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La Málaga sin árbitro

La Málaga sin árbitro
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Hablamos mucho de lo que falla, pero no siempre de cómo arreglarlo. No necesitamos más quejicas; necesitamos más gente dispuesta a arreglar las cosas
La Málaga sin árbitro

Hablamos mucho de lo que falla, pero no siempre de cómo arreglarlo. No necesitamos más quejicas; necesitamos más gente dispuesta a arreglar las cosas

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Bernardo Quintero

21/05/2026 a las 11:09h.

Tengo una cicatriz en la rodilla derecha desde que tendría unos ocho años. Me la hice al caerme en una alambrada de púas en el ... campo donde jugábamos. Mis amigos me llevaron en volandas hasta mi casa porque no podía andar. De ahí, mis padres me llevaron al ambulatorio de Vélez. Varios puntos, la inyección del tétano y otra cicatriz más.

También recuerdo los pantalones con parches en las rodillas. Las postillas siempre a medio cerrar. Y aquellos partidos de fútbol en los que no había árbitros, ni padres en la banda, ni nadie organizando nada.

Las faltas las pitábamos, las discutíamos y las negociábamos nosotros. Y luego seguíamos jugando.

A veces había bronca, claro. Alguno se enfadaba, otro intentaba colarla. Pero ahí aprendías rápido que no siempre ibas a tener razón y que, si querías seguir jugando, más valía arreglarlo. Sin árbitro había que entenderse. Y sin nadie mirando, había menos teatro.

La calle te espabilaba. Si te caías, te levantabas. Si había un problema, intentabas resolverlo. Si surgía un conflicto, lo gestionabas allí mismo.

Hoy, en cambio, estamos más acostumbrados a otra cosa. A señalar, a protestar, a buscar culpables. A la brocha gorda. A la trinchera. A buscar el aplauso de nuestra grada. A convertir cualquier problema en un debate interminable.

Hablamos mucho de lo que falla, pero no siempre de cómo arreglarlo. A veces parece que nos interesa más el conflicto que la solución.

Y, sinceramente, Málaga no necesita más quejicas. Necesita más gente dispuesta a arreglar las cosas.

Convendría recuperar esa costumbre de intentar apañarnos, de negociar, de no convertir cada roce en un drama.

Y una rodilla llena de postillas… pero sabiendo seguir jugando.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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