La NBA cierra hoy el proceso de subasta para definir las ciudades europeas que podrían albergar sus futuras franquicias en Europa
..- JOSÉ LUIS MARTÍNEZ
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El 31 de marzo marca un punto de inflexión en el futuro del baloncesto europeo. La NBA cierra hoy el proceso de subasta para definir las ciudades europeas que podrían albergar sus futuras franquicias. Detrás, grandes fondos de inversión preparados para entrar en el negocio y repartirse un mercado en plena ebullición.
Pero la pregunta que sobrevuela el escenario es incómoda: ¿dónde queda el baloncesto? Porque Europa no es territorio virgen. La Euroliga ya aglutina a los principales clubes, a las ciudades con tradición y, sobre todo, a una base de aficionados profundamente arraigada. Equipos históricos, muchos de ellos centenarios, sostienen un ecosistema que va más allá del negocio: identidad, cultura y pertenencia.
Silver, entre la ambición y el pragmatismo
El comisionado de la NBA, Adam Silver, ha dejado entrever en los últimos días su preferencia por una solución pactada. Un modelo híbrido que combine el músculo económico y organizativo de la NBA con la tradición y estructura del baloncesto europeo.
Adam Silver, comisionado de la NBA.EFENo es casual. Silver entiende que imponer un modelo basado en dinero sería una versión de 'Superliga' que chocaría frontalmente con la realidad del continente. Europa ya rechazó una iniciativa similar en el fútbol con la Superliga Europea de fútbol, y las señales apuntan a una resistencia similar en el baloncesto.
El riesgo de fractura
El principal temor no es solo deportivo, sino estructural. Una competición paralela impulsada por la NBA implicaría fragmentar aún más el mercado: dos ligas enfrentadas, calendarios incompatibles y una lucha directa por clubes, audiencias y recursos.
En ese escenario, el baloncesto saldría perdiendo. La historia reciente demuestra que las guerras internas debilitan el producto, erosionan el interés del aficionado y generan incertidumbre en todos los niveles.
Además, el argumento económico que sostiene el proyecto presenta grietas. Otras competiciones vinculadas al ecosistema NBA, como la WNBA, la BAL (Basketball Africa League) o la desaparecida NBA 2K League, no han logrado consolidar modelos rentables sostenidos. La promesa de un negocio “seguro” en Europa está, como mínimo, por demostrar.
La resistencia de la grada
Si algo ha quedado claro en los últimas semanas es que el rechazo no solo viene de despachos y federaciones, sino también de la base: los aficionados.
En el Real Madrid, tres de sus peñas más representativas de su equipo de baloncesto —Berserkers, La Gran Familia y Ojos del Tigre— alzaron la voz en un comunicado conjunto. Su mensaje fue contundente: prefieren un baloncesto donde se mantengan los duelos históricos y la tradición competitiva.
“Irnos solos a esa nueva competición de la NBA sería un error”
Comunicado conjunto de tres peñas del Real Madrid
El temor es claro: que el nuevo proyecto deje fuera a gran parte de la actual Euroliga y rompa rivalidades construidas durante décadas. “Irnos solos a esa nueva competición sería un error”, advierten, reflejando un sentimiento que empieza a extenderse entre los seguidores.
¿Negocio o esencia?
El intento de atraer a clubes y fondos con la promesa de un futuro más lucrativo recuerda inevitablemente a otros proyectos fallidos. La idea de “todo será mejor” choca con una realidad compleja, donde el valor del baloncesto europeo no reside únicamente en su potencial económico, sino en su tejido histórico y social.
Fagocitar ese ecosistema en nombre del negocio no parece una estrategia viable. Más bien, amenaza con desnaturalizar el producto.
Un futuro condicionado al acuerdo
A día de hoy, el escenario sigue abierto. Si la NBA y la Euroliga logran un entendimiento, el baloncesto europeo podría entrar en una nueva era de crecimiento conjunto. Si no, el continente se enfrentará a una fractura que recuerda peligrosamente al fantasma de la Superliga.
Chus Bueno, CEO de la Euroliga, durante una visita reciente a MARCA.ÁNGEL RIVEROY en ese pulso, la gran incógnita sigue siendo la misma: quién gana… y, sobre todo, quién pierde. Porque si algo parece claro, es que una guerra interna no tendría vencedores. Solo un gran perjudicado: el baloncesto.
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