Anne Lister rompió todos los corsés en el siglo XIX al convertirse en la primera mujer en casarse en Reino Unido y coronar cumbres que ninguna persona había conquistado hasta el momento
Jon Garay y Gonzalo de las Heras (animaciones)
Martes, 10 de febrero 2026, 00:09
Heredó una mansión y muchas tierras de sus tíos, que luego administró para aumentar su riqueza.
Siempre vestía de negro, con ropa de caballero.
La homosexualidad masculina era un delito, pero la femenina ni se concebía.
Convivió con Ann Walker en Shibden Hall, y viajaría con ella por el mundo.
AUX STEP FOR JS
«Conozco a mi propio corazón y conozco a los hombres. No estoy hecha como cualquier otra persona que haya visto. Me atrevo a creer que soy diferente a cualquiera», escribió Lister en sus diarios, donde dejó detalles tanto de sus peripecias amorosas con otras mujeres como de sus numerosos viajes por una Europa que se había visto sacudida por la Revolución Francesa y por las que seguirían a lo largo del siglo XIX. Nacida el 3 de abril de 1791, Anne fue la hija mayor de un matrimonio que perdió a casi toda su descendencia antes de que dejaran atrás la juventud. Huérfana de padre desde los 4 años, viviría con sus tíos tras la muerte de su madre.
Su educación fue esmerada: historia de Grecia, literatura clásica, matemáticas... Comenzó a poner sobre el papel sus recuerdos en 1805. Al principio eran poco más que papelitos que se intercambiaba con su primera amante y cuyo significado solo conocían ellas. Habían ideado un código a base de letras del alfabeto griego y símbolos matemáticos que convertía en un arcano indescifrable aquellas primeras notas. No sería hasta los años 60 del siglo XX cuando fue desencriptado. Escribió 5 millones de palabras hasta su muerte en 1840. Quedaron reflejadas en 26 volúmenes que en 2011 pasaron a formar parte del registro del Programa Memoria del Mundo de la UNESCO.
Considerada como «la primera lesbiana del Reino Unido» o, más todavía, «la primera lesbiana oficial», Lister, en otro signo de rebeldía, vestía siempre de negro, como hacían los caballeros de la época, sin importale los insultos que recibió por su aspecto. Las riquezas que heredó a la muerte de sus tíos, que gestionó personalmente en otro de los rasgos que la adelantaron a su tiempo, le permitirían viajar a su antojo por el continente. El primero de esos viajes fue en 1819, cuando acompañó a su tía -llamada también Ann Lister- durante dos meses por Francia. Más adelante se haría acompañar por alguna de sus amantes por Escocia, Bélgica, Alemania y España.
Un robo a 3.000 metros de altura
Lister también tuvo los arrestos de codearse con los hombres en una actividad que entonces era casi un coto exclusivamente de hombres muy adinerados: el alpinismo. Sintiendo «curiosidad por probar el efecto del aire a tantísima altura», aprovechó un viaje por los balnearios pirenaicos junto a la mujer del embajador inglés en París para convertirse en 1830 en la primera mujer en alcanzar la cima de Monte Perdido, el tercer pico más alto de los Pirineos -en 1827 había querido ser la primera en ascender al Mont Blanc, pero el mal tiempo se interpuso-. No se sabe ni cómo ni por qué, días después acabaría arrestada y encarcelada en Jaca.
En su anterior viaje a los Pirineos, ocho años antes, había ascendido al Monte Perdido. Fue la primera mujer en hacerlo.
... pero el objetivo de esta vez era mucho más ambicioso. El Vignemale, punto culminante de la parte francesa de la cordillera, no había sido ascendido antes por ningún deportista.
El día del ascenso al Vignemale llegaron a caballo hasta la cabaña de Saoussat Débat, desde donde un cuarto guía devolvió las monturas al pueblo.
El guía sabía que había una ruta practicable por la vertiente de Bujaruelo
La canal por la que subieron, muy empinada, al contrario que ahora, estaba cubierta de nieve incluso en verano. Esa zona se conoce como el Corredor de la Moskowa. Enseguida sabremos por qué.
Tras superar esa canal llegan a un collado sin nombre situado entre los picos Cerbillona y Central. El objetivo está ya cerca, justo frente a ellos.
El último tramo era escarpado, pero rocoso, así que dejaron a los pies de la pared los crampones que habían utilizado para pasar los tramos cubiertos de nieve helada.
Desde la cumbre podía ver la cima, relativamente próxima, del Monte Perdido, al que había sido la primera mujer en subir.
Como prueba, en la cumbre dejaron un montón de piedras y una botella con sus nombres en el interior.
Se les ha hecho de noche para cuando regresan a la cabaña. Los guías deciden esperar a la salida de la luna para bajar de nuevo al valle. Es más seguro así.
AUX STEP FOR JS
Sí que se conoce con precisión lo que ocurrió ocho años después en el Vignemale, la montaña más elevada de los Pirineos franceses. Considerada en aquella época como una pared infranqueable -vista desde su cara norte, desde el refugio de Oulettes de Gaube, no es para menos-, Jean Pierre Charles, el guía que había utilizado para subir a Monte Perdido, le informó de que un vecino de la localidad francesa de Gèdre llamado Henri Cazaux -un personaje clave en este embrollo- había descubierto una brecha en esta fortaleza natural desde el lado español. Lister decidió que sería la primera en hollarla.
En aquellos días de principios de agosto de 1838, otro aristócrata, el francés Napoleón Joseph Ney, hijo de un mariscal de Napoleón y segundo príncipe de la Moskowa, había anunciado el mismo objetivo. Ahijado del emperador, había contratado también al citado Cazaux. Presionada por esta circunstancia y tras dos días de retrasos, Lister, que caminaba por el monte con las faldas atadas por encima de las rodillas, partió a las 3 de la madrugada del 7 de agosto desde la cabaña de Saoussat Débat junto a sus dos guías y otros dos acompañantes. Tras un ascenso agotador, llegaron a la cumbre a mediodía. Para certificar su hazaña, Lister ordenó construir una columna de piedras en la que dejó una botella con un mensaje en el que escribió su nombre y el de sus compañeros.
Su rival principesco haría cima cuatro días después, el día 11, acompañado, entre otros, por Cazaux. A su vuelta, pregonaría que había sido el primero en derrotar al gigante, ya que el guía -en realidad, él fue el primero en alcanzar la cumbre, pero en aquella época no eran tenidos en cuenta- le había contado que Lister no había llegado a la cima. «Trataba de cobrar más. En el negocio incipiente de los guías, una primera vez costaba más que una ascensión normal», explica Pablo Batalla Cueto en el libro 'La bandera en la cumbre. Una historia política del montañismo'. La reacción de Lister no se hizo esperar. Se negó a pagar a Cazaux y mandó a un emisario para que tratara con Moskowa de lo ocurrido. Este insistió en su versión y aseguró que no había ninguna botella en la cima y que la columna de piedra de la cumbre la había levantado Cazaux la primera vez que subió.
Una serie en HBO
Lejos de tirar la toalla, Lister contrató a un abogado de Lourdes, que escribió un documento en el que conminaba a Cazaux a retractarse so pena de emprender acciones legales contra él. El documento decía así: «Certifico que todos juntos llegamos a la punta más alta del Vignemale y que, que yo sepa, ninguna persona ha subido nunca tan alto. Como prueba de la ascensión, se erigió una especie de columna de piedras en el centro de la cual colocamos una botella que contenía un papel en que la señora Lister escribió, en fecha de siete de agosto, su nombre y el nombre de sus guías. Esta prueba material permanecerá durante mucho tiempo si ningún viajero tan intrépido como la señora Lister no destruye este pequeño monumento».
Escribió siete mil páginas de diario, pero dos mil de ellas tardarían décadas en ser comprendidas, porque...
... las hojas con los detalles más escabrosos estaban protegidas por un código de signos algebraicos que solo ella conocía.
«Solo amo de verdad a un sexo, al sexo débil»
AUX STEP FOR JS
El órdago surtió efecto y el voluble guía acabó aceptando la versión de la «intrépida señora», que le pagó lo que le debía más cinco francos adicionales más otros dos por cuidar de la botella y vigilar que nadie erigiera una columna más alta. Moskowa, sin embargo, siguió en sus trece y envió su versión a dos medios de la época. De forma injusta, su título nobiliario da nombre al corredor de Moskowa, el paso que da acceso a la cima del Vignemale desde el sur.
Lister murió en 1840 por unas fiebres en un viaje a Georgia. Su verdadera historia no se conoció hasta más de un siglo después, cuando se descifraron los diarios. Solo a partir de entonces comenzó a desvelarse la figura de una mujer que se había adelantado doscientos años a su época. La BBC ha llevado su figura a la televisión en varias series, la última en 2019 con la colaboración de HBO. Titulada 'Gentleman Jack', hace referencia al mote despectivo con el que fue conocida en su tiempo. Ese mismo año se colocó una placa en la iglesia de Santísima Trinidad en Goodramgate que decía lo siguiente: «Anne Lister, 1791-1840. Lesbiana y diarista. Recibió el sacramento aquí para sellar su unión con Ann Walker».
En las cumbres, también quedó por encima de su rival. La salida del mencionado corredor de la Moskowa da paso a un collado desde el que se divisa la cima del Vignemale junto a los otros tres miles que protegen al glaciar de Ossue. Es el collado de Lady Lister.
- Temas
- Historias visuales
Límite de sesiones alcanzadas
El acceso al contenido Premium está abierto por cortesía del establecimiento donde te encuentras, pero ahora mismo hay demasiados usuarios conectados a las vez.
Por favor, inténtalo pasados unos minutos.
Sesión cerrada
Al iniciar sesión desde un dispositivo distinto, por seguridad, se cerró la última sesión en este.
Para continuar disfrutando de su suscripción digital, inicie sesión en este dispositivo.
Iniciar sesión Más información¿Tienes una suscripción? Inicia sesión