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La Mari de Chambao vuelve a casa tras su segundo cáncer: «Hacer negocio con la sanidad es ruin»

La Mari de Chambao vuelve a casa tras su segundo cáncer: «Hacer negocio con la sanidad es ruin»
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La cantante malagueña regresa al escenario de Marenostrum, donde actuó en plena quimioterapia en 2005, para celebrar sus bodas de plata en la música
La Mari de Chambao vuelve a casa tras su segundo cáncer: «Hacer negocio con la sanidad es ruin»

La cantante malagueña regresa al escenario de Marenostrum, donde actuó en plena quimioterapia en 2005, para celebrar sus bodas de plata en la música

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Alberto Gómez

25/08/2026 a las 23:49h.

La última vez que La Mari pisó el Castillo Sohail, en Fuengirola, era otra mujer. Tenía 30 años, estaba recibiendo quimioterapia por un cáncer de ... mama y se subió al escenario para grabar uno de los conciertos más importantes de Chambao. Veintiún años después, regresará a Marenostrum (6 de septiembre, 21 horas) tras superar un segundo cáncer y para celebrar las bodas de plata de una carrera que, asegura, está lejos de terminar: «No cuelgo el traje».

–Sí, sí, sí. El Castillo Sohail forma parte de la historia de Chambao y de la mía personal también. Tocar aquí tiene mucha simbología este año. Por un lado, es el cierre del Festival Marenostrum. Por otro, Chambao cumple 25 años y hacemos las bodas de plata en este lugar tan mágico...

–También para usted, personalmente, es importante.

–Sí, tuve mi primer cáncer de mama en 2005 y estaba dándome la quimio cuando fui por primera vez al Castillo Sohail. Grabamos un DVD con invitadoscomo Antonio Carmona, Miguel Campello, El Bicho y Bebe. Y ahora, que he tenido un segundo cáncer de mama, es como que se cierra un ciclo volviendo al Castillo Sohail, porque no había vuelto. Fui al año siguiente, en 2006, y desde entonces no había regresado.

–¿Qué recuerda de aquel día?

–Los ensayos fueron largos. Luego nos fuimos a comer y, en el restaurante, estaba tocando Pablo López el piano. Todavía no había ido ni siquiera a Operación Triunfo. Estuvimos hablando de música en general y después volvimos otra vez al castillo a seguir con las pruebas de sonido.

–Supongo que era, a la vez, un momento feliz y complicado.

–Sí. De hecho, recuerdo que mis padres estaban muy pendientes de mí. No quise esperar a que acabara la quimio para retomar los conciertos. Lo consensué con mi oncólogo, Emilio Alba, porque me apetecía no estar solamente esperando la siguiente quimio. Como todo estaba bien dentro de la dureza de pasar con 30 años por un cáncer de mama, una operación y luego la quimio, retomamos las giras y las promociones. Yo estaba pletórica, con muchas ganas de grabar ese concierto, de darlo y de mostrarle a toda la gente lo que traía 'Pokito a poko'.

–Y ahora Chambao cumple 25 años. ¿Cómo se celebra una fecha así sin convertirlo todo en un museo, en un ejercicio de nostalgia?

–Mirando también al futuro. Para mí es una continuidad. Es una manera de decirle al público de toda la vida de Chambao, a las salas, a los medios de comunicación, a los festivales y a los teatros que este disco está pensado y dedicado a todas las personas que han impulsado la música de Chambao durante estos años. Y también a las personas que se suman ahora. El otro día tocamos en San Fernando y tuve una bonita reseña de una muchacha de unos 22 años que me decía que era la primera vez que nos escuchaba y que se había enamorado de Chambao. Y yo le di la bienvenida. Pero no cuelgo el traje. Yo sigo.

«Tengo muchas cosas que decir y muchas cosas por hacer. No cuelgo el traje... Yo sigo»

–¿Hay Chambao para rato?

–Probablemente en 2028 saque un disco nuevo y lo esté fraguando el año que viene, porque habrá que acabar esta gira. Se han quedado algunas fechas sueltas para 2027. Y yo todavía no he tocado mi techo. Tengo muchas cosas que decir y muchas cosas por hacer, muchos sueños por cumplir e ilusiones por contar y por hacer. He escrito ya dos libros. A mí me quedan cositas por contar...

–En su caso la música parece algo más que un oficio.

–Pero es un trabajo, ¿eh? Tiene un currazo que lo flipas. Si yo te contara las cosas que hago durante todo el día y durante todos los días de la semana... Mi oficio abarca muchos ámbitos, distintas energías y es 24/7. Desde fuera se tiene una percepción del artista, pero aquí también somos obreras y obreros. Estamos a pico y pala, currando para dar lo mejor de uno mismo.

–¿Le cuesta poner límites?

–No, no me cuesta. La vida y las experiencias te van enseñando que es primero de parvulito de vivir: saber decir que no. Es tan sano como decir que sí. Si hay una parcela, un lugar o una situación que realmente me sobrepasa o que no sé cómo ejecutar, es mejor decir que no francamente. Decir: «No sé hacerlo», «no puedo hacerlo», «ahí no me veo».

«Yo soy igual de fuerte que de débil. Le tiro para adelante y por dentro estoy cagada de miedo. No soy ejemplo de nada»

–¿Cómo gestiona las expectativas ajenas?

–Dándome cuenta de que la vida es todo amor. El amor que te procesas a ti misma se convierte en lo que puedes dar para afuera. Pero primero tienes que aprender a quererte a ti mismo, en tus luces y en tus sombras. Eso es lo que voy aprendiendo a lo largo de estos 51 años. Me he pegado hasta con el carné de identidad para poder decirte esto hoy.

–¿Nunca ha sufrido el síndrome del agradador?

–El tema de agradar es un temazo. Desde pequeñita aprendes a sonreír a gente que ni te va ni te viene, pero, por ser educada; hay que agradar. Y hay una parte que sí es educación y otra que es cumplir la expectativa de alguien que no tiene por qué estar ahí. Porque si eso se traduce en no reconocerte a ti misma, en abandonarte o en tener contradicciones contigo misma, pues no.

–¿Cómo le ha ayudado la música en ese proceso?

–La música es medicina. Esto ya lo sabemos. La música es una coterapia que se puede añadir a los tratamientos que cada paciente esté recibiendo, tanto como oyente como ejecutante.

«Primero tienes que aprender a quererte a ti misma. Me he pegado hasta con el carné de identidad para poder decirte esto hoy»

–¿Habrá en Fuengirola una reivindicación de la sanidad pública?

–En todos los conciertos lo hago y en todas las entrevistas también. Llevo 21 años estando en manos de la sanidad pública, desde las personas que vienen cuando estás operada y te ponen el desayuno o te ayudan, hasta los médicos, las enfermeras y las cirujanas. Pero yo no solamente les doy las gracias. Hago un llamamiento a la ciudadanía para que apoyemos y estemos en la calle. Cuando hay huelgas de médicos, las calles no se tienen que llenar solamente de batas blancas. Las calles se tienen que llenar de todos nosotros reivindicando la sanidad pública. Todos pagamos nuestros impuestos y luego no hay presupuesto. ¿Y eso dónde se traduce? En que tanto el trabajador o trabajadora de la sanidad pública como el paciente se ven en situaciones precarias. No podemos consentir que se privatice.

–Pablo Alborán fue muy crítico con la crisis de los cribados.

–Sí, él y yo estamos en lo mismo. Reivindicamos exactamente lo mismo y posteamos casi lo mismo en las redes sociales. Pero esto no se hace por postureo. Queremos usar de alguna manera nuestras voces para que las personas que ven nuestro contenido también vean esto de nosotros, porque es muy importante. Sin salud no hay nada. No estamos pagando impuestos para que se haga negocio. Estamos pagando impuestos para que haya presupuesto. Quien haga negocio con eso es una persona ruin. Así te lo digo.

–Me preguntaba si alguna vez se ha cansado de ser considerada un ejemplo de fortaleza, de que todo el mundo espere de usted un mensaje inspirador, de superación.

–Yo es que no me atribuyo ninguna etiqueta. Soy igual de fuerte que de débil. Le tiro para adelante y por dentro estoy cagada de miedo. No soy ejemplo de nada. Todos y todas las personas de este mundo, cuando falta la salud, tenemos miedo. No hay nadie al que no le pase eso. Y yo no estoy exenta. Yo tengo un miedo que te cagas.

–Pero hace falta un coraje especial para subir a un escenario delante de miles de personas en plena quimio.

–Hace falta más coraje para ser mi padre y mi madre y verme ahí, en pleno tratamiento, queriendo superarme. Y ese es el ejemplo que tengo de ellos; que en la vida, hasta que no pegue uno el último suspiro, hay que tirar para adelante.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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