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«La mayoría de madres tóxicas están llenas de buenas intenciones y de amor sincero»

«La mayoría de madres tóxicas están llenas de buenas intenciones y de amor sincero»
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En su libro '¿Y si el problema fuera tu madre?', aborda las consecuencias de tener una progenitora indiferente, narcisista, impredecible o manipuladora. «El secreto está en hacer el duelo de la madre ideal», dice

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Clémence Biel, autora de '¿Y si el problema fuera tu madre?' R. C.

Clémence Biel

Escritora «La mayoría de madres tóxicas están llenas de buenas intenciones y de amor sincero»

En su libro '¿Y si el problema fuera tu madre?', aborda las consecuencias de tener una progenitora indiferente, narcisista, impredecible o manipuladora. «El secreto está en hacer el duelo de la madre ideal», dice

Doménico Chiappe

Madrid

Lunes, 16 de marzo 2026, 00:18

... pasado tiempo con tu madre: si sientes cansancio emocional, culpa, ansiedad o la sensación de no cumplir nunca suficientemente con sus expectativas, es un indicador importante» de una «cultura tóxica» que acarrea consecuencias en la mujer adulta, según la autora, formada en psicología infantil y neurociencia. «Una relación sana puede tener momentos difíciles, pero no debería vaciarte sistemáticamente de energía ni impedirte ser plenamente tú misma».

Parte de sus consejos provienen de su propia experiencia: «Yo misma he atravesado un proceso de duelo y de liberación», asegura a este periódico. «Gracias a eso, hoy tengo una relación apaciguada con mi madre. Y, en el plano emocional, soy mi propia mamá». Sin embargo, «ninguna teoría válida puede basarse únicamente en una vivencia personal y además de varias teorías se nutre de «miles de testimonios» de su programa 'Sé tu propia mama'.

-¿Qué hacer cuando esa relación tóxica obstaculiza el desarrollo de la persona?

-Cuando huimos, a menudo nos llevamos con nosotras la vocecita interior de nuestra madre, ¡y la culpa! Por tanto, la cuestión no es cortar o quedarse, sino diferenciarse interiormente. Hablar es posible si la madre es capaz de escuchar. Pero en ciertas dinámicas, el diálogo se convierte en un nuevo espacio de manipulación o invalidación.

-¿Cómo comportarse con una madre deprimida o inmadura? ¿La hija tiene que «salvarla»?

-Una madre deprimida o inmadura sigue siendo una adulta responsable de su propia sanación. Al intentar salvar a tu madre, caes en lo que se llama 'parentificación': inviertes los roles y te conviertes en la madre o el padre de tu propia madre o padre. Es un autosacrificio que no solo es agotador, sino a menudo inútil. Y, sobre todo, supone el riesgo de repetir el mismo patrón.

-¿Y cómo es una relación sana con la madre?

-Eres libre de ser diferente, de decir que no y de tomar tus propias decisiones, sin culpa ni chantaje afectivo. Tu madre te quiere por quien eres, no por lo que haces por ella. Es una relación con reciprocidad: no eres la única que escucha y se adapta. Y, sobre todo, después de pasar tiempo con ella, te sientes nutrida, ligera, no vacía ni ansiosa. Es un vínculo que te nutre en lugar de frenarte.

-¿Se puede notar a simple vista quién ha tenido una madre «sana» y una «castradora»?

-No. Lo que a veces se puede percibir a simple vista es la inseguridad emocional: una necesidad excesiva de validación, dificultad para recibir cumplidos, reacciones emocionales desproporcionadas, perfeccionismo ansioso…

-¿Esos síntomas los produce sólo una madre tóxica?

-No, también puede nacer de un padre ausente, de un duelo precoz, del acoso escolar u otros traumas. Y, además, muchas mujeres heridas por su madre han desarrollado fachadas aparentemente plenas: pueden parecer fuertes, brillantes, carismáticas… y al mismo tiempo llevar una gran fragilidad interior.

-¿Cómo no repetir el patrón que produce la «herida materna»?

-Para romper este ciclo, primero hay que atreverse a nombrar las carencias que se han sufrido sin minimizarlas, porque no repetimos aquello que hemos aprendido a mirar de frente. Un trabajo terapéutico suele ser indispensable para desarrollar la madurez emocional y construir una identidad propia. El secreto está en hacer el duelo de la madre ideal: al ofrecernos a nosotras mismas lo que nos habría gustado recibir de nuestra propia madre, evitamos proyectar nuestras necesidades emocionales insatisfechas sobre nuestros hijos.

-¿El amor materno es suficiente para reparar las heridas?

-No, el amor nunca es suficiente, es un mito romántico que hace mucho daño. La realidad es que la mayoría de las madres tóxicas están llenas de buenas intenciones y de un amor sincero por su hijo. Se puede querer mucho a alguien y, al mismo tiempo, asfixiarlo, manipularlo o utilizarlo inconscientemente para llenar las propias carencias.

-¿Qué tipo de madre es la más destructiva?

-Suelen ser las que parecen más amorosas: la madre víctima o la madre sofocante, por ejemplo, porque su manipulación es más difícil de identificar. El verdadero veneno es la invisibilidad de la toxicidad: cuando la hija crece diciéndose «mi madre me quiere muchísimo», mientras en realidad la está engullendo.

-¿Cuál es la peor frase que una madre le puede decir a su hija?

-Las devastadoras son «Me arrepiento de haberte tenido» o «Me has arruinado la vida». Pero las frases más tóxicas son las envueltas en amor, como «Hago esto porque te quiero», para justificar el control; «Después de todo lo que he hecho por ti», para instalar la culpa, o «Eres mi razón de vivir», para crear una cárcel dorada. Estas frases no dejan ninguna puerta de salida y no se puede decir «Mi madre me maltrata», cuando ella afirma adorarnos.

-¿Y una hija a su madre?

-En una dinámica de control, la frase más difícil de oír para una madre, y la más liberadora para su hija, es, sin duda: «No te debo nada». Al decir eso, la hija rompe el chantaje afectivo según el cual los sacrificios de su madre son una deuda que ella debería pagar toda la vida permaneciendo obediente o disponible. Es una declaración de independencia indispensable.

-¿No se cae en el victimismo al señalar a la madre como responsable de problemas actuales?

-La victimización consiste en quedarse atrapada en la impotencia esperando que la otra persona, la madre, cambie o se disculpe. Aquí hacemos justo lo contrario. Una vez que comprendemos que nuestra madre es la fuente de algunas de nuestras inseguridades, dejamos de esperar que ella nos tranquilice, asumimos la responsabilidad de sanarnos por nosotras mismas y recuperamos nuestro poder personal. Mientras nos negamos a ver el impacto de la madre, seguimos siendo su hija herida. En cuanto lo vemos, nos convertimos en una adulta capaz de repararse.

-¿Cómo sabe que su método funciona?

-Observando la transformación de las lectoras y de las participantes del programa 'Sé tu propia mamá'. Dejan relaciones tóxicas, ponen límites a su madre sin derrumbarse, dejan de repetir los patrones con sus hijos. Recibo mensajes todos los días de mujeres que me dicen: «por primera vez en mi vida, me siento legítima», «por fin entendí por qué me autosaboteaba», «ya no busco la aprobación de mi madre para existir». Funciona porque no se trata de pensamiento positivo ni de desarrollo personal superficial, sino de un trabajo de fondo que toca las raíces del problema.

-¿Se puede ser feliz a pesar de tener una madre tóxica?

-Sí, absolutamente. Algunas mujeres creen que nunca podrán ser felices mientras su madre no cambie, pero eso es falso. La felicidad no depende de reparar la relación; depende de tu propia sanación. Eso implica un duelo: aceptar que esa relación nunca será lo que esperabas, aceptar no haber tenido la madre que necesitabas y elegir construirte igualmente.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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