En términos prácticos, la medida busca movilizar financiamiento, personal médico, laboratorios y recursos de vigilancia epidemiológica para contener el virus antes de que se propague más allá de la RDC y Uganda.
El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, pidió a los países reforzar los sistemas de detección y aislamiento de casos, aunque también aconsejó no cerrar las fronteras internacionales.
Aunque en los últimos años se han desarrollado vacunas eficaces contra la variante más común (llamada ebolavirus Zaire), la cepa Bundibugyo representa un desafío diferente. Fue identificada por primera vez en Uganda en 2007 y desde entonces solo había aparecido en brotes limitados. Su tasa de letalidad se estima entre el 25 y 40%.
Un brote enmedio de condiciones adversas
Los expertos señalan que el contexto actual dificulta la respuesta sanitaria. En la provincia congoleña de Ituri, donde se concentra gran parte del brote, persisten conflictos armados entre grupos rebeldes, desplazamientos de población y sistemas médicos frágiles. Todo ello complica la identificación de contactos y el aislamiento de pacientes.
La situación también preocupa porque varios contagios ocurrieron en centros de salud y entre trabajadores sanitarios, algo que históricamente ha acelerado otros brotes de ébola.