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La mayoría de los malagueños residentes fuera de la provincia ya están en edad de jubilación

La mayoría de los malagueños residentes fuera de la provincia ya están en edad de jubilación
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Corresponden a la última oleada migratoria del campo a la ciudad que tuvo como destino Cataluña, Madrid o el País Vasco

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La mayoría de los malagueños residentes fuera de la provincia ya están en edad de jubilación

Corresponden a la última oleada migratoria del campo a la ciudad que tuvo como destino Cataluña, Madrid o el País Vasco

Cristina Vallejo

Jueves, 26 de febrero 2026, 00:41

... los dos archipiélagos balear y canario, curiosamente por delante del País Vasco. Del análisis de las cifras que publicó este miércoles el Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía (IECA) también se desprende una composición etaria de los emigrantes que tiene su explicación en la historia de las migraciones que se han producido dentro de España a lo largo del siglo XX y que tiene su continuidad también en el presente siglo. Porque de esos 118.101 migrantes malagueños en otros territorios de España, 56.291, el contingente más importante, se encuentra en edad de jubilación, es decir, tiene 65 o más años. Frente a ellos, 54.582 son personas en edad laboral, es decir, tienen entre 20 y 64 años. Y el colectivo menos numeroso es el de los menores de 19 años, que son apenas 7.228.

«Hasta mediados de los años ochenta, Málaga fue una provincia netamente emigratoria, es decir, eran más los que se iban que los que venían», comenta el geógrafo Juan José Natera que es profesor en la UMA, que añade que la estructura etaria de los malagueños que han migrado a otras zonas de España responde a esa historia: quienes constituyen el grueso de los nacidos en Málaga que residen en otras provincias, que son aquellos que tienen más de 65 años, se corresponden con «los últimos coletazos» de la corriente migratoria que llevó a los andaluces y a los vecinos del interior de España hacia puntos tales como Cataluña, Madrid o el País Vasco, entre otros destinos. Ellos fueron los últimos de aquellos que emigraron del campo a la ciudad y para ello se tuvieron que ir también de Andalucía. «Son el último vestigio de esa emigración», afirma Natera.

Pero los que abandonaron Málaga por aquellos años, entre los sesenta, los setenta y principios de los ochenta, fueron menos que los que emigraron desde Jaén o Córdoba. Y ello, aclara Natera, porque con la llegada del turismo, si bien del interior de la provincia seguía saliendo gente, la costa, sobre todo la occidental, la lograba mantener.

Aunque el grueso de la población migrante es la que ha cumplido ya la edad de jubilación, lo cierto es que siguen saliendo malagueños de la provincia para instalarse en otros territorios de España. Y Natera observa que hay dos motivaciones principales: para empezar, razones laborales, es decir, personas con alta capacitación que aspiren a puestos de trabajo que aquí escaseen; o el coste de la vivienda.

Dos oleadas

Rafael Grande, profesor de Sociología de la UMA, resume la historia de las migraciones desde Málaga y desde toda Andalucía. La primera de esas oleadas tuvo lugar entre los años cincuenta y los años setenta, desde zonas rurales -por ejemplo desde la Axarquía malagueña- hacia las zonas industriales de Cataluña en su inmensa mayoría, sobre todo al área metropolitana de Barcelona -de ahí que se hablara de la novena provincia andaluza, en referencia a la población residente en esa región-. Si bien hubo algunos de esos migrantes que regresaron a Andalucía, buena parte se quedó e hizo su vida en Cataluña y debe de estar ahora en edad de jubilación.

La segunda oleada de migrantes desde Málaga hacia Cataluña tuvo lugar a partir de finales de los años ochenta. Entonces, comenta Grande, los migrantes ya no eran personas poco cualificadas y de origen rural, sino que quienes decidían mudarse eran personas de áreas urbanas o semi-urbanas y cualificadas. Y por eso los destinos fueron más variados y por eso aparecen también focos de atracción tan importantes como Madrid. De hecho, esta segunda oleada se mantiene viva, fruto de la alta movilidad que presentan las personas altamente cualificadas.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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