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La Tribuna La novedad para la empresa malagueña no es sólo la IAJosé Manuel Cansino
Catedrático de Economía Aplicada Universidad de Sevilla, profesor de San Telmo Business School y académico de la Universidad Autónoma de Chile
Viernes, 6 de febrero 2026, 01:00
... de los dispositivos cotidianos con los centros de procesamientos de datos, cada ves más cerca del imperio cuántico, la inteligencia artificial (IA) actúa como un nuevo paradigma tecnológico de carácter general, comparable en alcance y profundidad a las grandes revoluciones industriales del pasado (electricidad, motor de combustión o la informática). Revoluciones que cambiaron el ranking de empresas. Las empresas creadas en garajes de California lideran ahora el S&P 500. ¿Ocurre lo mismo en el ranking empresarial malagueño? Sin duda ha habido cambios en los nombres de los capitanes de la industria ¿pero en el peso relativo de los sectores?Tan es así, que la productividad de las empresas del mundo y malagueñas, cuando se pone el foco en el impacto de la IA sobre el aumento de la productividad, los indicadores -especialmente en Europa- no muestran todavía un crecimiento proporcional. Este desacoplamiento entre la vertiginosa proliferación de la IA y la mejora de la productividad desconexión recuerda episodios históricos como la 'paradoja de la productividad' asociada a la informática en los años ochenta, cuando las ganancias tecnológicas tardaron décadas en reflejarse en las estadísticas macroeconómicas. Entonces se hizo muy popular la afirmación de que los ordenadores estaban en todos los lugares menos en las estadísticas.
Ciertamente, las denominadas tecnologías disruptivas requieren tiempo de maduración: las empresas deben reorganizar procesos, invertir en capital complementario, adaptar modelos de negocio y formar a los trabajadores. ¿Hemos preguntado a nuestros amigos pequeños y medianos empresarios cuántos se poyan cotidianamente en la IA para sus decisiones estratégicas y operativas?
Ocurre también que los sistemas de medición actuales de las mejoras de la productividad muestran presentan limitaciones significativas, especialmente en la captura del valor de los activos intangibles (software, datos, algoritmos, capacidades organizativas), lo que tiende a infraestimar las mejoras reales de la productividad.
Las ganancias de productividad no dependen únicamente del despliegue tecnológico, sino también de la capacidad de las organizaciones para aprender, experimentar y rediseñar tareas. En este sentido, la IA no sustituye de forma automática al trabajo humano, sino que redefine funciones, complementa capacidades y eleva la importancia del capital humano cualificado. Sin embargo, este es un campo en el que la controversia es especialmente virulenta. No conocemos ni cómo serán los trabajos de Málaga en cinco años ni los del resto del mundo en los siguientes 24 meses. En definitiva la magnitud del impacto de la IA sobre la productividad de la empresa malagueña solo será visible en el medio y largo plazo; periodos ambos de intrínseca imprecisión. Podemos ahora poner el foco en lo inmediato.
De cara a 2026 las empresas ya no tendrán un entorno de tipos de interés decrecientes aunque no se prevea un duro repunte como el de 2022. Habrá liquidez disponible y oportunidades de refinanciación para reforzar su competitividad y rentabilidad. El gran reto será estimular la inversión empresarial, fundamental para permitir a las compañías malagueñas crecer en tamaño y producción. Parte del éxito posible está en la personalización de la experiencia de compra y la innovación.
Todo esto va a darse en un cambio en el marco regulatorio del que casi nadie se atreve a hablar. Las preferencias políticas han cambiado en casi toda Europa y no se puede seguir ignorando. A esto hay que unirle que, próximos a 2030, los objetivos marcados por la UE en el paquete Fit for 55, están lejos de cumplirse.
Desde el punto de vista económico y real, el cumplimiento es heterogéneo y plantea desafíos relevantes. Aunque las emisiones han disminuido de forma estructural en sectores cubiertos por el mercado europeo de derechos de emisión (EU-ETS) y el despliegue de energías renovables se ha acelerado, la UE no está todavía en una trayectoria plenamente alineada con el objetivo de 2030 si se consideran factores como la debilidad de la inversión verde en ciertos Estados, la lentitud en la electrificación del transporte, la dependencia de combustibles fósiles importados y las tensiones sociales asociadas al coste de la transición. Además, el impacto de shocks recientes (crisis energética, inflación, tensiones geopolíticas) ha obligado a introducir flexibilidades temporales que pueden ralentizar el ritmo de ajuste. En conjunto, Fit for 55 está bien encaminado en diseño y gobernanza, pero su éxito final dependerá de acelerar la ejecución, reforzar la financiación y gestionar de forma creíble los efectos distributivos de la transición.
A lo anterior hay que añadir que las exigencias empresariales que se atisbaban derivadas del marco ESG, se han destensado significativamente.
Estas son, por tanto, algunas conclusiones densas de la panorámica empresarial malagueña. El peso relativo de los sectores económicos no ha cambiado sustancialmente aunque sí muchos de sus protagonistas. El impacto de la IA es innegable pero su métrica es aún completamente difusa. La proximidad a 2030 y el escaso cumplimiento de los objetivos de sostenibilidad es posible que promuevan una reforma a la baja en términos de exigencias y lo mismo ocurre en las expectativas puestas en la ESG.
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