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Sergio ParraPor Carlos Zamarriego
Málaga
Domingo, 25 de enero 2026, 11:39
... es que dura escasamente una hora. Hay una obsesión en el mundo teatral con eso de mirar el reloj y yo defiendo que, en un mundo post Netflix, si no hay problema en ver series con capítulos de 50 minutos tampoco se nos puede caer los anillos con montajes teatrales más cortos si es suficiente para contar lo que hay que contar. Este es el caso. El texto de Marguerite Duras es lo que llamaríamos ahora un contenido líquido o multiformato, ya que se concibió para televisión inglesa, de ahí su duración, y la propia autora la llevó primero al teatro y luego al cine (la película de 1967 estuvo codirigida por Paul Seban).Lo peor, sin embargo, es que describe como amor una relación totalmente tóxica, quizás más propia de las pulsiones de los 60 (aunque no por ello extinta), pero inaceptable a ojos de hoy. El hombre es un machista que sigue a su mujer, es infiel pero no permite que lo sea ella y la amenaza continuamente de muerte. Sin embargo, cada comentario de este tipo provocaba risas en el patio en butacas, así que esta obra consigue algo muy interesante: retratarnos como sociedad. Desde ese prisma, intencionado o no, se pueden sacar muchas conclusiones.
Magüi Mira mantiene en la obra tiene ese aire de intelectualidad de la nouvelle vegue, con la 'Sarabande' de Haendel sonando al principio y al final, un minúsculo espacio alrededor de una mesa antigua, un gran ventanal y, por supuesto, hojas marchitas en el suelo. También provoca, por qué no decirlo, aburrimiento en algunos momentos. Aburrimiento que traté de paliar intentando descifrar el código que guiaba la iluminación de José Manuel Guerra, bellísima al tiempo que incomprensible en ese baile entre la luz que atravesaba el ventanal y las emociones que brotaban entre los personajes.
Ana Duato y Darío Grandinetti están bien, muy bien. Contenidos, sugerentes, naturales incluso en las frases más artificiosas, y con química. Una química rota, como corresponde a lo que les está pasando. Ayer tuvieron que sufrir la interrupción de varios móviles de espectadores despistados. Uno de ellos sonó largamente mientras Grandinetti sostenía a su personaje en un momento muy frágil, en un momento clave de la función, y lo pasé realmente mal por él. No sé cómo pudo continuar, la verdad. Esta es otra realidad dolorosa de la era post Netflix, ir al teatro como el que se sienta en el sofá de casa a ver 'Cuéntame'. Quizás pase que teatro ya no sea para todos los públicos.
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