- DAVID PILLING / LESLIE HOOK
- Groenlandia y las ambiciones de Donald Trump
- Estados Unidos, América Latina y el derecho internacional
- Trump impondrá un arancel del 10% desde febrero a los países europeos que envían tropas a Groenlandia
Del crudo venezolano al cobalto africano, Trump emplea la fuerza para asegurar recursos estratégicos. Termina la globalización fácil y comienza una era de control y cruda competencia por la supervivencia.
El anuncio de Donald Trump de que él "presidirá" Venezuela y de que el dinero procedente de la venta de millones de barriles de petróleo "será controlado por mí como presidente", ha llevado al mundo a una nueva era geopolítica. Pero el uso de la fuerza militar para hacerse con el petróleo venezolano no parece tanto un salto hacia el futuro como un retorno al pasado.
Durante siglos, el mundo estuvo dividido en esferas de influencia cuando la competencia por los recursos -desde las especias hasta el oro y desde el caucho hasta el petróleo- condujo a la colonización de naciones y al establecimiento de fronteras.
A partir de la posguerra, el derecho internacional y las normas del comercio mundial han ejercido una escasa influencia. Ahora, ese orden está siendo amenazado y se está regresando a una época anterior caracterizada por el imperialismo de los recursos. "De repente, el siglo XIX y el período anterior a ambas guerras mundiales comienzan a resonar con mucha más fuerza a medida que el mundo se aleja de la confianza en la globalización, la apertura de fronteras y el libre comercio", afirma Daniel Yergin, historiador de energía y vicepresidente de S&P Global.
"Hemos dejado atrás la era en la que existía una confianza en el buen funcionamiento de los mercados y estamos en una época en la que la influencia de los gobiernos es mucho más visible", apunta.
La naturaleza extrema de la acción estadounidense, incluido el secuestro del líder venezolano Nicolás Maduro, tiene pocos precedentes en la historia reciente. Sin embargo, ha dejado en evidencia dos cambios subyacentes, distintos pero superpuestos, en la política exterior estadounidense.
El primero se debe en gran medida a la versión china del capitalismo de Estado, en concreto a su éxito en la construcción de un cuasimonopolio sobre las tierras raras necesarias para las industrias de semiconductores y de Defensa, y a una posición dominante en minerales como el cobalto y el níquel, necesarios para la transición energética. En respuesta, Trump está intentando ampliar la presencia industrial estadounidense en el extranjero para garantizar el acceso a la energía y los minerales necesarios para impulsar su economía, abastecer su industria de defensa e acelerar el desarrollo de la IA.
El lento reconocimiento en Washington de la incesante búsqueda de minerales estratégicos por parte de China recibió lo que Yergin llama una "verdadera sacudida" el pasado abril cuando Pekín, en respuesta a los aranceles del Día de la Liberación de Trump, impuso restricciones a la exportación de tierras raras. "La vieja mentalidad sobre lo que yo llamo globalización fácil parece cosa del pasado", afirma Yergin. "Los países y gobiernos, incluido EEUU, dan ahora más prioridad a la resiliencia, la vulnerabilidad y el control", añade.
'Doctrina Donroe'
El segundo cambio de política es la reafirmación por parte de Trump de la Doctrina Monroe de 1823 -que ahora ha denominado la Doctrina Donroe-. En su origen resultó una advertencia a Europa para que se mantuviera alejada del "patio trasero" latinoamericano de Washington. La estrategia de seguridad nacional estadounidense de 2025 invocó la doctrina, que da prioridad a la influencia estadounidense sobre el hemisferio occidental y al control de sus recursos naturales.
El hemisferio, según la estrategia, debe permanecer "libre de incursiones extranjeras hostiles o de la propiedad de activos clave". En alusión a Alexander Hamilton, el primer secretario del Tesoro estadounidense y un firme proteccionista, el documento afirma que "Estados Unidos nunca debe depender de ninguna potencia externa para obtener componentes esenciales -desde materias primas hasta piezas y productos necesarios para la defensa o la economía de la nación".
Si nos basamos en las recientes declaraciones de Trump y sus asesores, la definición del hemisferio occidental se está ampliando. El presidente de EEUU ha amenazado con apoderarse de Groenlandia, una gigantesca isla ártica controlada por Dinamarca, por la fuerza si es necesario. Además de su importancia estratégica, sobre todo a medida que el calentamiento global abre rutas marítimas en el Ártico, este territorio autónomo posee prometedores yacimientos de algunos de los minerales y tierras raras que EEUU necesita. Daniel Drezner, profesor de política internacional en la Escuela Fletcher de la Universidad de Tufts, afirma que una norma que se mantuvo hasta la anexión de Crimea por parte de Rusia en 2014 fue "la idea de que no se podían alterar las fronteras mediante el uso de la fuerza".
Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores son escoltados por agentes de la DEA.EFEEsta norma a veces se infringió, y los críticos a menudo señalaron lo que describieron como la hipocresía del orden liberal basado en normas, como cuando EEUU lideró la invasión de Irak en 2003. "Hubo excepciones, pero ahora estamos en un punto en que las excepciones superan la regla".
Marco Rubio, secretario de Estado de EEUU, al defender la acción militar en Venezuela, vinculó explícitamente la idea del control territorial con el dominio de los recursos. "Lo que no vamos a permitir es que la industria petrolera venezolana esté controlada por adversarios de Estados Unidos. ¿Por qué necesita China su petróleo? ¿Por qué necesitan Rusia o Irán su petróleo?", se preguntó. "Este es el hemisferio occidental. Aquí es donde vivimos", añadió.
A pesar de todo lo que se habla del siglo XIX, los paralelismos más cercanos con la actuación de Trump en Venezuela podrían ser Irán en 1953 y Guatemala en 1954. En el primero, la CIA, junto con el MI6 británico, orquestó un golpe de Estado para derrocar a Mohammad Mosaddegh, el primer ministro, que se había atrevido a nacionalizar los intereses petroleros británicos. En Guatemala, la CIA respaldó otro golpe para derrocar al presidente Jacobo Árbenz, después de que su gobierno nacionalizara tierras pertenecientes a la United Fruit Company, de propiedad estadounidense.
El uso de la fuerza militar estadounidense para defender los intereses comerciales estadounidenses en Venezuela se remonta a esas intervenciones; sin embargo, a diferencia de Mosaddegh y Árbenz, Maduro no fue elegido legítimamente. Trump presentó explícitamente las acciones de Washington como una venganza contra la confiscación de los intereses petroleros estadounidenses bajo el gobierno de Hugo Chávez, predecesor de Maduro, que en 2007 amplió el control estatal sobre los yacimientos petrolíferos operados por ConocoPhillips y ExxonMobil. "Vamos a extraer una enorme cantidad de riqueza del suelo", declaró Trump en una rueda de prensa en Mar-a-Lago poco después de la operación. "Nos arrebataron todos nuestros derechos energéticos; nos arrebataron todo nuestro petróleo... y solo queremos recuperarlo", sentenció.
Qué quiere Trump del crudo
Tras haber obtenido cierto control sobre el petróleo venezolano, se desconoce qué pretende hacer Trump con él. Ha animado a las grandes petroleras estadounidenses a invertir miles de millones en el país, que produce el tipo de petróleo pesado para el que se diseñaron algunas refinerías estadounidenses.
Pero el sector petrolero venezolano, que produjo casi 3,5 millones de barriles diarios en su apogeo a finales de la década de 1990, es una sombra de lo que fue. La producción se ha desplomado a unos 800.000 barriles en la actualidad y gran parte de la infraestructura se encuentra en un estado de deterioro alarmante.
Los analistas creen que podrían necesitarse al menos cinco años de inversiones masivas para que vuelvan a extraerse cantidades sustanciales de petróleo. El petróleo venezolano, en gran parte compuesto por arenas bituminosas extrapesadas, tampoco es tan barato de extraer como el de la vecina Guyana, donde empresas estadounidenses ayudaron a impulsar la producción a casi 1 millón de barriles diarios a finales del año pasado. "Mi análisis sobre Venezuela es que Marco Rubio quería la salida de Maduro y ha utilizado el petróleo como pretexto", afirma Drezner, de la Escuela Fletcher. "No dudo de que Donald Trump piense que todo gira en torno al petróleo, pero se equivoca".
Stephanie Junger-Moat, CEO de Karcsi Global, una consultora corporativa especializada en Latinoamérica, también se muestra escéptica respecto a que las maniobras de Trump en Venezuela solo estén relacionadas con el petróleo. "El narcoterrorismo podría haber sido la razón, pero esto se trata del poder estadounidense y poco más", afirma.
Competencia con China
Aun así, predice que la competencia con China por los recursos en el "patio trasero" de EEUU aumentará. Las empresas chinas tienen amplios intereses tanto en el petróleo como en la minería en Latinoamérica. Han invertido en el Triángulo del Litio de Argentina, Chile y Bolivia para abastecer su industria de baterías y tienen participaciones significativas en el cobre chileno y el hierro peruano.
Junger-Moat sostiene que la competencia podría aumentar si Trump decide ejercer un mayor control sobre el Canal de Panamá, por el que circula el 5% del comercio marítimo, y presiona a los países latinoamericanos para que limiten el comercio y la inversión chinos. "Los claros perdedores a corto plazo serían los países atrapados en este problema, ricos en recursos pero con escaso poder de negociación", afirma.
Latinoamérica no es la única región donde se siente la enérgica búsqueda de recursos por parte de Washington. En abril pasado, la Administración Trump firmó un acuerdo con Ucrania para establecer un fondo de reconstrucción que recibiría el 50% de los derechos de nuevos proyectos mineros y petroleros. La idea es que, en lugar de garantías de seguridad, Washington tenga incentivos a través de intereses comerciales para proteger a Ucrania de futuras agresiones rusas.
La República Democrática del Congo también acordó en diciembre otorgar a las empresas estadounidenses acceso preferencial a los minerales a cambio de la ayuda de Washington para negociar un frágil acuerdo de paz con Ruanda. Como parte del acuerdo, el gobierno estadounidense y el gigante suizo de comercio de materias primas Mercuria comprometieron 1.000 millones de dólares cada uno en nuevos fondos para proyectos mineros en el país, que posee al menos la mitad de las reservas mundiales de cobalto y es el mayor productor de cobre después de Chile.
África posee grandes reservas de los metales necesarios para la transición energética, como cobalto, cobre, níquel, litio y fosfatos. Nicolas Niarchos, autor de un libro sobre lo que él llama la "guerra de las baterías", afirma que China ha superado ampliamente a Estados Unidos en la obtención de recursos. Niarchos argumenta que, mientras China apuesta por nuevas tecnologías en rápida evolución, EEUU está anclado en el pasado en este aspecto.
El secretario de Defensa, Pete Hegseth, el director de la CIA, John Ratcliffe, el secretario de Estado, Marco Rubio, y el presidente Donald Trump observan una transmisión remota de la misión militar estadounidense dirigida contra Nicolás Maduro.EFESegún los analistas, para ver las diferencias, basta conocer una iniciativa de China a través de la cual Pekín ha canalizado préstamos a docenas de países para proyectos de infraestructura, que a menudo sirven como vía para el envío de materias primas al gigante asiático. La Administración Trump respalda con cautela un plan de la era Biden para financiar el llamado Corredor Lobito, que facilitaría el transporte de cobre, cobalto y otros minerales desde Zambia y la República Democrática del Congo hasta la costa atlántica de Angola.
Algunas empresas están elaborando casos de inversión específicamente en torno a las nuevas exigencias de Washington para garantizar el suministro de minerales. Ivanhoe Atlantic, una empresa estadounidense, ha presentado su proyecto de 1.800 millones de dólares para transportar mineral de hierro de alta calidad desde Guinea a través de Liberia a lo largo del llamado Corredor de la Libertad para "ayudar a contrarrestar el creciente control de China sobre minerales críticos".
Riesgos
Para las empresas, la nueva doctrina de la Casa Blanca no está exenta de riesgos. Jakob Stausholm, exalto ejecutivo de Rio Tinto y Maersk y actual miembro de la Escuela de Gobierno Blavatnik de la Universidad de Oxford, afirma que el papel de los consejeros delegados está cambiando a medida que la geopolítica se vuelve más urgente. "Los líderes empresariales tienen que abordar las cosas de manera diferente ahora", afirma.
Tanto en la minería como en el petróleo y el gas, el tiempo que lleva desarrollar nuevos proyectos (una mina típica tiene una vida útil de 30 años) significa que las empresas de recursos tienen que sellar alianzas con los gobiernos anfitriones, aunque cuando las Administraciones en sus países de origen cambian constantemente.
Los expertos afirman que, en la práctica, no siempre es fácil separar las cadenas de suministro, garantizando que, por ejemplo, el petróleo venezolano se destine a EEUU o que el cobalto producido por una empresa estadounidense no termine en una refinería china. Los mercados de materias primas, al igual que el dinero, son fungibles.
En la era del capital global, la nacionalidad de una empresa tampoco siempre está clara. Ivanhoe Mines, una empresa minera canadiense, principal propietaria de la gigantesca mina de cobre Kamoa-Kakula en la República Democrática del Congo, tiene alrededor del 30% de propiedad china. Los proyectos de infraestructura rivales que China y EEUU tienen en África podrían terminar siendo más sinérgicos que competitivos.
Otros ejecutivos, en cambio, creen que la política exterior estadounidense se ha percatado de los grandes cambios tecnológicos que han hecho que los minerales utilizados en semiconductores o defensa sean tan importantes desde el punto de vista estratégico. "Los políticos están empezando a comprender cómo funciona el mundo", afirma Mark Cutifani, ex-CEO de Anglo American.
En la estrategia de seguridad nacional del año pasado, la Administración Trump indicó que estaba poniendo fin a lo que calificó como "apuestas equivocadas y destructivas en el globalismo y el llamado libre comercio".
Yergin, el historiador, afirma que el mercado siempre influirá en las decisiones sobre qué inversiones se destinan a dónde. Pero algo ha cambiado, añade. "El gobierno estadounidense pretende tener mucha más influencia en cuanto a minerales en todo el mundo", afirma. "Las cadenas de suministro solían centrarse únicamente en la eficiencia. Ahora se centran en gran medida en la política y la seguridad", concluye.
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