Personas desplazadas hacen fila para recibir medicamentos en Caraballeda, estado La Guaira. Miguel Medina Reuters
América La ONU cuestiona la cifra de muertos del chavismo tras los terremotos y prepara 10.000 bolsas para cadáveresEl coordinador residente de Naciones Unidas en Venezuela advierte de que el número de víctimas mortales es "superior a la ya reportada".
Más información:Miles de venezolanos duermen en plena calle: el Gobierno chavista les anima a volver a casa sin garantías de seguridad
Álvaro Escalonilla Publicada 1 julio 2026 02:50h Las clavesLas claves Generado con IA
El presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, Jorge Rodríguez, hermano de la presidenta encargada Delcy Rodríguez, elevó este martes a 1.943 el número de víctimas mortales del doblete sísmico que sacudió el país hace ya una semana. Otras 10.571 personas resultaron heridas entonces y casi 16.000 perdieron sus hogares, según el balance oficial.
El último parte del portavoz oficioso del régimen, ofrecido a través del canal estatal Venezolana de Televisión (VTV), no difería demasiado de los anteriores. El chavismo contabilizó menos de 500 muertes desde el domingo, y eso que el coordinador residente de la ONU en el país, Gianluca Rampolla, había advertido un día antes de que las autoridades estaban subestimando la magnitud real de la tragedia.
"Sin duda, estamos hablando de una cifra superior a la ya reportada", declaró desde su oficina en Caracas el diplomático de origen italiano, que confirmó que su equipo estaba preparando en coordinación con el chavismo la llegada de 10.000 bolsas para cadáveres como "un indicador aproximado" de la catástrofe.
Miles de venezolanos duermen en plena calle: el Gobierno chavista les anima a volver a casa sin garantías de seguridadEl Servicio Geológico de Estados Unidos comparte esta proyección preliminar de 10.000 fallecidos en base a factores como la magnitud del terremoto, la densidad de población y la infraestructura local.
"Cada día el número de víctimas sigue aumentando, y esperamos que siga aumentando", lamentó la portavoz de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU en Caracas, Jennifer Moreno Canizales, que se encargó de recordar que el día del doblete sísmico era festivo en el país y cientos de familias habían viajado a La Guaira, la zona más golpeada.
Según los datos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, hasta 1,2 millones de toneladas de escombros se acumulan en esta región costera. Y es que la NASA estima que alrededor de 59.000 edificios resultaron dañados o destruidos por completo tras los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5.
La propia ONU calculaba días atrás que hasta 50.000 personas podrían haber desaparecido, y una página web coordinada por la oposición reducía la estimación hasta los 43.000. El chavismo, en cambio, no ofrece proyecciones.
🚨#ÚLTIMAHORA
— Venezuela News (@AgenciaVNews) June 30, 2026
Presidente de la Asamblea Nacional (@Asamblea_Ven) Dr. @jorgerpsuv ofreció un nuevo balance este martes #30jun de las labores de atención a las zonas afectadas tras los fuertes sismos registrados en el país.
Asimismo, informó que se elevó a 1943 fallecidos, 10.571… pic.twitter.com/KCS7Vk6k8s
"En sistemas altamente centralizados, las cifras de víctimas suelen tratarse como un recurso político", explica el sociólogo venezolano Rafael Uzcátegui. "Informar de manera gradual permite que las autoridades administren el impacto de cada anuncio, en lugar de enfrentar desde el principio el efecto de una cifra muy elevada. Además, reduce el riesgo de que actores distintos al Gobierno marquen la agenda informativa".
Uzcátegui plantea otra hipótesis: "En terremotos de gran magnitud, especialmente cuando continúan las labores de búsqueda, el número de fallecidos cambia constantemente. Muchos gobiernos evitan ofrecer una cifra definitiva hasta tener procesos de identificación relativamente consolidados".
"Ahora bien —añade—, cuando las actualizaciones son poco transparentes o carecen de explicación metodológica, esa prudencia puede convertirse en un problema de credibilidad".
"Una tercera posibilidad es la gestión de la responsabilidad política", desliza Uzcátegui. "Una cifra elevada de víctimas inevitablemente abre preguntas sobre la preparación del Estado, la calidad de las construcciones, la rapidez de la respuesta, la capacidad hospitalaria o la eficacia de los rescates. Publicar la información de manera escalonada puede diferir ese debate mientras la atención pública permanece concentrada en la emergencia inmediata".
"También puede existir un cálculo relacionado con la estabilidad política", apunta. "En contextos de polarización o de baja confianza institucional, las autoridades pueden considerar que una comunicación muy abrupta de cifras elevadas incremente la ansiedad social, genere críticas inmediatas o alimente rumores. La intención declarada puede ser evitar el pánico, aunque el efecto contrario también es posible si la población percibe que la información está siendo administrada".
Los residentes caminan sobre los escombros de un edificio colapsado en Caraballeda, estado La Guaira. Miguel Medina Reuters
Uzcátegui considera que "en el caso venezolano existe, además, un elemento específico: la crisis de confianza previa. Después de años de controversias sobre estadísticas oficiales en distintos ámbitos, una parte importante de la sociedad recibe con escepticismo la información gubernamental. En ese contexto, la publicación parcial de datos puede reforzar la percepción de opacidad, incluso si parte del retraso responde a dificultades reales de identificación de víctimas".
Algunos precedentes no apuntan hacia una resolución rápida del recuento de víctimas. Cuando el huracán María golpeó Puerto Rico en 2017, el balance oficial fue de 64 muertos. Casi un año después, se actualizó a 2.975. Tras el tsunami del océano Índico de 2004, las autoridades tardaron más de un año en fijar una estimación final de 230.000 víctimas.
Carolina Jiménez Sandoval, exdirectora de investigación para las Américas de Amnistía Internacional, lamenta desde La Guaira, donde se encuentra documentando la situación, que "una de las cosas que esta tragedia ha demostrado es que nosotros tenemos dos tragedias: una que, desgraciadamente, nos ha dado la naturaleza, y otra que es la tragedia política".
"La de la naturaleza es inevitable, no la puedes controlar. La política es evitable, pero también ha ocurrido. Desde el día uno hemos visto a un Gobierno bastante ocupado en controlar la narrativa", denuncia la internacionalista venezolana.
Machado intenta regresar a Venezuela tras los terremotos pero Trump se lo vuelve a impedir: "Llegó el momento""La información ha sido centralizada en la presidencia y en la figura de la presidenta, pero ha sido una información muy opaca", explica. "Tenemos a un presidente de la Asamblea Nacional, que es el hermano de la presidenta, dando informaciones que no debería dar el presidente de la Asamblea Nacional, sino ciertos ministros".
"La comunicación se ha enfocado en la figura presidencial y en su hermano. Y esa es una política de comunicación que trata de controlar una narrativa", señala Jiménez Sandoval. "Pero creo que llegó el momento en que la narrativa ya claramente es incontrolable, porque todos los ojos están puestos sobre el país".