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"El liderazgo se ejerce escuchando a todo el mundo que tiene derecho a opinar", dice. El también presidente de Saba pone fin este viernes a sus diez años como presidente de la institución musical barcelonesa.
"Hay que estar dispuesto a cuestionar" la ópera, pese a que este género habitualmente se asocia con la formalidad y la tradición. Así lo certifica Salvador Alemany (Barcelona, 1944), que este viernes pondrá fin a una etapa de diez años como presidente de la Fundación Gran Teatro del Liceo de la capital catalana. El también presidente de Saba Infraestructuras explica a EXPANSIÓN que la innovación debe formar parte de la esencia de los gestores artísticos y programadores culturales. Es un espíritu que el Liceo quiere reflejar con el lema de la temporada 2026-2027, Desacralizar.
Este verbo incorpora "una connotación de cierta rebeldía, de dar la vuelta a las cosas, de no hacer nada intocable", recalca Alemany. Son unas coordenadas que estarán presentes en el arranque del nuevo ciclo.
El primer espectáculo será una relectura contemporánea de Aida, de Giuseppe Verdi. Es la ópera más representada de la historia del Liceo, y ahora se hará con una mirada crítica hacia las estructuras de poder y el fanatismo religioso. La directora escénica es la artista iraní Shirin Neshat, quien ha tenido que lidiar en primera persona con un régimen autoritario.
"Los creadores están trasladando las tragedias de siglos pasados a los desafíos colectivos e individuales de hoy", dice Alemany. Saberlo explicar es todo un reto. "Hay quien no entiende por qué aparecieron hombres vestidos de nazis en Norma, de Vincenzo Bellini", una producción con dirección artística de Àlex Ollé que se representó en 2022.
Alemany destaca que nunca ha querido ejercer de "crítico musical" y que, aunque puede tener una opinión formada sobre espectáculos, composiciones y escenografías, tiene claro que, a la hora de gestionar equipos, en público "no hay que criticar". Es un principio que aplicó en su etapa en el FC Barcelona, cuando presidió la sección de baloncesto.
Salvador Alemany repasa en esta entrevista sus 10 años en la institución musical barcelonesa.Victòria RoviraAraba Press"Mi entrenador es el mejor"
"Mientras esté al frente del equipo, mi entrenador es el mejor", rememora Alemany, sobre cómo respondía a las críticas hacia esta figura. En el caso del Liceo, explica que tras un estreno, habitualmente le gusta analizarlo con el equipo, siempre de forma "asertiva y positiva". Traslada que incorporar "una dosis de cuestionamiento es esencial". Debe ser en su punto exacto, para que el conjunto "tenga una coherencia".
Alemany ha desempeñado múltiples funciones: su primer trabajo fue como botones y acabó presidiendo instituciones como el Círculo de Economía o grandes grupos empreariales como Abertis. "Yo tengo una teoría: el liderazgo se ejerce escuchando a todo el mundo que tiene derecho a opinar sobre un tema", dice. "Después, ya te retirarás a pensar y dirás qué es lo que crees que es mejor", agrega.
Cuando en 2016 tomó las riendas del Liceo, el directivo recuerda que a muchos les sorprendió que dijera abiertamente que lo suyo era la gestión. "Quería tener juicio propio, pero también la más firme voluntad de respetar lo que hicieran el director artístico, la dirección general y los diferentes departamentos", destaca.
Sus prioridades eran claras: sanear sus finanzas, buscar más ingresos de mecenas y patrocinadores, abrirse a los jóvenes, estrechar lazos con nuevos creadores y también con la sociedad catalana en su totalidad. Desde la burguesía que se ha volcado en esta institución durante un siglo y medio hacia los habitantes del barrio que acoge el auditorio, el Raval.
Durante esta etapa se han roto moldes con proyectos como una ópera comunitaria que involucró a 300 vecinos o con las puertas escultóricas de Jaume Plensa. Se trata de uno de los artistas contemporáneos catalanes de más renombre internacional pero hasta entonces, "estaba prácticamente ausente" en Barcelona. La obra incorpora referencias a alfabetos de todo el mundo, presentes en el Raval y en toda Barcelona. Alemany se crió en este barrio, y recuerda su infancia. "De pequeño pasaba frente al Liceo para ir a estudiar y pensaba que yo nunca podría entrar allí".
Futuro
Sobre el futuro de la institución, quiere que "siga la evolución de la sociedad". Precisamente, su futura segunda sede en el Puerto de Barcelona debe contribuir a ello. Se trata del LiceuMar, que buscará dar voz a nuevos talentos e incorporar lenguajes contemporáneos.
A este proyecto se suma otro que ya lleva varias ediciones, "las microóperas de nueva creación, de 30 minutos" y que pretende ser una plataforma para músicos, cantantes y escenógrafos al terminar sus estudios.
"El Gran Teatro del Liceo tiene una personalidad bien definida", que se ubica entre los espectáculos de corte más clásico y una clara voluntad de transformar un género muy consolidado. Encontrar el "equilibrio" entre ambas misiones no siempre es fácil, y lo mismo ocurre en la gestión de equipos. En este campo, "hay que defender a las personas y, al mismo tiempo, juzgar qué estamos haciendo y qué podríamos hacer mejor", concluye Alemany.
Más mecenazgo y apuesta por el público juvenil
En diez años, los ingresos del Liceo de Barcelona han subido un 30% hasta los 56 millones de euros de la temporada anterior. En la actual, prevé gestionar la cifra récord de 63 millones. La deuda histórica se ha liquidado, el 51% de los ingresos proceden de su propia actividad y el patrocinio y mecenazgo acaba de superar la barrera de los 9 millones.
Hay un 30% más de actividad artística en sus instalaciones y una de sus bazas de cara el futuro son los 45.000 jóvenes que participaron en el programa LiceUnder35 en la anterior temporada.
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