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La metamorfosis de Carlos Espí: "Este tío me saca las castañas del fuego"

La metamorfosis de Carlos Espí: "Este tío me saca las castañas del fuego"
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Así se forjó el delantero que causa sensación en LaLiga y al que se encomienda el Levante en busca de la salvación
LevanteLa metamorfosis de Carlos Espí: "Este tío me saca las castañas del fuego"

Así se forjó el delantero que causa sensación en LaLiga y al que se encomienda el Levante en busca de la salvación

La metamorfosis de Carlos Espí: del Tavernes al Levante pasando por el Alzira.MARCA
  • FERNANDO ÁLVAREZ
Actualizado 01/04/2026 - 06:09CESTMostrar comentarios0

En marzo de 2024, el Real Madrid llamó al Levante con una oferta oficial por Carlos Espí (2005) para reforzar el Castilla: “No la aceptamos”, recuerda Felipe Miñambres, entonces director deportivo granota, “porque veíamos que tenía un potencial enorme”. El club azulgrana se había protegido previamente con una mejora de contrato después de que el delantero juvenil -que ya jugaba en el filial y había debutado en Segunda- hubiera marcado 30 goles en 50 partidos.

Dos años después, el punta valenciano es la gran esperanza azulgrana para la salvación del primer equipo. Nombrado jugador de LaLiga del mes de marzo tras marcar seis goles en cuatro partidos, el delantero de 1,94 metros renovó su contrato hasta 2028 con una cláusula de 25 millones, que se reduce en caso de descenso.

Espí es el orgullo de Tavernes de la Valldigna (a 57 kilómetros al sur de Valencia) donde se formó hasta cadete en un club modesto, en un ambiente sano y familiar muy alejado de la competitividad de otras escuelas de la provincia. “Desde nuestra casa se ve el campo de fútbol”, explica su padre, Juanjo Espí. “Lo habitual es que haya gente dando patadas a un balón si no hay entrenamientos o partidos”. Carlos era uno de esos espontáneos hasta que cumplió seis años.

El niño que remataba de cabeza sin miedo

“Tú, a jugar conmigo”, decidió Javi Tur, entrenador del prebenjamín del Tavernes que conocía al novato desde que usaba pañales. “Los niños a esa edad suelen tener miedo de dar al balón con la cabeza y él iba con todo. No se lo pensaba. Siempre quedaba máximo goleador en las ligas. Era un gran rematador”.

El prebenjamín Carlos Espí con su entrenador Javi Tur.MARCA

Con seis años no tenía miedo de rematar de cabeza, tuve muy claro dónde tenía que jugar

Javi Tur, entrenador en el Tavernes

Durante la pandemia, el niño dio el estirón definitivo: “Como estábamos todo el tiempo en casa, me daba cuenta día a día de cómo me iba pasando”, evoca su padre. Y cuando regresaron las competiciones federadas, el delantero cadete sacaba más de una cabeza a compañeros y rivales. En esa época fue cuando el Alzira, con equipos en las mejores categorías, contactó con Juanjo Espí: “No teníamos ningún interés y suponía un cambio porque había que llevarlo y traerlo [25 minutos en coche, aproximadamente]”. “Es que yo quiero jugar contra los mejores”, rogó Carlos, entonces.

“Él no se consideraba ni mejor ni peor”, precisa Juanjo. “Pero ahí estaban el Valencia, Levante, Villarreal, los equipos ‘A’”.

Espí notó el salto y, aunque seguía marcando goles en el cadete alcireño, no terminaba de deslumbrar. Promocionó al juvenil C (de primer año) y ahí lo reclamó Pascu Domingo, técnico del B, que jugaba en Liga Nacional y le había echado el ojo en pretemporada. “Llevaba varios partidos sin ganar y peligraba mi puesto: ‘Este tío me tiene que sacar las castañas’, me dije. Ganamos 1-4 y marcó dos goles”. Salvado.

Carlos Espí con su entrenador del Alzira Pascu Domingo.MARCA

“Llevaba varios partidos sin ganar y peligraba mi puesto: ‘Este tío me tiene que sacar las castañas’. Marcó dos goles y ganamos 1-4

Pascu Domingo, entrenador en el Alzira juvenil

“Ahí fue donde empezó todo”, subraya Juanjo. Porque ese partido lo vieron algunos ojeadores y cazatalentos de agencias. “Al día siguiente estaba llamando todo el mundo”.

Sergio Palomares, tío de Carlos y preparador físico, conocía al exjugador Pepe Serer, vinculado a la agencia InterStar y se lo presentó a los padres del joven futbolista. “Nos cuadró que hubiera una relación estrecha con la persona que se iba a encargar de él y que mi sobrino se ocupara de la preparación física”.

Carlos Espí, con sus padres, el día del ascenso a Primera división.

Con 15-16 años es cuando lo moldean, pierde peso y gana músculo

Juanjo Espí, padre de Carlos

“Ese es el momento clave, con 15-16 años”, sitúa Juanjo Espí. “Tras el cambio físico lo moldean porque pierde mucho peso y empieza a hacer músculo y a ganar fuerza”. Porque el instinto, Carlos lo había tenido desde niño. Javi Tur, técnico en prebenjamín, recuerda las sesiones en las que él mismo hacía de jugador para que los niños aprendieran a colocarse en el campo y a pasar la pelota: “Cuando yo la recibía, venía como un cohete y si te pisaba, porque era bastante grande, te hacía daño. Entraba fuerte de verdad”, revive con una sonrisa Javi Tur.

El primer 'Espigol'

“No sé si fui el primero, pero yo le llamaba Espigol”, añade Pascu Domingo. “Su tío lo puso como un avión físicamente y yo traté de ayudarlo en aspectos técnicos y coordinativos. Porque para un chaval de 16 años que mide 1,90 no es fácil gestionar su cuerpo. Fue un boom. Se me pone la piel de gallina aún al recordarlo”. Con 17 años promocionó al juvenil División de Honor del Alzira y ahí su evolución era imparable. “Lo que más me ha impactado de Carlos, y lo conozco desde niño, es la capacidad que tiene para aprender”, destaca Javi Tur. “Te escucha y trata de mejorar”.

El Valencia lo dejó pasar, recuerdan, porque no brilló en algún partido al que fueron a verlo. El Levante, con Joaqui Navarro como director de Fútbol 11, igualó una buena propuesta del Alavés y Espí empezó a escribir sus primeros reglones de color granota. “Le costó al principio; pero, gracias a la confianza del entrenador Euge Rivera, Carlos se fue acoplando poco a poco”, apostilla Juanjo Espí.

Espí, en el gimnasio con su preparador personal Sergio Palomares.IG

Fue otro cambio difícil. Primero, tuvo que matricularse en turno de tarde en el instituto porque el juvenil entrenaba por la mañana. Su padre recorría 160 kilómetros diarios para llevarlo a la ciudad deportiva de Buñol y se juntó 2º de Bachillerato, Selectividad y el último curso (6º) de Enseñanzas Profesionales de Oboe. “Olvídate de la música”, le sugirió su padre. “No, lo acabo como sea”, recibió por respuesta. Y lo sacó, por pura cabezonería. “Acabó los estudios, pero no ha vuelto a coger el instrumento”.

Espí, que estudia Ciencias de la Actividad Física con una beca universitaria del Levante, vive en Valencia en un piso de estudiantes compartido con otros dos amigos de la infancia de Tavernes. Cuando cumplió 18 años se sacó el carné de conducir y se compró un coche con un renting de cuatro años: “Ahora ya solo hago kilómetros para ir a los partidos a verlo”, bromea su padre.

Todavía llevaba la ‘L’ en la luna trasera cuando debutó en Segunda en el último partido de Javi Calleja, y fue con Felipe Miñambres, ahora presidente del Tenerife, con el que Espí marcó su primer gol profesional, ante el Alcorcón, en su segundo partido con el primer equipo: “Nos costaba meterlo por las plazas sub 23 [Andrés García, Carlos Álvarez y Cabello]. Pero es que salía él y el partido cambiaba porque es muy difícil de sujetar”.

Felipe Miñambres, en su etapa en el Levante.LEVANTE UD

“Le ha costado menos encontrar el gol en Primera que en Tercera

Felipe Miñambres, exdirector deportivo del Levante

“Le ha costado menos encontrar el gol en Primera que en Tercera”, sentencia Miñambres que alaba la valentía del actual entrenador del Levante, Luís Castro: “No es fácil dar la titularidad en Primera en una situación como la actual y dártela por delante de otros delanteros que se ficharon”.

El Ciutat de València reprochó con el estribillo “Calero, saca a Espí” la falta de oportunidades que el técnico ofrecía a un delantero que prefirió quedarse en el Levante. Sus números gritan más que un cántico de la grada: en Segunda, 7 goles y dos asistencias en 38 partidos (514 minutos), un gol cada 73 minutos. En Primera, 7 goles en 16 partidos (559 minutos), un gol cada 80 minutos.

“Carlos ve un escalón y lo sube; y después, continúa subiendo”, describe Juanjo Espí: “Pero ahora está mucho más arriba de lo que pensábamos”.

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Fuente original: Leer en Marca
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