- ¿Cómo vive el hecho de estar las 24 horas del día bajo protección policial?
- Cuando uno tiene 22 años y ha vivido todo lo que ha sufrido mi familia, no tiene derecho a quejarse. Tras haber enterrado a dos hermanos, no me siento legítimo para lamentarme de las limitaciones que sufro en mis desplazamientos y vida personal.
- ¿No teme que su existencia quede completamente marcada por la amenaza de las mafias como ha sucedido con el periodista italiano Roberto Saviano?
- No creo que se pueda comparar el caso de Saviano con el mío. Básicamente, porque Saviano no perdió a ningún miembro de su familia. Yo he enterrado a dos de mis hermanos. ¿Hay algo peor que eso? No lo creo. Lo peor de mi vida ya está detrás de mí.
- Cuatro meses después del asesinato de su hermano Mehdi, usted se presentó a las elecciones municipales y fue elegido concejal en Marsella. ¿Cómo su tragedia familiar ha contribuido a su vocación política?
- Ya militaba políticamente antes de la muerte de mi primer hermano. Cuando tenía 16 años, creé el colectivo Conscience, porque quería demostrar que los jóvenes de las 'banlieues' son capaces de pensar por sí mismos y trazar su futuro. Entonces ya me interesaba por la política y no consideraba para nada que fuera algo ajeno. Para aquellos que viven en los barrios populares -con un importante porcentaje de viviendas sociales y habitantes con orígenes extraeuropeos-, la política es sinónimo de la vida cotidiana. Está relacionada con el tamaño del pomo de las puertas, de las ventanas o el estado de conservación de nuestras viviendas.
«Tras haber enterrado a dos hermanos, no me siento legítimo para lamentarme de las limitaciones que sufro en mi vida personal»
- La lucha contra el tráfico de drogas también es un problema político. ¿Se ha convertido en una prioridad para la izquierda marsellesa?
- No creo que se deba presentar este problema como algo específico de Marsella. En cada ciudad de Francia hay numerosas personas afectadas por los estupefacientes. Hay consumidores, familiares de consumidores, narcos, familiares de narcos… Estamos ante una lacra internacional. Es un verdadero problema de nuestra civilización que solo podemos combatir a través de una perspectiva global.
- ¿Cómo piensa que se debe afrontar este problema?
- En los últimos años se trató el narcotráfico únicamente como un problema de seguridad, pero eso no funciona. La policía, cuyo trabajo aprecio mucho, no puede resolver todos los problemas. Para combatirlo, hacen falta más recursos policiales, pero sobre todo hacen falta más medios de prevención. Necesitamos más inversiones sociales. También sirve para luchar contra los narcos el hecho de renovar las infraestructuras de las barriadas, mejorar sus servicios, los transportes o facilitar que haya asociaciones bien implantadas. Cuando proponemos una buena educación o empleos de calidad a los habitantes de esos barrios, eso también resulta útil para combatir el narcotráfico.
Niños convertidos en «esclavos»
- El narcotráfico se aprovecha de la pobreza y la falta de servicios públicos…
- La narcocracia, el concepto que utilizo en mi libro, 'Marseille, essuie tes larmes' (Marsella, seca tus lágrimas), crece en todos esos lugares que el Estado dejó abandonados e intenta rellenar esos vacíos sociales. Los narcos no solo toman como rehenes a los habitantes de los barrios periféricos, sino que también convierten en sus esclavos a los jóvenes y adolescentes de esos distritos. Los atraen prometiéndoles un futuro radiante, pero en realidad los maltratan. Los pegan cuando falta un poco de dinero, desobedecen alguna de sus órdenes o cuando lloran y se comportan como niños, que es lo que son.
- Su manera de funcionar recuerda la de los peores empresarios de finales del siglo XIX o principios del XX…
- Los comparo con la pirámide del capitalismo. Los capos de las mafias están obsesionados con el dinero, los beneficios y las ganancias a corto plazo. Pero en la base de ese sistema están los jóvenes que venden estupefacientes por menos de un salario mínimo y es a ellos a los que matan, mientras que en la cúspide están los capos que consiguen cantidades ingentes de dinero gracias a la droga, viven en mansiones en Dubái, Tailandia o Emiratos Árabes Unidos, tienen coches de lujo y van a los mejores restaurantes.
- Hay un debate en Francia sobre si se debe considerar que las bandas de narcos actúan como mafias y disponen de cierto poder social. ¿Qué le parece?
- Es un debate que me indigna y me sorprende bastante. Obviamente, la DZ Mafia marsellesa y otras bandas son grupos mafiosos. Hablamos de grandes organizaciones que se dedican a blanquear dinero, traficar con armas y prostitutas o chantajear a comercios. Además, intentan influir en la política local y han asesinado recientemente al hermano de un militante local. Me sorprende que, a pesar de todo ello, todavía haya expertos que quieran debatir sobre si tenemos que considerarlos como grupos mafiosos o no. Mientras ellos debaten, nuestras vidas corren peligro.
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