Juicio en Málaga
La mujer que descubrió las presuntas violaciones del cura: «Vi las carpetas, clasificadas como un psicópata»La testigo ha asegurado que durante meses intentó denunciar los hechos a las autoridades eclesiásticas, sin que le hicieran caso: «Me sentí desamparada por la iglesia, me sentí vacía»
Regala esta noticia Añádenos en Google (Marilú Báez) 25/05/2026 a las 15:58h.El juicio contra el padre Fran, acusado de cuatro delitos de agresión sexual, revelación de secretos y lesiones, ha comenzado este lunes en la Audiencia ... Provincial de Málaga con la declaración de su expareja. La testigo, que ha comparecido protegida por un biombo para evitar el contacto visual con el procesado, ha detallado cómo descubrió los archivos audiovisuales de los presuntos abusos, así las coacciones que afirma haber sufrido por parte del acusado y la continua falta de respuesta que obtuvo al tratar de denunciar los hechos ante las autoridades eclesiásticas.
Según ha contado, se quedó horrorizada y se marchó a su casa, pero al día siguiente regresó al domicilio del acusado para examinar el dispositivo. Al estar conectado en la tele, ha indicado que no aparecían todas las carpetas, pero esa noche se llevó el disco duro a su casa, donde lo puso en su ordenador, descubriendo entonces que los archivos estaban clasificados por carpetas con los nombres de las víctimas: «Yo veía las fotos y no podía creer lo que estaba haciendo».
Al describir el material audiovisual, la testigo ha afirmado que recordaba perfectamente a otra de las perjudicadas porque salía «completamente muerta» mientras él «la estaba violando». Asustada, ha contado, la mujer realizó una copia de seguridad de todo el contenido en su propio ordenador personal antes de devolver el dispositivo a su lugar para que el procesado no sospechara. «Ahí vi todas las carpetas, clasificadas como un psicópata con el nombre de las víctimas»
Tras el descubrimiento, la mujer trasladó los hechos a un conocido común y este a un sacerdote que conocía. También se lo dijo a otro cura de la parroquia del procesado, según ha señalado. A principios de enero de 2023, cuando el investigado regresó a Melilla, lo confrontaron para que les mostrara el disco duro, pero el ordenador de él estaba roto, por lo que fueron a la parroquia. El testigo ha afirmado que el otro sacerdote «se quedó blanco» y «no daba crédito» ante las imágenes.
Antes de que el otro cura viera las imágenes, el acusado intentó convencer a su expareja para que no difundiera el contenido porque le iba a «buscar la ruina», enviándole mensajes donde le pedía «que por favor que no pusiera el disco duro en el ordenador, que yo sabía su pasado y lo golfo que era». Asimismo, la testigo ha denunciado que el procesado la coaccionó con amenazas de suicidio: «Me decía que de qué lo acusaba, que no sabía lo que hacía, que le iba a buscar la ruina, que lo ayudaba o se mataba».
Durante la reunión en la iglesia, el investigado aseguró que «de todo esto tenía constancia la iglesia, que lo habían perdonado, que las niñas (las víctimas) también», de acuerdo con el testimonio de su expareja. Acto seguido, solicitó quedarse a solas durante cinco minutos para rezar, momento que, según la testigo, aprovechó para borrar definitivamente todos los archivos del disco duro original.
La testigo también ha relatado un segundo calvario debido a la gestión institucional de la Iglesia tras conocerse los hechos. Según su testimonio, la medida adoptada por el vicario de la diócesis dos días después de los acontecimientos fue trasladar al padre Fran desde Melilla a Málaga, justificando el movimiento por «problemas de salud», ubicándolo primero en un retiro y posteriormente en las parroquias de El Burgo y Yunquera, sin que ningún responsable eclesiástico interviniera el dispositivo ni notificara su contenido a la policía.
La mujer ha manifestado que intentó denunciar los hechos formalmente ante las autoridades diocesanas por vía presencial, telefónica y postal, sin éxito. Al entrevistarse con el vicario, ha sostenido que este reaccionó con incredulidad: «Se lo conté, se enfadó, dio un golpe en la mesa» y le aseguró que «era imposible que él hubiera hecho eso».
Gestiones infructuosas
Las gestiones con el entonces obispo de Málaga también resultaron igualmente infructuosas, a pesar de que ella insistió reiteradamente para reunirse con él. «Yo le pedí entrevista y él respondía que estaba muy ocupado. Me sentí desamparada por la iglesia, me sentí vacía. Llegué a meterme en el despacho del obispo y no me quería atender. Me cerraron las puertas. No me hacían ni caso», ha relatado ante el tribunal, completamente rota.
La falta de amparo institucional y la presión de la situación llevaron a la testigo a un estado de desesperación total, según ha manifestado. «Yo me quería quitar de en medio, no quería sufrir más», ha declarado, explicando que fue localizada en una playa por un subinspector de la policía que se interesó por su estado.
A pesar del miedo, decidió contarle lo que había descubierto meses atrás: «Yo necesitaba denunciar». El subinspector solicitó la presencia de un agente de paisano, quien acudió al lugar y, posteriormente, se trasladó al domicilio de la testigo para realizar una primera copia de los archivos en un pen drive. Días más tarde, la policía judicial procedió a la intervención definitiva del ordenador, iniciando la investigación penal que ha motivado la apertura del presente juicio.
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