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La 'Magnífica' encíclica

La 'Magnífica' encíclica
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La tradición cristiana nunca ha asentado nuestra dignidad en la productividad o en una actuación cognitiva, sino en la mera existencia. Leer
Ensayos liberalesLa 'Magnífica' encíclica
  • TOM BURNS MARAÑÓN
Actualizado 31 MAY. 2026 - 23:33El papa León XIV.EFE

La tradición cristiana nunca ha asentado nuestra dignidad en la productividad o en una actuación cognitiva, sino en la mera existencia.

Cuando el cardenal Robert Prevost eligió el nombre de León XIV al ser elegido papa el año pasado, los vaticanólogos comprendieron que deseaba ser el continuador del decimotercer León. Entendieron que el nuevo pontífice, al igual de quien lo fue de 1878 a 1903, se enfrentaría a las "cosas nuevas" y a las "nuevas políticas" de su tiempo. Y así es.

El papa que aterrizará el sábado en Madrid y estará seis días en España medita sobre la revolución tecnológica y la inteligencia artificial que conforman las "nuevas realidades" de nuestro entorno. Eso mismo lo hizo hace más de un siglo su antecesor y tocayo que reflexionó sobre la revolución industrial y el movimiento obrero. Las encíclicas suelen tratar temas de doctrina y de la moral y ambos "Leones" pueden ser vistos como papas atípicos porque se entrometieron en los temas socioeconómicos de su época

La encíclica Rerum Novarum de León XIII, promulgada en mayo 1891, fue inmediatamente reconocida como el texto fundacional de lo que se llamaría la doctrina social de la Iglesia católica. Aquel papa rompió muchos moldes al defender la dignidad laboral y el salario justo, y al apoyar una libertad sindical que velaría por ambos derechos. Defendió la propiedad privada pero condenó el capitalismo rampante. Y, por supuesto, también la revolución proletaria.

Puede que León XIII llegase tarde a aquel diálogo. La revolución industrial ya tomaba alas en Inglaterra a mediados del siglo XVIII y en 1848 Carlos Marx y Federico Engels divulgaron el Manifiesto Comunista. El apostolado obrero siempre sería cuesta arriba para una Iglesia que generalmente acababa en el fuego cruzado de la lucha de clases.

Y puede que León XIV llegue tarde a la conversación sobre el IA. Magnifica Humanitas, la encíclica que acaba de hacer pública lleva como subtítulo "sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial". Pero ¿quién la puede proteger contra los más ricos de la historia que habitan en Silicon Valley y contra la totalitaria China que compite con ellos?

Lo que propone el actual vicario de Cristo y sucesor de San Pedro es el ensalzamiento de los criterios que surgen del alma de la "magnífica humanidad " y en su encíclica explica por qué tales ponderaciones están éticamente muy por encima de los del algoritmo a la hora de orientar el progreso tecnológico.

Alguien tenía que desarrollar todo esto porque la IA ha llegado al punto de preguntarnos ¿qué es lo que hace especial a los humanos? Antes podíamos responder tranquilamente que somos especiales porque tenemos una amplia capacidad para el razonamiento abstracto, para la expresión creativa, para la toma de decisiones complejas y para cosas parecidas. Ahora la IA dice que ella también tiene esas capacidades y, además, las suyas operan en fracciones de segundos.

Es una conversación hasta ahora inimaginable e imposible de ignorar. Meghan Sullivan, una intelectual pública cercana a León XIV, profesora de filosofía en la Universidad de Notre Dame (Indiana) y experta conocedora de las fronteras que traspasa la IA, entró directamente en ella a final de la semana pasada en The Tablet, el semanario internacional católico que se edita en Londres.

Sullivan escribió que León XIV establece contundentemente en Magnifica Humanitas cómo la Iglesia tiene una mejor teoría acerca de nuestra dignidad.La tradición cristiana nunca ha asentado nuestra dignidad en la productividad económica o en una actuación cognitiva. Nunca ha dicho que eres importante por lo que puedes hacer; importas, sencillamente, "porque eres", porque eres alguien con un cuerpo, una cabeza y un alma.

Hay que ser bastante cenutrio y cerril, o simplemente sectario, para no ver que León XIV va directamente al meollo del asunto que es la dependencia en el programador y en lo que crea con sus códigos. Y para no preocuparse por la desaparición del ejercicio de discernimiento porque el razonamiento y el aprendizaje propio ya no mola.

Todos conocemos la imagen de filas y filas de jóvenes, de no tan jóvenes y de mayores enfrascados con sus móviles a lo largo del vagón del metro. En la imagen nadie lee un libro ni conversa con el que tiene cerca. Ni siquiera mira a su alrededor. Nadie puede hacer nada de eso porque está ensimismado en su pequeña pantalla particular. El deprimente espectáculo se contempla a diario y el que no utilice el suburbano lo ve en un buen spot titulado "Alzad la mirada" que se ha hecho viral con la ocasión de la visita apostólica del Papa a Madrid, Barcelona y las Islas Canarias.

En Magnifica Humanitas, León XIV exhorta: "aprendamos a escucharnos unos a otros, afrontemos con valentía los desafíos presentes y cooperemos en la construcción de una sociedad más humana y fraterna." Su visita a España no debe ser instrumentalizada y se merece un cálido y atento recibimiento.

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Fuente original: Leer en Expansión
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