Martes, 07 de abril de 2026 Mar 07/04/2026
RSS Contacto
MERCADOS
Cargando datos de mercados...
Internacional

La última amenaza de Trump: «Irán puede ser destruido en una noche y podría ser este martes»

La última amenaza de Trump: «Irán puede ser destruido en una noche y podría ser este martes»
Artículo Completo 1,373 palabras
El presidente de EE UU reúne a su plana mayor en una comparecencia donde sacó pecho del rescate de un piloto y presentó a su enemigo como un país militarmente deshecho

Ampliar

Donald Trump gesticula durante su rueda de prensa de este lunes. EFE La última amenaza de Trump: «Irán puede ser destruido en una noche y podría ser este martes»

El presidente de EE UU reúne a su plana mayor en una comparecencia donde sacó pecho del rescate de un piloto y presentó a su enemigo como un país militarmente deshecho

David Alandete

Washington

Lunes, 6 de abril 2026, 22:17

... que habló ya no como un presidente que intenta forzar una negociación, sino como un comandante jefe que dicta las condiciones de una rendición. No dejó el republicano resquicio para la ambigüedad. Ni en el reloj ni en el castigo. Teherán, dijo, tiene hasta este martes al anochecer para aceptar las exigencias de Washington. Si no lo hace, la amenaza es de devastación abierta, y no sólo en lo militar: puentes volados, centrales eléctricas arrasadas y una oleada de bombardeos aún más dura que la de los últimos días.

rescate de los dos aviadores abatidos en Irán en una demostración de fuerza nacional. A su lado, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, y el jefe del Estado Mayor Conjunto, Dan Caine. Pero el verdadero mensaje político no estaba en esa operación, sino en lo que vino después. El mandatario usó ese éxito táctico para lanzar una advertencia más amplia: Estados Unidos cree que ha quebrado ya del todo la capacidad de resistencia militar persa y que ha llegado el momento de imponer sus términos. El plazo es este martes a las 20.00 hora de Washington, las 02.00 del miércoles en la España peninsular.

Noticias relacionadas

Un ataque al campo de gas iraní encarniza la guerra en la cuenta atrás del ultimátum

Trump anuncia un «posible» e inminente acuerdo de paz tras llamar «locos cabrones» a los dirigentes de Irán

Irán responde a las amenazas de Trump: ataca centros tecnológicos y moviliza a millones de combatientes

Esos términos ya no se presentan de forma vaga. El principal es la reapertura del estrecho de Ormuz, la arteria por la que pasa una parte decisiva del crudo, un 20%, y del gas que consume el mundo. Trump dejó claro que cualquier pacto aceptable debe incluir «la libre circulación del petróleo y de todo lo demás». No lo planteó como una cláusula secundaria, sino como el centro de este del pulso. A su juicio, la guerra no puede cerrarse sin que Irán renuncie a usar este paso como arma estratégica, cerrando el flujo. Y dio a entender que ese punto pesa ya tanto como la cuestión nuclear.

Lo más duro llegó cuando explicó qué hará si Teherán no cede. En su intervención, Trump dijo que Estados Unidos está en condiciones de «diezmar todos los puentes de Irán» y de dejar todas las plantas eléctricas «fuera de servicio, ardiendo, explotando y sin volver a usarse jamás». Presentó esa amenaza como una capacidad real y casi inmediata. Incluso añadió que esa demolición podría ejecutarse «en cuatro horas». En otro momento resumió la idea con una frase todavía más brutal: EE UU está dispuesto a devolver a la República Islámica «a la Edad de Piedra».

Golpe pendiente al petróleo

No se quedó ahí. Trump aseguró que aún no ha golpeado el petróleo iraní, aunque lo considera «el objetivo más fácil de todos». Y explicó por qué se lo reserva: destruir esa base dejaría al país sin ninguna posibilidad de supervivencia económica o reconstrucción. Era una forma de elevar un peldaño más el ultimátum final. Vino a decir que, si ha contenido ese golpe hasta ahora, no es por falta de medios, sino porque aún concede a Irán una oportunidad de evitarlo.

La justificación política que ofreció fue la misma que viene repitiendo desde el inicio de la operación, pero ahora envuelta en un lenguaje más de ultimátum. Sostuvo que Irán estaba a las puertas de obtener un arma nuclear y que EE UU no puede permitirse dejar viva esa amenaza. En su relato, si él no hubiera actuado, Israel habría sido «aniquilado» y buena parte de Oriente Medio habría corrido la misma suerte. También reivindicó dos decisiones como precedentes de esta estrategia: haber roto el acuerdo nuclear de Barack Obama y haber ordenado en su día la muerte de Qasem Soleimani.

El líder republicano afirmó que Estados Unidos está en condiciones de «diezmar todos los puentes de Irán» y de dejar todas sus plantas eléctricas «fuera de servicio» y que, además, puede hacerlo «en cuatro horas»

La comparecencia sirvió también para reforzar la idea de que la Casa Blanca cree tener ya la sartén por el mango, a pesar de que las encuestas destacan la impopularidad del conflicto en Estados Unidos. Trump presentó a Irán como un país militarmente deshecho. Dijo que su Armada «ha desaparecido», que su Fuerza Aérea «ha desaparecido», que el radar está «aniquilado al 100%» y que ya no conserva defensa antiaérea ni comunicaciones eficaces. A partir de ahí, si el régimen ya no puede sostener una guerra convencional, solo le queda aceptar las condiciones de Washington o exponerse a una destrucción todavía mayor.

Aun así, la Casa Blanca sigue hablando con Teherán por canales indirectos, mediados por Pakistán, pero lo hace con un reloj encima de la mesa y con el lenguaje de quien no ofrece una negociación entre iguales, sino una salida bajo presión a los ayatolás.

En realidad, Trump no ha dejado de mover sus plazos. Ya ha dado varias fechas límite para la reapertura de Ormuz y luego las ha ampliado. Eso erosiona parte del efecto de sus amenazas. Pero el tono de esta comparecencia en una sala de prensa abarrotada fue distinto. Más preciso. Más crudo. Más propio de un ultimátum final que de una advertencia retórica.

Ampliar

Trump compareció ante una sala atestada.

En el plano militar, el rescate de los aviadores permitió a Trump exhibir eficacia y coraje, pero también tapar una realidad más incómoda. El derribo del F-15 y de otro aparato de apoyo ha abierto dudas sobre el grado real de superioridad aérea de EE UU sobre Irán que defiende el presidente. Pero, si la guerra estuviera tan cerrada como afirma la Casa Blanca, no habría sido necesario jugarse tanto para recuperar a dos tripulantes tras ser abatidos en territorio enemigo. El presidente trató de cerrar esa grieta con épica, con elogios al ejército y con una escenificación de poder presidencial. Pero el hecho de fondo sigue siendo que Teherán aún conserva capacidad para golpear y para complicar el relato triunfal del magnate en Washington.

El presidente mezcló además esta crisis con otra de sus prioridades, la del petróleo como botín geopolítico. Volvió a citar Venezuela como modelo de operación rápida y rentable, y rescató una vieja idea, casi de otro siglo: «Al vencedor le pertenece el botín». Esa forma de expresarse no es casual. Resume bien cómo ve Trump esta guerra. No como una campaña limitada para neutralizar una amenaza concreta, sino como una demostración de fuerza con consecuencias estratégicas, energéticas y políticas para toda la región.

Límite de sesiones alcanzadas

El acceso al contenido Premium está abierto por cortesía del establecimiento donde te encuentras, pero ahora mismo hay demasiados usuarios conectados a las vez.

Por favor, inténtalo pasados unos minutos.

Sesión cerrada

Al iniciar sesión desde un dispositivo distinto, por seguridad, se cerró la última sesión en este.

Para continuar disfrutando de su suscripción digital, inicie sesión en este dispositivo.

Iniciar sesión Más información

¿Tienes una suscripción? Inicia sesión

Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
Compartir