La familia de la joven critica el retraso de un informe de la Guardia Civil: «Llevamos cuatro años esperando»
Regala esta noticia Añádenos en Google Josefina coge de la mano a su sobrina. (Paula Hernández)Javier Martínez
Valencia
28/05/2026 a las 12:38h.La vida de Aurora se congeló el 18 de junio de 2022 en el asfalto de la calle Trencat de Rafelbunyol (Valencia). En pocos segundos ... quedaron atrás los mejores momentos, las risas y los proyectos de futuro de una joven de 21 años. Lo que vino después fue el vacío de sus recuerdos, los cuidados intensivos en el hospital, los quirófanos y un interminable y doloroso camino de reconstrucción física y mental.
Desde aquella noche, Aurora sufre gravísimas secuelas de por vida, ya acreditadas por el Instituto de Medicina Legal de Valencia, y tardó meses en poder relatar su calvario. Hasta que le restauraron la tráquea en una operación, el 27 de febrero de 2023, la joven no pudo recuperar su voz. Días después, todavía convaleciente y con recuerdos que regresaban de forma fragmentada, compareció ante la Guardia Civil de Moncada.
Poco antes del atropello, Aurora ayudó a una amiga a subir a casa en Ribarroja, porque había bebido alcohol en exceso. Aquel gesto desató la ira de la presunta agresora, la joven que iba al volante del vehículo. La víctima cree que la violenta reacción del atropello se debió a los «celos». La conductora del coche comenzó a reñirla sin motivo aparente durante el trayecto de Ribarroja a Rafelbunyol.
Al llegar al cruce de la calle Real Sequia de Moncada con la calle Trencat, muy cerca del domicilio de la víctima, se desencadenó el horror cuando Aurora se disponía a bajar del vehículo. Su forma habitual de salir de los coches consiste en ponerse de espaldas a la puerta, sentada, para sacar primero una pierna y luego la otra.
Tras el impacto, tendida en el suelo, la joven era consciente de que le brotaba sangre de la cabeza y un brazo, el cual no podía mover. Está segura de que el atropello fue intencionado, y respecto al móvil de la agresión, relata que no existía ninguna relación sentimental entre ambas, solo una amistad. No obstante, cree que la conductora del coche sí deseaba algo más, aunque ella jamás le dio pie. La tensión aumentaba cada vez que Aurora hablaba con un amigo, un joven con quien la víctima había tenido una relación en el pasado y a quien la investigada solía criticar de forma constante.
Aún revive con dolor el instante previo al atropello. «Estaba bajando y ella me miró con cara de odio. Dejó de hablarme, pasó un segundo para coger mis cosas y arrancó. Me enganché como pude rápido, caí y pasó por encima», dice la joven con el rostro cariacontecido. «Me hablaba todo el rato hablándome mal, y en ese momento fue cuando me mira y sus ojos me lo dijeron todo», añade.
Tras el atropello, los teléfonos móviles de la víctima y la joven investigada quedaron a disposición del Servicio de Criminalística de la Guardia Civil para su análisis. Aunque un juez de Massamagrell ordenó el volcado de los terminales, el informe pericial sigue sin estar en manos del magistrado instructor casi cuatro años después de los hechos.
«Lo que no puede ser es que llevemos cuatro años esperando una prueba tan sencilla como el volcado de unos teléfonos. No creo que sea necesario tanto tiempo. Están alargando el sufrimiento de nuestra familia, sobre todo de Aurora», afirma con indignación Josefina, una tía de la víctima. «Sabemos que no fue un accidente», señala con firmeza. Y respecto a la motivación criminal, piensa que quería matar a su sobrina por inquina y celos. «Cuando Aurora se iba con sus amigas se ponía celosa y la machacaba a llamadas. Quería tenerla sujeta», explica Josefina.
La versión de la investigada
La versión de la conductora del vehículo es muy diferente. Niega cualquier tipo de agresión o atropello intencionado, admite haber consumido alcohol aquella noche y sostiene que la víctima se bajó del coche tras pegar un portazo debido a que estaba enfadada o ebria. Según su testimonio, reanudó la marcha, pero a mitad de la calle observó por el espejo retrovisor que Aurora corría detrás del vehículo y luego la vio en el suelo, pero decidió no detenerse porque estaba molesta con ella.
Aunque un testigo la escuchó decir que no se había dado cuenta que llevaba a la víctima enganchada en el vehículo, la joven investigada sostiene que pudo haber pronunciado esas palabras en un intento de dar una explicación coherente en ese momento ante el desconcierto de lo ocurrido. También admitió haberle comentado a los sanitarios que vio a Aurora dar vueltas, aunque luego alegó que se trataba de una simple suposición.
Frente a las contradicciones de los testimonios, el informe emitido por un forense del Instituto de Medicina Legal de Valencia descarta la hipótesis de una caída accidental por carrera, y determina que las lesiones de la víctima eran compatibles con golpes contra el suelo tras «un lanzamiento desde un coche» y arrastre por la calzada.
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