Esta semana tiene un sentido y un objetivo y un elegido y un asombro: Pedro Sánchez. Comparecía en el Congreso con espíritu de doble filo para la votación de una moción de confianza no vinculante en su contra. Por un lado exhibe el instinto redentorista de un vietnamita de matorral dispuesto a todo y por el otro aloja ese aroma de moda Chanquete: "No nos moverán". (Al final a Chanquete lo movieron, vaya que sí. La pura vida lo cambió de sitio exactamente). En la pasada sesión de control se pudo ver, sin necesidad de gafas de eclipse, cómo todo se oscurece a plena luz y el Gobierno se desintegra. Cómo el problema no es por las prácticas de unos cuantos, sino por la diabla corrupción de banda ancha y la ineficacia manifiesta para evitarla. Eso sí que es un desastre. Todo el mundo tiene ganas de reñir.
Como el calor dilata las ideologías, ya nadie despliega ideas en política. Ahora se dispara a dar o se esquivan las balas. Es todo. También dentro de los partidos, donde se perdió el hermaneo de carne de cuando las cosas van bien y aún se fían los unos de los otros. Feijóo, que es parlamentario de discurso rasante, dio sin embargo un espadazo singular en su turno de réplica. Miró al ministro Óscar López (a quien Sánchez tiene por agente doble: traidor y a la vez un poco leal, aunque sobre todo por traidor) y le recordó esto mismo al presidente del Gobierno: "No se ría de ese ministro [señalando a López con el dedito tieso], que es quien lo investigó por sus saunas, señoría". Booooommmmm. López, sonrojadísimo, no sabía dónde ocultar el corpachón. Le faltó una chispa de nada para estallar de no sé qué y dejar los escaños perdidos. Le tomas la presión arterial en ese momento y el mercurio del tensiómetro se pega un tiro.
El acoso a Pedro Sánchez no discrimina maneras ni razones. Pero el tipo resiste de un modo loco y eso genera una frustración grande en el PP, que piensa lo que tanta gente piensa: "Si en vez de Feijóo tuviésemos un líder en la derecha quizá habríamos visto florecer ya los primeros lirios y agapantos de los jardines de Moncloa". Y es que en el Congreso se ha visto algo tremendo: un Gobierno en su hora más baja, situado ahí donde comienzan los grandes meandros de las desembocaduras, y sin embargo el tío dice que no se va y se ha marchado con su bancada en pie y los enemigos gritando: "Dimisión, dimisión, dimisión". Esto prende el jugo gástrico de Feijóo, que no sabe ya cómo darse la vuelta y recomenzar. El único que contento es Abascal, por tantos motivos como le dan para no trabajar. Abascal sabe, al menos eso lo sabe, que los barcos se hunden solos. Y él tiene en su puño americano el hundimiento del PP si le da la gana.
Pedro Sánchez habla ya solo contra todos. Patxi López habla sólo contra Feijóo a cuenta de una desafortunada mención de éste al padre muerto. Y entre todos sabemos que el presidente del PP vive en el Viso, una zona residencial finísima de Madrid. Este momento Idealista también se coló en el hemiciclo mientras la democracia soportaba grandes truenos. Sobre las broncas políticas sucesivas se va posando un moho amarillo muy desagradable. Nadie quiere lo que viene. Quiero decir: el verano tórrido de acusaciones y el otoño en llamas de desesperaciones. Sánchez quizá convoque elecciones en marzo, cuando le traicionen definitivamente en Junts, que lleva dos meses enseñando la patita dinamitera y esta tarde ha cumplido pidiendo la moción de confianza para Sánchez que impulsa el PP. Amigos para siempre/ means you'll always be my friend (Los Manolos). Esta dupla/fantasía muestra un poco más la debilidad parlamentaria de Sánchez. Esta dupla/fantasía es el nuevo Mr. Potato del final de la legislatura. En el debate por los Presupuestos Generales del Estado los socios dejarán que se expansione y luego se abstendrán en contra por razones de código moral. Verás que sí. Junts en cuestiones de extorsión nunca defrauda. Habrá que avanzar elecciones y para Feijóo comenzará la pesadilla a cada muerdo vampiro de Vox.
Sólo tienen que dejar que la catástrofe samaritana de Zapatero avance y genere más titulares de periódico. Esta otra demolición controlada será el principio de armonía de la oposición. Escombro a escombro cerrará el Gobierno la legislatura agónica cuando ya no pueda más. El escombro y la agonía parlamentaria son el paisaje actual de la política española. Qué bien lo dijo Luis Cernuda, el poeta: "Me reclino/ a contemplar sereno el campo y las ruinas". Época zarrapastrosa.