vida oficial en China. Pero semejantes excesos, criticados desde hace tiempo por la ciudadanía, han sido objeto de un escrutinio cada vez mayor. Como parte de un nuevo impulso para garantizar la disciplina, China ha impuesto una prohibición generalizada del alcohol en la recepciones oficiales", proclama un comunicado publicado en mayo de 2025 por la Oficina de Información, que advierte: "El exceso de alcohol deteriora la imagen de los funcionarios".
¿Y se está cumpliendo? Aunque cita el resto de factores económicos y culturales que influyen en la demanda, WSJ señala la directriz gubernamental como uno de los factores que explican el cambio de tendencia en China. Incluso comparte un ejemplo concreto: el año pasado durante la conferencia de una empresa estatal de bebidas alcohólicas no se sirvió ni una gota de alcohol.
Con ese telón de fondo, el país sigue frustrando los sueños de las bodegas que lo veían como su nuevo gran mercado. En 2025 las importaciones se redujeron otro 11%, quedándose cada vez más lejos de los niveles prepandemia, y en Burdeos ya hay grupos franceses recuperando chateaus que habían pasado a manos chinas.
Imágenes | Jeff Siepman (Unsplash), Wikipedia, Yimin Ma (Unsplash)
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La noticia
La industria del vino creyó tener en China su nuevo El Dorado. Hasta que China pidió a sus funcionarios que dejasen de beber
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Carlos Prego
.
La industria del vino creyó tener en China su nuevo El Dorado. Hasta que China pidió a sus funcionarios que dejasen de beber
El mercado del alcohol está cambiando de forma radical en China. Y hay varios sospechosos
Hace unos días Dynasty Fine Wines, una empresa vinícola que cotiza en la bolsa de Hong Kong, tuvo que compartir la clase de información que hace que el café (o vino, dado el caso) se le atragante a los accionistas: su previsión de beneficios de 2025 se ha desplomado más de un 50% con respecto a 2024. La noticia podría no tener interés más allá de su junta si no fuera porque conecta con una tendencia mayor: cambios en el mercado chino que han llevado a que el gigante asiático deje de ser la inagotable mina de oro que el sector imaginó en su día.
¿Qué ha pasado? Que el sueño de la industria occidental del alcohol de encontrar una nueva gran mina de oro en China parece alejarse poco a poco. Y eso se deja notar sobre todo en las bodegas de vino. Tras años de crecimiento acelerado, en los que el gigante asiático parecía cada vez más interesado en los caldos de Australia o Francia, la demanda ha pasado a ralentizarse.
¿Qué dicen los datos? Hay muchos indicadores de los que tirar. De todos, quizás el más elocuente sea el publicado por la Organización Interprofesional del Vino de España (OIVE), basado a su vez en datos aduaneros de China. Hace poco el organismo desveló que en 2025 las importaciones sufrieron un retroceso del 26,7% en volumen, aunque el aumento del precio medio redujo la caída al 14,6% en términos de valor. El "pinchazo" afectó a exportadores como Francia o Chile.
¿Es el único indicador? Para nada. Otro país productor que también ha sufrido los vaivenes en el mercado chino es Australia. Aunque allí las bodegas recibieron una buena noticia en marzo de 2024, cuando Xi Jinpuing suprimió los aranceles que penalizaban sus exportaciones de vino, la alegría duró poco.
Hace unos meses Wine Australia publicó un informe en el que reconoce que los envíos de mercancías a otros países se redujeron un 6% en volumen y 8% en valor en 2025, un retroceso que se explica en parte por la caída de dos mercados: el estadounidense (-12%) y sobre todo el chino, que se contrajo otro 17%.
¿Caen solo las importaciones? No. Hace justo un año la Universidad de Adelaida publicó un estudio que muestra que los cambios en el mercado chino del vino son bastante más profundos y complejos. El consumo per cápita por ejemplo se disparó durante la primera década del siglo, luego registró oscilaciones hasta 2016 y a partir de ese año sufrió un retroceso que se extiende al menos hasta 2022, último año analizado. La curva de producción tampoco es buena.
"Hemos visto cómo el mercado [chino] se ha secado por completo", se quejaba hace poco en declaraciones a The Wall Street Journal (WSJ) el propietario de una bodega que se dedica a exportar vino desde Nueva Gales del Sur, Australia. Su caso es ilustrativo. Hasta 2019 el 40% de sus ganancias procedían de China. El desplome de las ventas en ese mercado se ha traducido ahora sin embargo en un excedente que le obligará a dejar que este año se pudra el 30% de su uva.
¿Tanto ha cambiado el mercado? Eso parece. En noviembre de 2025 el diario hongkonés South China Morning Post (SCMP) publicó un amplio reportaje que dejaba clara su premisa desde el mismo títular: "Los vinos europeos se quedan en las estanterías mientras China busca bebidas más baratas".
En la crónica habla de una contracción del consumo tanto de vinos premium como de bebidas espirituosas tradicionales, mientras otras opciones como la cerveza artesanal parecen ganar terreno. La información se acompaña de un gráfico que refleja la caída de las importaciones de vino entre 2017 y 2023.
Si quedasen dudas sobre si la tendencia afecta solo a bodegas europeas o australianas, hace unas semanas The New York Times publicó otro reportaje en el que da cuenta de cómo la caída de demanda afecta a las destilerías de Maotai, en la propia China, dedicadas a la elaboración de baijiu, un potente licor.
¿Por qué cae la demanda? Hay varios factores. Influye la desaceleración económica y la resaca de la crisis inmobiliaria, que han afectado a su vez al gasto en alcohol, sobre todo cuando hablamos de caldos caros de importación.
También hay analistas que apuntan a un cambio de hábitos de consumo, sobre todo entre los más jóvenes. Hace poco Global Times, un diario chino ligado al Gobierno comunista, publicaba un reportaje en el que contaba precisamente cómo las nuevas generaciones muestran menos interés por la bebida. En ese aspecto conectan con otras sociedades que viven el mismo fenómeno.
¿Es el único motivo? No. Hay otro. Y aunque a priori pueda parecer menor o secundario resulta lo suficientemente relevante como para que WSJ lo relacione de forma directa con el retroceso del mercado del vino. ¿Cuál es? La postura del Gobierno chino. Hace unos meses el Ejecutivo encabezado por Xi Jinping emitió una directriz estricta en la que prohíbe que en las comidas oficiales se sirva alcohol, platos de lujo o cigarrillos. El objetivo: acabar con los excesos.
"Los banquetes extravagantes y el consumo excesivo de alcohol fueron parte habitual de la vida oficial en China. Pero semejantes excesos, criticados desde hace tiempo por la ciudadanía, han sido objeto de un escrutinio cada vez mayor. Como parte de un nuevo impulso para garantizar la disciplina, China ha impuesto una prohibición generalizada del alcohol en la recepciones oficiales", proclama un comunicado publicado en mayo de 2025 por la Oficina de Información, que advierte: "El exceso de alcohol deteriora la imagen de los funcionarios".
¿Y se está cumpliendo? Aunque cita el resto de factores económicos y culturales que influyen en la demanda, WSJ señala la directriz gubernamental como uno de los factores que explican el cambio de tendencia en China. Incluso comparte un ejemplo concreto: el año pasado durante la conferencia de una empresa estatal de bebidas alcohólicas no se sirvió ni una gota de alcohol.
Con ese telón de fondo, el país sigue frustrando los sueños de las bodegas que lo veían como su nuevo gran mercado. En 2025 las importaciones se redujeron otro 11%, quedándose cada vez más lejos de los niveles prepandemia, y en Burdeos ya hay grupos franceses recuperandochateaus que habían pasado a manos chinas.